. Salmo 051 al 100

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Salmo 51 

1 Del maestro de coro. Salmo de David.

2 Cuando el profeta Natán lo visitó, después que aquel se había unido a Betsabé.

3 ¡Ten piedad de mí, oh Dios, por tu bondad,

por tu gran compasión, borra mis faltas!

4 ¡Lávame totalmente de mi culpa

y purifícame de mi pecado!

5 Porque yo reconozco mis faltas

y mi pecado está siempre ante mí.

6 Contra ti, contra ti solo pequé

e hice lo que es malo a tus ojos.

Por eso, será justa tu sentencia

y tu juicio será irreprochable;

7 yo soy culpable desde que nací;

pecador me concibió mi madre.

8 Tú amas la sinceridad del corazón

y me enseñas la sabiduría en mi interior.

9 Purifícame con el hisopo y quedaré limpio;

lávame, y quedaré más blanco que la nieve.

10 Anúnciame el gozo y la alegría:

que se alegren los huesos quebrantados.

11 Aparta tu vista de mis pecados

y borra todas mis culpas.

12 Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,

y renueva la firmeza de mi espíritu.

13 No me arrojes lejos de tu presencia

ni retires de mí tu santo espíritu.

14 Devuélveme la alegría de tu salvación,

que tu espíritu generoso me sostenga:

15 yo enseñaré tu camino a los impíos

y los pecadores volverán a ti.

16 ¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío,

y mi lengua anunciará tu justicia!

17 Abre mis labios, Señor,

y mi boca proclamará tu alabanza.

18 Los sacrificios no te satisfacen;

si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:

19 mi sacrificio es un espíritu contrito,

tú no desprecias el corazón contrito y humillado.

20 Trata bien a Sión por tu bondad;

reconstruye los muros de Jerusalén,

21 Entonces aceptarás los sacrificios rituales

–las oblaciones y los holocaustos–

y se ofrecerán novillos en tu altar.

Salmo 52 

1 Del maestro de coro. Poema de David.

2 Cuando el edomita Doeg vino a avisar a Saúl, diciéndole: «David ha entrado en casa de Ajimélec».

3 ¿Por qué te jactas de tu malicia,

hombre prepotente y sin piedad?

4 Estás todo el día tramando maldades,

tu lengua es como navaja afilada,

y no haces más que engañar.

5 Prefieres el mal al bien,

la mentira a la verdad;

6 amas las palabras hirientes,

¡lengua mentirosa!

7 Por eso Dios te derribará,

te destruirá para siempre,

te arrojará de tu carpa,

te arrancará de la tierra de los vivientes.

8 Al ver esto, los justos sentirán temor

y se reirán de él, diciendo:

9 «Este es el hombre que no puso su refugio en Dios,

sino que confió en sus muchas riquezas

y se envalentonó por su maldad».

10 Yo, en cambio, como un olivo frondoso

en la Casa de Dios,

he puesto para siempre mi confianza

en la misericordia de Dios.

11 Te daré gracias eternamente

por lo que has hecho,

y proclamaré la bondad de tu Nombre

delante de tus fieles.

Salmo 53 

1 Del maestro de coro. Para la enfermedad. Poema de David.

2 El necio se dice a sí mismo:

«No hay Dios».

Todos están pervertidos,

hacen cosas abominables,

nadie practica el bien.

3 Dios observa desde el cielo

a los seres humanos,

para ver si hay alguien que sea sensato,

alguien que busque a Dios.

4 Todos están extraviados,

igualmente corrompidos;

nadie practica el bien,

ni siquiera uno solo.

5 ¿Nunca aprenderán los malvados,

los que devoran a mi pueblo

como si fuera pan,

y no invocan al Señor?

6 Ellos temblaron de espanto

donde no había nada que temer;

Dios ha dispersado los huesos de tus agresores:

tú los has confundido, porque Dios los rechazó.

7 ¡Ojalá venga desde Sión

la salvación de Israel!

Cuando el Señor cambie la suerte de su pueblo,

se alegrará Jacob, se regocijará Israel.

Salmo 54 

1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Poema de David.

2 Cuando los habitantes de Zif vinieron a decir a Saúl: «¿No se ha escondido David entre nosotros?».

3 Dios mío, sálvame por tu Nombre,

defiéndeme con tu poder,

4 Dios mío, escucha mi súplica,

presta atención a las palabras de mi boca.

5 Porque gente soberbia se ha alzado contra mí,

hombres violentos atentan contra mi vida,

sin tener presente a Dios.

6 Pero Dios es mi ayuda,

el Señor es mi verdadero sostén:

7 que el mal recaiga sobre mis adversarios,

¡destrúyelos, Señor, por tu felicidad!

8 Te ofreceré un sacrificio voluntario,

daré gracias a tu Nombre, porque es bueno,

9 porque me has librado de todos mis adversarios

y he visto la derrota de mis enemigos.

Salmo 55 

1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Poema de David.

2 Dios mío, escucha mi oración,

no seas insensible a mi súplica;

3 atiéndeme y respóndeme.

La congoja me llena de inquietud;

4 estoy turbado por los gritos el enemigo,

por la opresión de los malvados:

porque acumulan infamias contra mí

y me hostigan con furor.

5 Mi corazón se estremece dentro de mi pecho,

me asaltan los horrores de la muerte,

6 me invaden el temor y el temblor,

y el pánico se apodera de mí.

7 ¡Quién me diera alas de paloma

para volar y descansar!

8 Entonces huiría muy lejos,

habitaría en el desierto.

9 Me apuraría a encontrar un refugio

contra el viento arrasador y la borrasca.

10 Confunde sus lenguas, Señor, divídelas,

porque no veo más que violencia

y discordia en la ciudad,

11 rondando día y noche por sus muros.

Dentro de ella hay maldad y opresión,

12 en su interior hay ruindad;

la crueldad y el engaño

no se apartan de sus plazas.

13 Si fuera mi enemigo el que me agravia,

podría soportarlo;

si mi adversario se alzara contra mí,

me ocultaría de él.

14 ¡Pero eres tú, un hombre de mi condición,

mi amigo y confidente,

15 con quien vivía en dulce intimidad:

juntos íbamos entre la multitud

a la Casa de Dios!

16 Que la muerte los sorprenda,

que bajen vivos al Abismo,

porque dentro de sus moradas sólo existe la maldad.

17 Yo, en cambio, invoco a mi Dios,

y el Señor me salvará.

18 De tarde, de mañana, al mediodía,

gimo y me lamento,

pero él escuchará mi clamor.

19 El puso a salvo mi vida;

se acercó cuando eran muy numerosos

los que estaban contra mí.

20 Dios, que reina desde siempre,

los oyó y los humilló.

Porque ellos no se corrigen

ni temen a Dios;

21 alzan las manos contra sus aliados

y violan los pactos.

22 Su boca es más blanda que la manteca,

pero su corazón desea la guerra;

sus palabras son más suaves que el aceite,

pero hieren como espadas.

23 Confía tu suerte al Señor,

y él te sostendrá:

nunca permitirá que el justo perezca.

24 Y tú, Dios mío, los precipitarás

en la fosa más profunda.

Los hombres sanguinarios y traidores

no llegarán ni a la mitad de sus días.

Yo, en cambio, confío en ti, Señor.

Salmo 56 

1 Del maestro de coro. Según la melodía de «La paloma de los dioses lejanos». De David. Mictán. Cuando los filisteos se apoderaron de él en Gat.

2 Ten piedad de mí, Señor, porque me asedian,

todo el día me combaten y me oprimen:

3 mis enemigos me asedian sin cesar,

son muchos los que combaten contra mí.

4 Cuando me asalta el temor,

yo pongo mi confianza en ti, Dios Altísimo;

5 confío en Dios y alabo su Palabra,

confío en él y ya no temo:

¿qué puede hacerme un simple mortal?

6 Me afligen constantemente con sus palabras,

sólo piensan en hacerme daño;

7 conspiran, se esconden y siguen mis rastros,

esperando la ocasión de quitarme la vida.

8 ¿Podrán librarse a pesar de su maldad?

¡Derriba a esa gente, Dios mío, con tu enojo!

9 Tú has anotado los pasos de mi destierro;

recoge mis lágrimas en tu odre:

¿acaso no está todo registrado en tu Libro?

10 Mis enemigos retrocederán cuando te invoque.

Yo sé muy bien que Dios está de mi parte;

11 confío en Dios y alabo su palabra;

12 confío en él y ya no temo:

¿qué pueden hacerme los hombres?

13 Debo cumplir, Dios mío, los votos que te hice:

te ofreceré sacrificios de alabanza,

14 porque tú libraste mi vida de la muerte

y mis pies de la caída,

para que camine delante de Dios

en la luz de la vida.

Salmo 57 

1 Del maestro de coro. «No destruyas». De David. Mictán. Cuando huyendo de Saúl, se escondió en la cueva.

2 Ten piedad de mí, Dios mío, ten piedad,

porque mi alma se refugia en ti;

yo me refugio a la sombra de tus alas

hasta que pase la desgracia.

3 Invocaré a Dios, el Altísimo,

al Dios que lo hace todo por mí:

4 él me enviará la salvación desde el cielo

y humillará a los que me atacan.

¡Que Dios envíe su amor y su fidelidad!

5 Yo estoy tendido en medio de leones

que devoran con avidez a los hombres;

sus dientes son lanzas y flechas,

su lengua, una espada afilada.

6 ¡Levántate, Dios, por encima del cielo,

y que tu gloria cubra toda la tierra!

7 Ellos tendieron una red a mi paso,

para que yo sucumbiera;

cavaron una fosa ante mí,

pero cayeron en ella.

8 Mi corazón está firme.

Dios mío, mi corazón está firme.

Voy a cantar al son de instrumentos:

9 ¡despierta, alma mía!

¡Despierten, arpa y cítara,

para que yo despierte a la aurora!

10 Te alabaré en medio de los pueblos, Señor,

te cantaré entre las naciones,

11 porque tu misericordia se eleva hasta el cielo,

y tu fidelidad hasta las nubes.

12 ¡Levántate, Dios, por encima del cielo,

y que tu gloria cubra toda la tierra!

Salmo 58 

1 Del maestro de coro. «No destruyas». De David. Mictán.

2 ¿Acaso ustedes, los poderosos,

pronuncian realmente sentencias justas

y gobiernan a los hombres con rectitud?

3 ¡No! Ustedes cometen injusticias a plena conciencia

y favorecen la opresión en la tierra.

4 Los impíos están extraviados desde el seno materno;

desde su nacimiento se descarriaron los impostores.

5 Tienen un veneno semejante al de las víboras;

son como una serpiente sorda, que cierra los oídos,

6 para no oír la voz del encantador,

la voz del mago que ejerce su arte con destreza.

7 Rómpeles, Dios mío, los dientes en la boca;

arráncales, Señor, esos colmillos de leones.

8 Que se diluyan como agua que se evapora;

que se marchiten como hierba pisoteada.

9 Sean como una babosa que se deshace al pasar,

como un aborto de mujer que no llegó a ver el sol.

10 Que los arrastre el vendaval –verdes o quemados–

antes que produzcan espinas como una zarza.

11 El justo se alegrará al contemplar la Venganza

y lavará sus pies en la sangre de los impíos.

12 Entonces dirán los hombres:

«Sí, el justo recibe su recompensa;

sí, hay un Dios que hace justicia en la tierra».

Salmo 59 

1 Del maestro de coro. «No destruyas». De David. Mictán. Cuando Saúl dio orden de vigilar su casa para matarlo.

2 Líbrame de mis enemigos, Dios mío,

defiéndeme de los que se levantan contra mí;

3 líbrame de los que hacen el mal

y sálvame de los hombres sanguinarios.

4 Mira cómo me están acechando:

los poderosos se conjuran contra mí;

sin rebeldía ni pecado de mi parte, Señor,

5 sin culpa mía, se disponen para el ataque.

Despierta, ven a mi encuentro y observa,

6 Señor Dios de los ejércitos, Dios de Israel:

levántate para castigar a las naciones,

no tengas compasión de los traidores.

7 Vuelven al atardecer, aullando como perros,

y recorren la ciudad.

8 Mira cómo sueltan sus lenguas,

hay puñales en sus labios,

y dicen: «¿Quién nos va a oír?».

9 Pero tú, Señor, ríes de ellos

y te burlas de todos los paganos.

10 Yo miro hacia ti, fuerza mía,

porque Dios es mi baluarte;

11 él vendrá a mi encuentro con su gracia

y me hará ver la derrota de mis enemigos.

12 Quítales la vida, Dios mío,

y que mi pueblo no lo olvide:

dispérsalos y derríbalos con tu poder,

tú, Señor, que eres nuestro escudo.

13 Cada palabra que pronuncian

es un pecado en su boca;

¡queden atrapados en su orgullo,

por las blasfemias y mentiras que profieren!

14 Extermínalos con tu furor,

extermínalos y que no existan más:

así se sabrá que Dios gobierna en Israel

y hasta los confines de la tierra.

15 Vuelven al atardecer,

aullando como perros,

y recorren la ciudad:

16 vagan en busca de comida;

mientras no se sacian, siguen ladrando.

17 Pero yo cantaré tu poder,

y celebraré tu amor de madrugada,

porque tú has sido mi fortaleza

y mi refugio en el peligro.

18 ¡Yo te cantaré, fuerza mía,

porque tú eres mi baluarte,

Dios de misericordia!

Salmo 60 

1 Del maestro de coro. Según la melodía de «El lirio del testimonio». Mictán de David. Para enseñar.

2 Cuando luchó contra Aram Naharaim y contra Aram de Sobá, y Joab volvió para derrotar a Edom, en el valle de la Sal, dando muerte a doce mil hombres.

3 ¡Oh Dios, tú nos has rechazado, nos has deshecho!

Estabas irritado: ¡vuélvete a nosotros!

4 Hiciste temblar la tierra, la agrietaste:

repara sus grietas, porque se desmorona.

5 Impusiste a tu pueblo una dura prueba,

nos hiciste beber un vino embriagador.

6 Diste a tus fieles la señal de retirada,

para que huyeran de los arqueros.

7 ¡Sálvanos con tu poder, respóndenos,

para que se pongan a salvo tus predilectos!

8 Dios habló desde su Santuario:

«Yo repartiré triunfalmente a Siquem

y distribuiré el valle de Sucot.

9 Mío es Galaad, Manasés me pertenece;

Efraím es mi yelmo, mi cetro es Judá,

10 Moab es la vasija donde yo me lavo;

plantaré mis sandalias en Edom

y cantaré victoria sobre Filistea».

11 ¿Quién me llevará hasta la ciudad fortificada,

quién me conducirá hasta Edom,

12 si tú, oh Dios, nos has rechazado

y ya no sales con nuestro ejército?

13 Danos tu ayuda contra el adversario,

porque es inútil el auxilio de los hombres.

14 Con Dios alcanzaremos la victoria

y él aplastará a nuestros enemigos.

Salmo 61 

1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. De David.

2 ¡Dios mío, escucha mi clamor,

atiende a mi plegaria!

3 Yo te invoco desde los confines de la tierra,

mientras mi corazón desfallece.

Condúceme a una roca inaccesible,

4 porque tú eres para mí un refugio

y una fortaleza frente al enemigo.

5 ¡Que yo sea siempre un huésped en tu Carpa

y pueda refugiarme al amparo de tus alas!

6 Porque tú, Dios mío, tienes en cuenta mis votos

y me das la herencia de los que temen tu Nombre.

7 Añade días a los días del rey:

que duren sus años por muchas generaciones;

8 que reine para siempre en la presencia de Dios,

que la Gracia y la Fidelidad lo protejan.

9 Así cantaré a tu Nombre eternamente

y días tras día cumpliré mis votos.

Salmo 62 

1 Del maestro de coro. Al estilo de Iedutún. Salmo de David.

2 Sólo en Dios descansa mi alma,

de él me viene la salvación.

3 Sólo él es mi Roca salvadora;

él es mi baluarte: nunca vacilaré.

4 ¿Hasta cuándo se ensañarán con un hombre

para derribarlo entre todos,

como si fuera un muro inclinado

o un cerco que está por derrumbarse?

5 Sólo piensan en menoscabar mi dignidad

y se complacen en la mentira;

bendicen con la boca

y maldicen con el corazón.

6 Sólo en Dios descansa mi alma,

de él me viene la esperanza.

7 Sólo él es mi Roca salvadora,

él es mi baluarte: nunca vacilaré.

8 Mi salvación y mi gloria

están en Dios:

él es mi Roca firme,

en Dios está mi refugio.

9 Confíen en Dios constantemente,

ustedes, que son su pueblo,

desahoguen en él su corazón,

porque Dios es nuestro refugio.

10 Los hombres no son más que un soplo,

los poderosos son sólo una ficción:

puestos todos juntos en una balanza,

pesarían menos que el viento.

11 No se fíen de la violencia,

ni se ilusionen con lo robado;

aunque se acrecienten las riquezas

no pongan el corazón en ellas.

12 Dios ha dicho una cosa,

dos cosas yo escuché:

que el poder pertenece a Dios,

13 y a ti, Señor, la misericordia.

Porque tú retribuyes a cada uno

según sus acciones.

Salmo 63 

1 Salmo de David. Cuando estaba en el desierto de Judá.

2 Oh Dios, tú eres mi Dios, yo te busco ardientemente;

mi alma tiene sed de ti,

por ti suspira mi carne

como tierra sedienta, reseca y sin agua.

3 Sí, yo te contemplé en el Santuario

para ver tu poder y tu gloria.

4 Porque tu amor vale más que la vida,

mis labios te alabarán.

5 Así te bendeciré mientras viva

y alzaré mis manos en tu Nombre.

6 Mi alma quedará saciada

como con un manjar delicioso,

y mi boca te alabará

con júbilo en los labios.

7 Mientras me acuerdo de ti en mi lecho

y en las horas de la noche medito en ti,

8 veo que has sido mi ayuda

y soy feliz a la sombra de tus alas.

9 Mi alma está unida a ti,

tu mano me sostiene,

10 Que caigan en lo más profundo de la tierra

los que buscan mi perdición;

11 que sean pasados al filo de la espada

y arrojados como presa a los chacales.

12 Pero el rey se alegrará en Dios;

y los que juran por él se gloriarán,

cuando se haga callar a los traidores.

Salmo 64 

1 Del maestro de coro. Salmo de David.

2 Dios mío, escucha la voz de mi lamento,

protégeme del enemigo temible.

3 Apártame de la conjuración de los malvados,

de la agitación de los que hacen el mal.

4 Ellos afilan su lengua como una espada

y apuntan como flechas sus palabras venenosas,

5 para disparar a escondidas contra el inocente,

tirando de sorpresa y sin ningún temor.

6 Se obstinan en sus malos propósitos

y esconden sus trampas con astucia,

pensando: «¿Quién podrá verlo?».

7 Proyectan maldades y disimulan sus proyectos:

su interior es un abismo impenetrable.

8 Pero Dios los acribilla a flechazos

y quedan heridos de improviso;

9 su misma lengua los lleva a la ruina,

y aquellos que los ven mueven la cabeza.

10 Por eso, todos los hombres sentirán temor;

proclamarán esta obra de Dios

y reconocerán lo que él hizo.

11 El justo se alegrará en el Señor

y encontrará un refugio en él;

y se gloriarán todos los rectos de corazón.

Salmo 65 

1 Del maestro de coro. De David. Canto.

2 A ti, oh Dios, te corresponde

un canto de alabanza en Sión,

y todos tienen que cumplir sus votos,

3 porque tú escuchas las plegarias.

A ti acuden todos los hombres

4 bajo el peso de sus culpas;

nuestras faltas nos abruman,

pero tú las perdonas.

5 Feliz el que tú eliges y atraes

para que viva en tus atrios:

¡que nos saciemos con los bienes de tu Casa,

con los dones sagrados de tu Templo!

6 Por tu justicia, Dios, salvador nuestro,

nos respondes con obras admirables:

tú eres la esperanza de los confines de la tierra

y de las islas más remotas.

7 Tú afianzas las montañas con tu poder,

revestido de fortaleza;

8 acallas el rugido de los mares,

el estruendo de las olas

y el tumulto de los pueblos.

9 Los que habitan en las tierras más lejanas

temen tus obras prodigiosas;

tú haces que canten de alegría

el oriente y el occidente.

10 Visitas la tierra, la haces fértil

y la colmas de riquezas;

los canales de Dios desbordan de agua,

y así preparas sus trigales:

11 riegas los surcos de la tierra,

emparejas sus terrones;

la ablandas con aguaceros

y bendices sus brotes.

12 Tú coronas el año con tus bienes,

y a tu paso rebosa la abundancia;

13 rebosan los pastos del desierto

y las colinas se ciñen de alegría.

14 Las praderas se cubren de rebaños

y los valles se revisten de trigo:

todos ellos aclaman y cantan.

Salmo 66 

1 Del maestro de coro. Canto. Salmo.

¡Aclame a Dios toda la tierra!

2 ¡Canten la gloria de su Nombre!

Tribútenle una alabanza gloriosa,

3 digan a Dios: «¡Qué admirables son tus obras!».

Por la inmensidad de tu poder,

tus enemigos te rinden pleitesía;

4 toda la tierra se postra ante ti,

y canta en tu honor, en honor de tu Nombre.

5 Vengan a ver las obras de Dios,

las cosas admirables que hizo por los hombres:

6 él convirtió el Mar en tierra firme,

a pie atravesaron el Río.

Por eso, alegrémonos en él,

7 que gobierna eternamente con su fuerza;

sus ojos vigilan a las naciones,

y los rebeldes no pueden sublevarse.

8 Bendigan, pueblos, a nuestro Dios,

hagan oír bien alto su alabanza:

9 él nos concedió la vida

y no dejó que vacilaran nuestros pies.

10 Porque tú nos probaste, oh Dios,

nos purificaste como se purifica la plata;

11 nos hiciste caer en una red,

cargaste un fardo sobre nuestras espaldas.

12 Dejaste que cabalgaran sobre nuestras cabezas,

pasamos por el fuego y por el agua,

¡hasta que al fin nos diste un respiro!

13 Yo vengo a tu Casa a ofrecerte holocaustos,

para cumplir los votos que te hice:

14 los votos que pronunciaron mis labios

y que mi boca prometió en el peligro.

15 Te ofreceré en holocausto animales cebados,

junto con el humo de los carneros;

te sacrificaré bueyes y cabras.

16 Los que temen a Dios, vengan a escuchar,

yo les contaré lo que hizo por mí:

17 apenas mi boca clamó hacia él,

mi lengua comenzó a alabarlo.

18 Si hubiera tenido malas intenciones,

el Señor no me habría escuchado;

19 pero Dios me escuchó

y atendió al clamor de mi plegaria.

20 Bendito sea Dios,

que no rechazó mi oración

ni apartó de mí su misericordia.

Salmo 67 

1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo. Canto.

2 Que Dios tenga piedad y nos bendiga,

haga brillar su rostro sobre nosotros,

3 para que en la tierra se reconozca su dominio,

y su victoria entre las naciones.

4 ¡Que los pueblos te den gracias, oh Dios,

que todos los pueblos te den gracias!

5 Que canten de alegría las naciones,

porque gobiernas a los pueblos con justicia

y guías a las naciones de la tierra.

6 ¡Que los pueblos te den gracias, oh Dios,

que todos los pueblos te den gracias!

7 La tierra ha dado su fruto:

el Señor, nuestro Dios, nos bendice.

8 Que Dios nos bendiga,

y lo teman todos los confines de la tierra.

Salmo 68 

1 Del maestro de coro. De David. Salmo. Canto.

2 ¡Se alza Dios!

Sus enemigos se dispersan

y sus adversarios huyen delante de él.

3 Tú los disipas como se disipa el humo;

como se derrite la cera ante el fuego,

así desaparecen los impíos ante Dios.

4 Pero los justos se regocijan,

gritan de gozo delante de Dios

y se llenan de alegría.

5 ¡Canten a Dios,

entonen un himno a su Nombre!

¡Abranle paso al que cabalga sobre las nubes!

Su Nombre es «el Señor»:

¡griten de alegría en su presencia!

6 Dios en su santa Morada

es padre de los huérfanos y defensor de las viudas:

7 él instala en un hogar a los solitarios

y hace salir con felicidad a los cautivos,

mientras los rebeldes habitan en un lugar desolado.

8 Oh Dios, cuando saliste al frente de tu pueblo,

cuando avanzabas por el desierto,

9 tembló la tierra y el cielo dejó caer su lluvia,

delante de Dios –el del Sinaí–,

delante de Dios, el Dios de Israel.

10 Tú derramaste una lluvia generosa, Señor:

tu herencia estaba exhausta y tú la reconfortaste;

11 allí es estableció tu familia,

y tú, Señor, la afianzarás

por tu bondad para con el pobre.

12 El Señor pronuncia una palabra

y una legión de mensajeros anuncia la noticia:

13 «Huyen los reyes, huyen con sus ejércitos,

y te repartes como botín los adornos de un palacio.

14 ¡No se queden recostados entre los rebaños!

Las alas de la Paloma están recubiertas de plata,

y su plumaje, de oro resplandeciente»

15 Cuando el Todopoderoso dispersó a los reyes,

caía la nieve sobre el Monte Umbrío.

16 ¡Montañas divinas, montañas de Basán,

montañas escarpadas, montañas de Basán!

17 ¿Por qué miran con envidia, montañas escarpadas,

a la Montaña que Dios prefirió como Morada?

¡Allí el Señor habitará para siempre!

18 Los carros de guerra de Dios

son dos miríadas de escuadrones relucientes;

¡el Señor está en medio de ellos,

el Sinaí está en el Santuario!

19 Subiste a la altura llevando cautivos,

recogiste dones entre los hombres

–incluso entre los rebeldes–

cuando te estableciste allí, Señor Dios.

20 ¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestra salvación!

El carga con nosotros día tras día;

21 él es el Dios que nos salva

y nos hace escapar de la muerte.

22 Sí, Dios aplastará la cabeza de sus enemigos,

el cráneo de los que se obstinan en sus delitos.

23 Dice el Señor: «Los traeré de Basan,

los traeré desde los abismos del mar,

24 para que hundas tus pies en la sangre del enemigo

y la lengua de tus perros también tenga su parte».

25 Ya apareció tu cortejo, Señor,

el cortejo de mi Rey y mi Dios hacia el Santuario:

26 los cantores van al frente, los músicos, detrás;

las jóvenes, en medio, van tocando el tamboril.

27 ¡Bendigan al Señor en medio de la asamblea!

¡Bendigan al Señor desde la fuente de Israel!

28 Allí Benjamín, el más pequeño, abre la marcha

con los príncipes de Judá, vestidos de brocado,

y con los príncipes de Zabulón

y los príncipes de Neftalí.

29 Tu Dios ha desplegado tu poder:

¡sé fuerte, Dios, tú que has actuado por nosotros!

30 A causa de tu Templo, que está en Jerusalén,

los reyes te presentarán tributo.

31 Reprime a la Fiera de los juncos,

al tropel de los toros y terneros:

que esos pueblos se rindan a tus pies,

trayendo lingotes de oro.

El Señor dispersó a los pueblos guerreros;

32 telas preciosas llegan de Egipto

y Etiopía, con sus propias manos,

presenta sus dones a Dios.

33 ¡Canten al Señor, reinos de la tierra,

entonen un himno a Dios,

34 al que cabalga por el cielo,

por el cielo antiquísimo!

El hace oír su voz poderosa,

35 ¡reconozcan el poder de Dios!

Su majestad brilla sobre Israel

y su poder, sobre las nubes.

36 Tú eres temible, oh Dios, desde tus santuarios.

El Dios de Israel concede a su pueblo

el poder y la fuerza.

¡Bendito sea Dios!

Salmo 69 

1 Del maestro de coro. Según la melodía de «Los lirios». De David.

2 ¡Sálvame, Dios mío,

porque el agua me llega a la garganta!

3 Estoy hundido en el fango del Abismo

y no puedo hacer pie;

he caído en las aguas profundas,

y me arrastra la corriente.

4 Estoy exhausto de tanto gritar,

y mi garganta se ha enronquecido;

se me ha nublado la vista

de tanto esperar a mi Dios.

5 Más numerosos que los cabellos de mi cabeza

son los que me odian sin motivo;

más fuertes que mis huesos,

los que me atacan sin razón.

¡Y hasta tengo que devolver

lo que yo no he robado!

6 Dios mío, tú conoces mi necedad,

no se te ocultan mis ofensas.

7 Que no queden defraudados por mi culpa

los que esperan en ti, Señor del universo;

que no queden humillados por mi causa

los que te buscan, Dios de Israel.

8 Por ti he soportado afrentas

y la vergüenza cubrió mi rostro;

9 me convertí en un extraño para mis hermanos,

fui un extranjero para los hijos de mi madre:

10 porque el celo de tu Casa me devora,

y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian.

11 Cuando aflijo mi alma con ayunos,

aprovechan para insultarme;

12 cuando me visto de penitente,

soy para ellos un motivo de risa;

13 los que están a la puerta murmuran contra mí,

y los bebedores me hacen burla con sus cantos.

14 Pero mi oración sube hasta ti, Señor,

en el momento favorable:

respóndeme, Dios mío, por tu gran amor,

sálvame, por tu fidelidad.

15 Sácame del lodo para que no me hunda,

líbrame de los que me odian

y de las aguas profundas;

16 que no me arrastre la corriente,

que no me trague el Abismo,

que el Pozo no se cierre sobre mí.

17 Respóndeme, Señor, por tu bondad y tu amor,

por tu gran compasión vuélvete a mí;

18 no te ocultes el rostro a tu servidor,

respóndeme pronto, porque estoy en peligro.

19 Acércate a mi y rescátame,

líbrame de mis enemigos:

20 tú conoces mi afrenta, mi vergüenza y mi deshonra,

todos mis enemigos están ante ti.

21 La vergüenza me destroza el corazón,

y no tengo remedio.

Espero compasión y no la encuentro,

en vano busco un consuelo:

22 pusieron veneno en mi comida,

y cuando tuve sed me dieron vinagre.

23 Que su mesa se convierta en una trampa,

y sus manjares, en un lazo;

24 que se nuble su vista y no vean

y sus espaldas se queden sin fuerza.

25 Descarga sobe ellos tu indignación,

que los alcance el ardor de tu enojo;

26 que sus poblados se queden desiertos

y nadie habite en sus carpas.

27 Porque persiguen al que tú has castigado

y aumentan los dolores del que tú has herido.

28 Impútales una culpa tras otra,

no los declares inocentes;

29 bórralos del Libro de la Vida,

que no sean inscritos con los justos.

30 Yo soy un pobre desdichado, Dios mío,

que tu ayuda me proteja:

31 así alabaré con cantos el nombre de Dios,

y proclamaré su grandeza dando gracias;

32 esto agradará al Señor más que un toro,

más que un novillo con cuernos y pezuñas.

33 Que lo vean los humildes y se alegren,

que vivan los que buscan a Dios:

34 porque el Señor escucha a los pobres

y no desprecia a sus cautivos.

35 Que lo alaben el cielo, la tierra y el mar,

y todos los seres que se mueven en ellos;

36 porque Dios salvará a Sión

y volverá a edificar las ciudades de Judá:

37 el linaje de sus servidores la tendrá como herencia,

y los que aman su nombre morarán en ella.

Salmo 70 

1 Del maestro de coro. De David. En memoria.

2 ¡Líbrame, Dios mío!

¡Señor, ven pronto a socorrerme!

3 Que se avergüencen y sean humillados

los que quieren acabar con mi vida.

Que retrocedan confundidos

los que desean mi ruina;

4 que vuelvan la espalda avergonzados los que se ríen de mí.

5 Que se alegren y regocijen en ti

todos los que te buscan;

y digan siempre los que desean tu victoria:

«¡Qué grande es nuestro Dios!».

6 Yo soy pobre y miserable:

ven pronto, Dios mío;

tú eres mi ayuda y mi libertador,

¡no tardes, Señor!

Salmo 71 

1 Yo me refugio en ti, Señor,

¡que nunca tenga que avergonzarme!

2 Por tu justicia, líbrame y rescátame,

inclina tu oído hacia mí, y sálvame.

3 Sé para mí una roca protectora,

tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,

porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.

4 ¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío,

de las garras del malvado y del violento!

5 Porque tú, Señor, eres mi esperanza

y mi seguridad desde mi juventud.

6 En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;

desde el seno materno fuiste mi protector,

y mi alabanza está siempre ante ti.

7 Soy un motivo de estupor para muchos,

pero tú eres mi refugio poderoso.

8 Mi boca proclama tu alabanza

y anuncia tu gloria todo el día.

9 No me rechaces en el tiempo de mi vejez,

no me abandones, porque se agotan mis fuerzas;

10 mis enemigos hablan contra mí,

y los que me acechan se confabulan, diciendo:

11 «Dios lo tiene abandonado: persígnalo,

captúrenlo, porque no hay nadie quien lo libre».

12 ¡Oh Dios, no te quedes lejos de mí;

Dios mío, ven pronto a socorrerme!

13 ¡Queden confundidos y humillados

los que atentan contra mi vida! ¡Queden cubiertos de oprobio y de vergüenza

los que buscan mi perdición!

14 Yo, por mi parte, seguiré esperando

y te alabaré cada vez más.

15 Mi boca anunciará incesantemente

tus actos de justicia y salvación,

aunque ni siquiera soy capaz de enumerarlos.

16 Vendré a celebrar las proezas del Señor,

evocaré tu justicia, que es sólo tuya.

17 Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud,

y hasta hoy he narrado tus maravillas.

18 Ahora que estoy viejo y lleno de canas,

no me abandones, Dios mío,

hasta que anuncie las proezas de tu brazo

a la generación que vendrá.

19 Tu justicia llega hasta el cielo, oh Dios:

tú has hecho grandes cosas,

y no hay nadie igual a ti, Dios mío.

20 Me hiciste pasar por muchas angustias,

pero de nuevo me darás la vida;

me harás subir de lo profundo de la tierra,

21 acrecentarás mi dignidad

y volverás a consolarme.

22 Entonces te daré gracias con el arpa,

por tu fidelidad, Dios mío;

te cantaré con la cítara,

a ti, el Santo de Israel.

23 Mis labios te cantarán jubilosos,

y también mi alma, que tú redimiste.

24 Yo hablaré de tu justicia todo el día,

porque quedarán confundidos y avergonzados

los que buscan mi perdición.

Salmo 72 

1 De Salomón.

Oh Dios, concede tu justicia al rey

y tu rectitud al descendiente de reyes,

2 para que gobierne a tu pueblo con justicia

y a tus pobres con rectitud.

3 Que las montañas traigan al pueblo la paz,

y las colinas, la justicia;

4 que él defienda a los humildes del pueblo,

socorra a los hijos de los pobres

y aplaste al opresor.

5 Que dure tanto como el sol y la luna,

a lo largo de las generaciones;

6 que sea como lluvia que cae sobre el césped

y como chaparrones que riegan la tierra.

7 Que en sus días florezca la justicia

y abunde la paz, mientras dure la luna;

8 que domine de un mar hasta el otro,

y desde el Río hasta los confines de la tierra.

9 Que se inclinen ante él las tribus del desierto,

y sus enemigos muerdan el polvo;

10 que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas

le paguen tributo.

Que los reyes de Arabia y de Sebá

le traigan regalos;

11 que todos los reyes le rindan homenaje

y lo sirvan todas las naciones.

12 Porque él librará al pobre que suplica

y al humilde que está desamparado.

13 Tendrá compasión del débil y del pobre,

y salvará la vida de los indigentes.

14 Los rescatará de la opresión y la violencia,

y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos.

15 Por eso, que viva largamente

y le regalen oro de Arabia;

que oren por él sin cesar

y lo bendigan todo el día.

16 Que en el país abunden los trigales

y ondeen sobre las cumbres de las montañas;

que sus frutos broten como el Líbano

y florezcan como la hierba de los campos.

17 Que perdure su nombre para siempre

y su linaje permanezca como el sol;

que él sea la bendición de todos los pueblos

y todas las naciones lo proclamen feliz.

18 Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

el único que hace maravillas.

19 Sea bendito eternamente su Nombre glorioso

y que su gloria llene toda la tierra.

¡Amén! ¡Amén!

20 Fin de las oraciones de David, hijo de Jesé.

Salmo 73 

1 Salmo de Asaf.

¡Qué bueno es Dios para Israel,

para los limpios de corazón!

2 Pero casi se desvían mis pasos,

faltó poco para que diera un traspié,

3 porque tuve envidia de los presuntuosos,

al ver la prosperidad de los malvados.

4 Para ellos no hay sufrimientos,

su cuerpo está sano y robusto;

5 no comparten las penas de los hombres

ni son golpeados como los demás.

6 Por eso, el orgullo es su collar

y la violencia, el manto que los cubre;

7 la malicia se les sale por los poros,

su corazón rebosa de malos propósitos.

8 Se burlan y hablan con maldad;

desde lo alto, amenazan con prepotencia;

9 su boca se insolenta contra el cielo

y su lengua se pasea por la tierra.

10 Por eso, el pueblo de Dios se vuelve hacia ellos,

y beben el agua a raudales.

11 Ellos dicen: «¿Acaso Dios lo va a saber?

¿Se va a enterar el Altísimo?»

12 Así son esos malvados

y, siempre tranquilos, acrecientan sus riquezas.

13 Entonces, ¿en vano mantuve puro mi corazón

y lavé mis manos en señal de inocencia?

14 Porque yo era golpeado todo el día

y cada mañana soportaba mi castigo.

15 Si hubiera dicho: «Voy a hablar como ellos»,

habría traicionado al linaje de tus hijos.

16 Yo reflexionaba, tratando de entenderlo,

pero me resultaba demasiado difícil.

17 ¡Hasta que entré en el Santuario de Dios

y comprendí el fin que les espera!

18 Sí, tú los pones en un terreno resbaladizo

y los precipitas en la ruina.

19 ¡Qué pronto quedan devastados

y acaban consumidos por el horror!

20 Son como un sueño al despertar, Señor;

al levantarte, disipas hasta su imagen.

21 Cuando se agriaba mi corazón

y me torturaba en mi interior,

22 yo era un necio y no comprendía,

era como un animal ante ti.

23 Pero yo estoy siempre contigo,

tú me has tomado de la mano derecha;

24 me guiarás con tu consejo

y después, me recibirás con gloria.

25 ¿A quién sino a ti tengo yo en el cielo?

Si estoy contigo, no deseo nada en la tierra.

26 Aunque mi corazón y mi carne se consuman,

Dios es mi herencia para siempre

y la Roca de mi corazón.

27 Los que se apartan de ti terminan mal,

tú destruyes a los que te son infieles.

28 Mi dicha es estar cerca de Dios:

yo he puesto mi refugio en ti, Señor,

para proclamar todas tus acciones.

Salmo 74 

1 Poema de Asaf.

¿Por qué, oh Dios, nos rechazaste para siempre

y arde tu indignación contra las ovejas de tu rebaño?

2 Acuérdate de pueblo que adquiriste en otro tiempo,

de la tribu que rescataste para convertirla en tu herencia;

acuérdate de Sión, donde pusiste tu Morada.

3 Vuelve tus pasos hacia esta ruina completa:

todo lo destruyó el enemigo en el Santuario.

4 Rugieron tus adversarios en el lugar de tu asamblea,

pusieron como señales sus propios estandartes.

5 Alzaron sus hachas como en la espesura de la selva;

6 destrozaron de un golpe todos los adornos,

los deshicieron con martillos y machetes;

7 prendieron fuego a tu Santuario,

profanaron, hasta arrasarla, la Morada de tu Nombre.

8 Habían pensado: «Acabemos con ellos,

quememos todos los templos de Dios en el país».

9 Ya no vemos señales ni quedan profetas:

no hay nadie entre nosotros que sepa hasta cuándo.

10 ¿Hasta cuándo, oh Dios, te insultará el enemigo?

¿Nunca cesará el adversario de despreciar tu Nombre?

11 ¿Por qué retiras tu mano, Señor,

y la mantienes oculta en el pecho?

12 Pero tú, oh Dios, eres mi Rey desde el principio,

tú lograste victorias en medio de la tierra:

13 deshiciste el Mar con tu poder

y quebraste las cabezas del dragón marino;

14 aplastaste las cabezas de Leviatán

y lo diste como alimento a las fieras del desierto.

15 Hiciste brotar manantiales y torrentes,

secaste los ríos caudalosos;

16 tuyo es el día, tuya también la noche,

tú afirmaste la luna y el sol;

17 fijaste las fronteras de la tierra,

formaste el verano y el invierno.

18 Recuerda, Señor, que el enemigo te ha ultrajado,

un pueblo insensato ha despreciado tu Nombre:

19 no entregues a los buitres la vida de tu Paloma

ni te olvides para siempre de los pobres.

20 Ten presente tu alianza,

porque todos los rincones del país

están repletos de violencia.

21 Que el débil no retroceda lleno de confusión,

que el pobre y el oprimido alaben tu Nombre.

22 Levántate, oh Dios, defiende tu causa,

recuerda que el insensato te ultraja sin cesar.

23 No olvides los gritos de tus adversarios,

porque crece el tumulto de los que se alzan contra ti.

Salmo 75 

1 Del maestro de coro «No destruyas». Salmo de Asaf. Canto.

2 Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias;

los que invocan tu Nombre narran tus maravillas.

3 «En el momento que yo decida,

juzgaré con rectitud.

4 Se conmueve la tierra con todos sus habitantes,

pero yo he afianzado sus columnas.

5 Digo a los arrogantes: “¡Basta de arrogancia!”,

y a los impíos: “¡No levanten la frente!”,

6 no levanten la frente contra el cielo

ni hablen con actitud insolente».

7 Porque ni del oriente ni del occidente,

ni del desierto ni de las montañas…

8 ¡Dios es el único Juez,

que a unos humilla, y a otros exalta!

9 Hay una copa en la mano del Señor,

con un vino espumante, lleno de aromas:

la ofrece, y la sorben hasta el final,

la beben todos los malvados de la tierra.

10 Pero yo me alegraré para siempre,

cantaré al Dios de Jacob:

11 él quebrará el poder de los malvados

y acrecentará el poder de los justos.

Salmo 76 

1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo de Asaf. Canto.

2 Dios es bien conocido en Judá,

su Nombre es grande en Israel.

3 En Jerusalén está su Tienda de campaña,

en Sión se levanta su Morada.

4 Allí quebró las flechas fulgurantes del arco,

el escudo, la espada y las armas de guerra.

5 ¡Tú eres resplandeciente, majestuoso!

6 Montañas de botín fueron arrebatadas a los valientes,

que ya duermen el sueño de la muerte:

a los guerreros no les respondieron los brazos.

7 Por tu amenaza, Dios de Jacob,

quedaron inmóviles los carros de guerra y los caballos.

8 Sólo tú eres temible:

¿quién podrá resistir delante de ti al ímpetu de tu ira?

9 Desde el cielo proclamas la sentencia:

la tierra tiembla y enmudece,

10 cuando te alzas para el juicio, oh Dios,

para salvar a los humildes de la tierra.

11 Sí, el furor de los hombres tendrá que alabarte,

los que sobrevivan al castigo te festejarán.

12 Hagan votos al Señor, su Dios, y cúmplanlos;

los que están a su alrededor, traigan regalos al Temible,

13 al que deja sin aliento a los príncipes

y es temible para los reyes de la tierra.

Salmo 77 

1 Del maestro de coro. Al estilo de Iedutún. De Asaf. Salmo.

2 Invocaré a Dios con toda mi voz,

gritaré a Dios, y él me escuchará.

3 Busco al Señor en el momento de mi angustia;

de noche, tiendo mi mano sin descanso,

y mi alma rechaza todo consuelo.

4 Yo me acuerdo de Dios, y me lamento;

medito, y mi espíritu desfallece:

5 tú no me dejas conciliar el sueño,

estoy turbado, y no puedo hablar.

6 Pienso en los tiempos antiguos,

me acuerdo de los días pasados;

7 reflexiono de noche en mi interior,

medito, y mi espíritu se pregunta:

8 ¿Puede el Señor rechazar para siempre?

¿Ya no volverá a mostrarse favorable?

9 ¿Se habrá agotado para siempre su amor,

y habrá caducado eternamente su promesa?

10 ¿Se habrá olvidado Dios de su clemencia

o, en su enojo, habrá contenido su compasión?

11 Entonces dije –¡y este es mi dolor!–:

«¡Cómo ha cambiado la derecha del Altísimo!».

12 Yo recuerdo las proezas del Señor,

sí, recuerdo sus prodigios de otro tiempo;

13 evoco todas sus acciones,

medito en todas sus hazañas.

14 Oh Dios, tus caminos son santos.

¿Hay otro dios grande como nuestro Dios?

15 Tú eres el Dios que hace maravillas,

y revelaste tu poder entre las naciones.

16 Con tu brazo redimiste a tu pueblo,

a los hijos de Jacob y de José.

17 Cuando te vieron las aguas, oh Dios,

cuando te vieron las aguas, temblaron,

¡se agitaron hasta los abismos del mar!

18 Las nubes derramaron aguaceros,

retumbaron los densos nubarrones

y zigzaguearon tus rayos.

19 El trueno resonó en la bóveda del cielo,

tus relámpagos iluminaron el mundo,

tembló y se tambaleó la tierra.

20 Te abriste un camino entre las aguas,

un sendero entre las aguas caudalosas,

y no quedó ningún rastro de tus huellas.

21 Tú guiaste a tu pueblo como a un rebaño,

por medio de Moisés y de Aarón.

Salmo 78 

1 Poema de Asaf.

Pueblo mío, escucha mi enseñanza,

presta atención a las palabras de mi boca:

2 yo voy a recitar un poema,

a revelar enigmas del pasado.

3 Lo que hemos oído y aprendido,

lo que nos contaron nuestros padres,

4 no queremos ocultarlo a nuestros hijos,

lo narraremos a la próxima generación:

son las glorias del Señor y su poder,

las maravillas que él realizó.

5 El dio una norma a Jacob,

estableció una ley en Israel,

y ordenó a nuestros padres

enseñar estas cosas a sus hijos.

6 Así las aprenderán las generaciones futuras

y los hijos que nacerán después;

y podrán contarlas a sus propios hijos,

7 para que pongan su confianza en Dios,

para que no se olviden de sus proezas

y observen sus mandamientos.

8 Así no serán como sus padres,

una raza obstinada y rebelde,

una raza de corazón inconstante

y de espíritu infiel a Dios:

9 como los arqueros de la tribu de Efraím,

que retrocedieron en el momento del combate.

10 Ellos no mantuvieron su alianza con Dios,

se negaron a seguir su Ley;

11 olvidaron sus proezas

y las maravillas que les hizo ver,

12 cuando hizo prodigios a la vista de sus padres,

en la tierra de Egipto, en los campos de Tanis:

13 abrió el Mar para darles paso

y contuvo las aguas como un dique;

14 de día los guiaba con la nube

y de noche, con el resplandor del fuego.

15 Partió las rocas en el desierto

y les dio de beber a raudales:

16 sacó manantiales del peñasco,

hizo correr las aguas como ríos.

17 Pero volvieron a pecar contra él

y a rebelarse contra el Altísimo en el desierto:

18 tentaron a Dios en sus corazones,

pidiendo comida a su antojo.

19 Hablaron contra Dios, diciendo:

«¿Acaso tiene Dios poder suficiente

para preparar una mesa en el desierto?

20 Es verdad que cuando golpeó la roca,

brotó el agua y desbordaron los torrentes;

pero ¿podrá también darnos pan

y abastecer de carne a su pueblo?».

21 El Señor, al oírlos, se indignó,

y un fuego se encendió contra Jacob;

su enojo se alzó contra Israel,

22 porque no creyeron en Dios

ni confiaron en su auxilio.

23 Entonces mandó a las nubes en lo alto

y abrió las compuertas del cielo:

24 hizo llover sobre ellos el maná,

les dio como alimento un trigo celestial;

25 todos comieron en pan de ángeles,

les dio comida hasta saciarlos.

26 Hizo soplar desde el cielo el viento del este,

atrajo con su poder el viento del sur;

27 hizo llover sobre ellos carne como polvo

y pájaros como arena del mar:

28 los dejó caer en medio del campamento,

alrededor de sus carpas.

29 Ellos comieron y se hartaron,

pues les dio lo que habían pedido;

30 pero apenas saciaron su avidez,

cuando aún estaban con la boca llena,

31 la ira de Dios se desató contra ellos:

hizo estragos entre los más fuertes

y abatió a lo mejor de Israel.

32 A pesar de todo, volvieron a pecar

y no creyeron en sus maravillas;

33 por eso él acabó sus días como un soplo,

y sus años en un solo instante.

34 Cuando los hacía morir, lo buscaban

y se volvían a él ansiosamente;

35 recordaban que Dios era su Roca,

y el Altísimo, su libertador.

36 Pero lo elogiaban de labios para afuera

y mentían con sus lenguas;

37 su corazón no era sincero con él

y no eran fieles a su alianza.

38 Pero él, que es compasivo,

los perdonaba en lugar de exterminarlos;

una y otra vez reprimió su enojo

y no dio rienda suelta a su furor:

39 sabía que eran simples mortales,

un soplo que pasa y ya no vuelve.

40 ¡Cuántas veces lo irritaron en el desierto

y lo afligieron en medio de la soledad!

41 Volvían a tentar a Dios

y a exasperar al Santo de Israel,

42 sin acordarse de lo que hizo su mano,

cuando los rescató de la opresión.

43 Porque él hizo portentos en Egipto

y prodigios en los campos de Tanis;

44 convirtió en sangre sus canales,

y también sus ríos, para que no bebieran;

45 les mandó tábanos voraces

y ranas que hacían estragos.

46 Entregó sus cosechas al pulgón

y el fruto de sus trabajos a las langostas;

47 destruyó sus viñedos con el granizo

y sus higueras con la helada;

48 desató la peste contra el ganado

y la fiebre contra los rebaños.

49 Lanzó contra ellos el ardor de su enojo,

su ira, su furor y su indignación

–un tropel de mensajeros de desgracias–

50 dando así libre curso a su furor;

no los quiso librar de la muerte,

hizo que la peste acabara con sus vidas.

51 Hirió a los primogénitos de Egipto,

a los hijos mayores de la tierra de Cam;

52 sacó a su pueblo como a un rebaño,

y los guió como a ovejas por el desierto:

53 los condujo seguros y sin temor,

mientras el Mar cubría a sus adversarios.

54 Los llevó hasta su Tierra santa,

hasta la Montaña que adquirió con su mano;

55 delante de ellos expulsó a las naciones,

les asignó por sorteo una herencia

e instaló en sus carpas a las tribus de Israel.

56 Pero ellos tentaron e irritaron a Dios,

no observaron los preceptos del Altísimo;

57 desertaron y fueron traidores como sus padres,

se desviaron como un arco fallido.

58 Lo afligieron con sus lugares de culto,

le provocaron celos con sus ídolos:

59 Dios lo advirtió y se llenó de indignación,

y rechazó duramente a Israel.

60 Abandonó la Morada de Silo,

la Carpa donde habitaba entre los hombres;

61 entregó su Fortaleza al cautiverio,

su Arca gloriosa en manos del enemigo

62 Entregó su pueblo a la espada,

se enfureció contra su herencia;

63 el fuego devoró a sus jóvenes,

y no hubo canto nupcial para sus vírgenes;

64 sus sacerdotes cayeron bajo la espada,

y sus viudas no pudieron celebrar el duelo.

65 Pero el Señor se levantó como de un sueño,

como un guerrero adormecido por el vino:

66 él hirió al enemigo con la espada,

le infligió una derrota completa.

67 Rechazó a los campamentos de José

y no eligió a la tribu de Efraím:

68 eligió a la tribu de Judá,

a la montaña de Sión, su predilecta.

69 Construyó su Santuario como el cielo en lo alto,

como la tierra, que cimentó para siempre;

70 y eligió a David, su servidor,

sacándolo de entre los rebaños de ovejas.

71 Cuando iba detrás de las ovejas, lo llamó

para que fuera pastor de Jacob, su pueblo,

y de Israel, su herencia;

72 él los apacentó con integridad de corazón

y los guió con la destreza de su mano.

Salmo 79 

1 Salmo de Asaf.

Oh Dios, los paganos invadieron tu herencia,

profanaron tu santo Templo,

hicieron de Jerusalén un montón de ruinas;

2 dieron los cadáveres de tus servidores

como pasto a las aves del cielo,

y la carne de tus amigos, a las fieras de la tierra.

3 Derramaron su sangre como agua

alrededor de Jerusalén

y nadie les daba sepultura.

4 Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,

la irrisión y la burla de los que nos rodean.

5 ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Estarás enojado para siempre?

¿Arderán tus celos como un fuego?

6 Derrama tu furor

sobre las naciones que no te reconocen,

y sobre los reinos que no invocan tu Nombre,

7 porque han devorado a Jacob,

y han devastado su dominio.

8 No recuerdes para nuestro mal

las culpas de otros tiempos;

compadécete pronto de nosotros,

porque estamos totalmente abatidos.

9 Ayúdanos, Dios salvador nuestro,

por el honor de tu Nombre;

líbranos y perdona nuestros pecados,

a causa de tu Nombre.

10 ¿Por qué han de decir los paganos:

«¿Dónde está su Dios?».

Que se ponga de manifiesto entre las naciones,

ante nuestros propios ojos,

cómo has vengado la sangre de tus servidores,

que ha sido derramada.

11 Llegue hasta tu presencia el lamento de los cautivos,

preserva con tu brazo poderoso

a los que están condenados a muerte.

12 Devuelve siete veces a nuestros vecinos

la afrenta que te hicieron, Señor.

13 Y nosotros, que somos tu pueblo

y las ovejas de tu rebaño,

te daremos gracias para siempre,

y cantaremos tus alabanzas

por todas las generaciones.

Salmo 80 

1 Del maestro de coro. Según la melodía de «Los lirios». Testimonio. De Asaf. Salmo.

2 Escucha, Pastor de Israel,

tú que guías a José como a un rebaño;

tú que tienes el trono sobre los querubines,

3 resplandece entre Efraím, Benjamín y Manasés;

reafirma tu poder y ven a salvarnos.

4 ¡Restáuranos, Dios de los ejércitos,

que brille tu rostro y seremos salvados!

5 Señor, Dios de los ejércitos,

¿hasta cuándo durará tu enojo,

a pesar de las súplicas de tu pueblo?

6 Les diste de comer un pan de lágrimas,

les hiciste beber lágrimas a raudales;

7 nos entregaste a las disputas de nuestros vecinos,

y nuestros enemigos se burlan de nosotros.

8 ¡Restáuranos, Señor de los ejércitos,

que brille tu rostro y seremos salvados!

9 Tú sacaste de Egipto una vid,

expulsaste a los paganos y la plantaste;

10 le preparaste el terreno,

echó raíces y llenó toda la región.

11 Las montañas se cubrieron con su sombra,

y los cedros más altos con sus ramas;

12 extendió sus sarmientos hasta el mar

y sus retoños hasta el Río.

13 ¿Por qué has derribado sus cercos

para que puedan saquearla todos los que pasan?

14 Los jabalíes del bosque la devastan

y se la comen los animales del campo.

15 Vuélvete, Dios de los ejércitos,

observa desde el cielo y mira:

ven a visitar tu vid,

16 la cepa que plantó tu mano,

el retoño que tú hiciste vigoroso.

17 ¡Que perezcan ante el furor de tu mirada

los que le prendieron fuego y la talaron!

18 Que tu mano sostenga al que está a tu derecha,

al hombre que tú fortaleciste,

19 y nunca nos apartaremos de ti:

devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre.

20 ¡Restáuranos, Señor, Dios de los ejércitos,

que brille tu rostro y seremos salvados!

Salmo 81 

1 Del maestro de coro. Con la cítara de Gat. De Asaf.

2 ¡Canten con júbilo a Dios, nuestra fuerza,

aclamen al Dios de Jacob!

3 Entonen un canto, toquen el tambor,

y la cítara armoniosa, junto con el arpa.

4 Toquen la trompeta al salir la luna nueva,

y el día de luna llena, el día de nuestra fiesta.

5 Porque esta es una ley para Israel,

un precepto del Dios de Jacob:

6 él se la impuso como norma a José,

cuando salió de la tierra de Egipto.

Oigo una voz desconocida que dice:

11c «Abre tu boca y la llenaré con mi palabra.

7 Yo quité el peso de tus espaldas

y tus manos quedaron libres de la carga.

8 Clamaste en la aflicción, y te salvé;

te respondí oculto entre los truenos,

aunque me provocaste junto a las aguas de Meribá.

9 Oye, pueblo mío, yo atestiguo contra ti,

¡ojalá me escucharas, Israel!

10 No tendrás ningún Dios extraño,

no adorarás a ningún dios extranjero:

11 yo, el Señor, soy tu Dios,

que te hice subir de la tierra de Egipto.

12 Pero mi pueblo no escuchó mi voz,

Israel no me quiso obedecer;

13 por eso los entregué a su obstinación,

para que se dejaran llevar por sus caprichos.

14 ¡Ojalá mi pueblo me escuchara,

e Israel siguiera mis caminos!

15 Yo sometería a sus adversarios en un instante,

y volvería mi mano contra sus opresores.

16 Los enemigos del Señor tendrían que adularlo,

y ese sería su destino para siempre;

17 yo alimentaría a mi pueblo con lo mejor del trigo

y lo saciaría con miel silvestre».

Salmo 82 

1 Salmo de Asaf.

Dios se levanta en la asamblea divina

y juzga en medio de los dioses;

2 «¿Hasta cuándo juzgarán injustamente

y favorecerán a los malvados?

3 ¡Defiendan al desvalido y al huérfano,

hagan justicia al oprimido y al pobre;

4 libren al débil y al indigente,

rescátenlos del poder de los impíos!».

5 Pero ellos caminan en la oscuridad,

faltos de inteligencia y comprensión,

mientras vacilan los fundamentos de la tierra.

6 Yo había pensado: «Ustedes son dioses,

todos son hijos del Altísimo».

7 Pero morirán como cualquier hombre,

caerán como cualquiera de los príncipes.

8 Levántate, oh Dios, juzga a la tierra,

porque tú eres el dueño de todas las naciones.

Salmo 83 

1 Canto. Salmo de Asaf.

2 ¡Oh Dios, no te quedes callado,

Dios mío, no guardes silencio,

no permanezcas inmóvil!

3 Mira cómo se agitan tus enemigos

y alzan la cabeza tus adversarios:

4 hacen planes contra tu pueblo

y conspiran contra tus protegidos.

5 Dicen: «Vamos a eliminarlos como nación,

que ya ni se mencione el nombre de Israel».

6 Así conspiran de común acuerdo

y sellan una alianza contra ti.

7 Son los campamentos de Edom,

los ismaelitas, moabitas y agarenos;

8 Guebal, Amón y Amalec;

Filistea, con los habitantes de Tiro;

9 hasta los asirios se aliaron con ellos

y prestaron ayuda a los descendientes de Lot.

10 Trátalos como a Madián y como a Sísara,

como a Jabín en el torrente Quisón:

11 ellos fueron exterminados en Endor

y se convirtieron en abono de la tierra.

12 Trata a sus jefes como a Oreb y a Zeeb,

y a sus príncipes como a Zebá y a Salmaná,

13 los que dijeron: «¡Conquistemos para nosotros

los territorios de Dios!».

14 Conviértelos, Dios mío, en hojarasca,

en paja agitada por el viento.

15 Como fuego que abrasa la selva,

como llama que incendia las montañas,

16 persíguelos con tu tormenta,

llénalos de terror con tu borrasca.

17 Cúbreles el rostro de ignominia,

para que busquen tu Nombre, Señor.

18 Queden avergonzados, aterrados para siempre,

y desaparezcan llenos de confusión,

19 para que reconozcan que sólo tú llevas el nombre de «Señor»,

el Altísimo sobre toda la tierra.

Salmo 84 

1 Del maestro de coro. Con la cítara de Gat. De los hijos de Coré. Salmo.

2 ¡Qué amable es tu Morada,

Señor del Universo!

3 Mi alma se consume de deseos

por los atrios del Señor;

mi corazón y mi carne claman ansiosos

por el Dios viviente.

4 Hasta el gorrión encontró una casa,

y la golondrina tiene un nido

donde poner sus pichones,

junto a tus altares, Señor del universo,

mi Rey y mi Dios.

5 ¡Felices los que habitan en tu Casa

y te alaban sin cesar!

6 ¡Felices los que encuentran su fuerza en ti,

al emprender la peregrinación!

7 Al pasar por el valle árido,

lo convierten en un oasis;

caen las primeras lluvias,

y lo cubren de bendiciones;

8 ellos avanzan con vigor siempre creciente

hasta contemplar a Dios en Sión.

9 Señor del universo, oye mi plegaria,

escucha, Dios de Jacob;

10 protege, Dios, a nuestro Escudo

y mira el rostro de tu Ungido.

11 Vale más un día en tus atrios

que mil en otra parte;

yo prefiero el umbral de la Casa de mi Dios

antes que vivir entre malvados.

12 Porque el Señor es sol y escudo;

Dios da la gracia y la gloria,

y no niega sus bienes

a los que proceden con rectitud.

13 ¡Señor del universo,

feliz el hombre que confía en ti!

Salmo 85 

1 Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo.

2 Fuiste propicio, Señor, con tu tierra,

cambiaste la suerte de Jacob;

3 perdonaste la culpa de tu pueblo,

lo absolviste de todos sus pecados;

4 reprimiste toda tu indignación

y aplacaste el ardor de tu enojo.

5 ¡Restáuranos, Dios, salvador nuestro;

olvida tu aversión hacia nosotros!

6 ¿Vas a estar enojado para siempre?

¿Mantendrás tu ira eternamente?

7 ¿No volverás a darnos la vida,

para que tu pueblo se alegre en ti?

8 ¡Manifiéstanos, Señor, tu misericordia

y danos tu salvación!

9 Voy a proclamar lo que dice el Señor:

el Señor promete la paz,

la paz para su pueblo y sus amigos,

y para los que se convierten de corazón.

10 Su salvación está muy cerca de sus fieles,

y la Gloria habitará en nuestra tierra.

11 El Amor y la Verdad se encontrarán,

la Justicia y la Paz se abrazarán;

12 la Verdad brotará de la tierra

y la Justicia mirará desde el cielo.

13 El mismo Señor nos dará sus bienes

y nuestra tierra producirá sus frutos.

14 La Justicia irá delante de él,

y la Paz, sobre la huella de sus pasos.

Salmo 86 

1 Oración de David.

Inclina tu oído, Señor, respóndeme,

porque soy pobre y miserable;

2 protégeme, porque soy uno de tus fieles,

salva a tu servidor que en ti confía.

3 Tú eres mi Dios: ten piedad de mí, Señor,

porque te invoco todo el día;

4 reconforta el ánimo de tu servidor,

porque a ti, Señor, elevo mi alma.

5 Tú, Señor, eres bueno e indulgente,

rico en misericordia con aquellos que te invocan:

6 ¡atiende, Señor, a mi plegaria,

escucha la voz de mi súplica!

7 Yo te invoco en el momento de la angustia;

porque tú me respondes.

8 No hay otro dios igual a ti, Señor,

ni hay obras como las tuyas.

9 Todas las naciones que has creado

vendrán a postrarse delante de ti

y glorificarán tu Nombre, Señor.

10 porque tú eres grande, Dios mío,

y eres el único que hace maravillas.

11 Indícame tu camino, Señor,

para que yo viva según tu verdad;

orienta totalmente mi corazón

al temor de tu Nombre.

12 Te daré gracias, Dios mío, de todo corazón,

y glorificaré tu Nombre eternamente;

13 porque es grande el amor que me tienes,

y tú me libraste del fondo del Abismo.

14 Dios mío, los orgullosos se levantaron contra mí,

y una banda de forajidos atenta contra mi vida

sin preocuparse para nada de ti.

15 Pero tú, Señor, Dios compasivo y bondadoso,

lento para enojarte, rico en amor y fidelidad,

16 vuelve hacia mí tu rostro y ten piedad de mí;

fortalece a tu servidor,

salva a tu hijo de tu servidora.

17 Dame una prueba de tu bondad,

para que mis adversarios queden confundidos,

al ver que tú, Señor, eres mi ayuda y mi consuelo.

Salmo 87 

1 De los hijos de Coré. Salmo. Canto.

¡Esta es la ciudad que fundó el Señor

sobre las santas Montañas!

2 El ama las puertas de Sión

más que a todas las moradas de Jacob.

3 Cosas admirables se dicen de ti, Ciudad de Dios:

4 «Contaré a Egipto y a Babilonia

entre aquellos que me conocen;

filisteos, tirios y etíopes han nacido en ella».

5 Así se hablará de Sión:

«Este, y también aquél, han nacido en ella,

y el Altísimo en persona la ha fundado».

6 Al registrar a los pueblos, el Señor escribirá:

«Este ha nacido en ella».

7 Y todos cantarán, mientras danzan:

«Todas mis fuentes de vida están en ti».

Salmo 88 

1 Canto. Salmo de los hijos de Coré. Del maestro de coro, Para la enfermedad. Para la aflicción. Poema de Hernán, el aborigen.

2 ¡Señor, mi Dios y mi salvador,

día y noche estoy clamando ante ti:

3 que mi plegaria llegue a tu presencia;

inclina tu oído a mi clamor!

4 Porque estoy saturado de infortunios,

y mi vida está al borde del Abismo;

5 me cuento entre los que bajaron a la tumba,

y soy como un hombre sin fuerzas.

6 Yo tengo mi lecho entre los muertos,

como los caídos que yacen en el sepulcro,

como aquellos en los que tú ya ni piensas,

porque fueron arrancados de tu mano.

7 Me has puesto en lo más hondo de la fosa,

en las regiones oscuras y profundas;

8 tu indignación pesa sobre mí,

y me estás ahogando con tu oleaje.

9 Apartaste de mí a mis conocidos,

me hiciste despreciable a sus ojos;

estoy prisionero, sin poder salir,

10 y mis ojos se debilitan por la aflicción.

Yo te invoco, Señor, todo el día,

con las manos tendidas hacia ti.

11 ¿Acaso haces prodigios por los muertos,

o se alzan los difuntos para darte gracias?

12 ¿Se proclama tu amor en el sepulcro,

o tu fidelidad en el reino de la muerte?

13 ¿Se anuncian tus maravillas en las tinieblas,

o tu justicia en la tierra del olvido?

14 Yo invoco tu ayuda, Señor,

desde temprano te llega mi plegaria:

15 ¿Por qué me rechazas, Señor?

¿Por qué me ocultas tu rostro?

16 Estoy afligido y enfermo desde niño,

extenuado bajo el peso de tus desgracias;

17 tus enojos pasaron sobre mí,

me consumieron tus terribles aflicciones.

18 Me rodearon todo el día como una correntada,

me envuelven todos a la vez.

19 Tú me separaste de mis parientes y amigos,

y las tinieblas son mis confidentes.

Salmo 89 

1 Poema de Etam, el aborigen.

2 Cantaré eternamente el amor del Señor,

proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.

3 Porque tú has dicho: «Mi amor se mantendrá eternamente,

mi fidelidad está afianzada en el cielo.

4 Yo sellé una alianza con mi elegido,

hice este juramento a David, mi servidor:

5 «Estableceré tu descendencia para siempre,

mantendré tu trono por todas las generaciones».

6 El cielo celebre tus maravillas, Señor,

y tu fidelidad en la asamblea de los santos,

7 porque ¿quién es comparable al Señor en las alturas?

¿quién como el Señor entre los hijos de Dios?

8 Dios es temible en el consejo de los santos,

más grande y terrible que cuantos están a su alrededor,

9 Señor, Dios del universo, ¿hay alguien como tú?

Tú eres fuerte y estás rodeado de fidelidad.

10 Tú dominas la soberbia del mar

y calmas la altivez de sus olas;

11 tú aplastaste a Rahab como a un cadáver,

deshiciste a tus enemigos con tu brazo poderoso.

12 Tuyo es el cielo, tuya la tierra:

tú cimentaste el mundo y todo lo que hay en él;

13 tú has creado el norte y el sur,

el Hermón y el Tabor aclaman tu Nombre.

14 Tu brazo está lleno de poder,

tu mano es fuerte, alta es tu derecha;

15 la Justicia y el Derecho son la base de tu trono,

el Amor y la Fidelidad te preceden.

16 ¡Feliz el pueblo que sabe aclamarte!

Ellos caminarán a la luz de tu rostro;

17 se alegrarán sin cesar en tu Nombre,

serán exaltados a causa de tu justicia.

18 Porque tú eres su gloria y su fuerza;

con tu favor, acrecientas nuestro poder.

19 Sí, el Señor es nuestro escudo,

el Santo de Israel es realmente nuestro rey.

20 Tú hablaste una vez en una visión

y dijiste a tus amigos:

«Impuse la corona a un valiente,

exalté a un guerrero del pueblo.

21 Encontré a David, mi servidor,

y lo ungí con el óleo sagrado,

22 para que mi mano esté siempre con él

y mi brazo lo haga poderoso.

23 El enemigo no lo aventajará,

ni podrán oprimirlo los malvados:

24 yo aplastaré a sus adversarios ante él

y golpearé a los que lo odian.

25 Mi fidelidad y mi amor lo acompañarán,

su poder crecerá a causa de mi Nombre:

26 extenderé su mano sobre el mar

y su derecha sobre los ríos.

27 El me dirá: «Tú eres mi padre,

mi Dios, mi Roca salvadora».

28 Yo lo constituiré mi primogénito,

el más alto de los reyes de la tierra.

29 Le aseguraré mi amor eternamente,

y mi alianza será estable para él;

30 le daré una descendencia eterna

y un trono duradero como el cielo.

31 Si sus hijos abandonan mi enseñanza

y no proceden de acuerdo con mis juicios;

32 si profanan mis preceptos

y no observan mis mandamientos,

33 castigaré sus rebeldías con la vara

y sus culpas, con el látigo.

34 Pero a él no le retiraré mi amor

ni desmentiré mi fidelidad;

35 no quebrantaré mi alianza

ni cambiaré lo que salió de mis labios.

36 Una vez juré por mi santidad

–¡jamás mentiré a David!–:

37 «Su descendencia permanecerá para siempre

y su trono, como el sol en mi presencia;

38 como la luna, que permanece para siempre,

será firme su sede en las alturas».

39 Pero tú te has irritado contra tu Ungido,

lo has rechazado y despreciado;

40 desdeñaste la alianza con tu servidor,

profanaste por tierra su insignia real.

41 Abrirse brechas en todas sus murallas,

redujiste a escombros todas sus fortalezas;

42 los que pasan por el camino lo despojan,

y es la burla de todos sus vecinos.

43 Alzaste la mano de sus adversarios,

llenaste de alegría a sus enemigos;

44 mellaste el filo de su espada

y no lo sostuviste en el combate.

45 Le quitaste su cetro glorioso

y derribaste por tierra su trono;

46 abreviaste los días de su juventud

y lo cubriste de vergüenza.

47 ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Te ocultarás para siempre?

¿Arderá tu furor como el fuego?

48 Recuerda, Señor, qué corta es mi vida

y qué efímeros creaste a los hombres.

49 ¿Quién vivirá sin ver la muerte?

¿Quién se librará de las garras del Abismo?

50 ¿Dónde está, Señor, tu amor de otro tiempo,

el que juraste a David por tu fidelidad?

51 Recuerda, Señor, las afrentas de tu servidor:

yo tengo que soportar los insultos de los pueblos.

52 ¡Cómo afrentan las huellas de tu Ungido!

53 ¡Bendito sea el Señor eternamente!

¡Amén! ¡Amén!

Salmo 90 

1 Oración de Moisés, hombre de Dios.

Señor, tú has sido nuestro refugio a lo largo de las generaciones.

2 Antes que fueran engendradas las montañas,

antes que nacieran la tierra y el mundo,

desde siempre y para siempre, tú eres Dios.

3 Tú haces que los hombres vuelvan al polvo,

con sólo decirles: «Vuelvan, seres humanos».

4 Porque mil años son ante tus ojos

como el día de ayer, que ya pasó,

como una vigilia de la noche.

5 Tú los arrebatas, y son como un sueño,

como la hierba que brota de mañana:

6 por la mañana brota y florece,

y por la tarde se seca y se marchita.

7 ¡Estamos consumidos por tu ira

y consternados por tu indignación!

8 Pusiste nuestras culpas delante de tus ojos,

y nuestros secretos a la luz de tu mirada.

9 Nuestros días transcurren bajo el peso de tu enojo,

y nuestros años se acaban como un suspiro.

10 Nuestra vida dura apenas setenta años,

y ochenta, si tenemos más vigor:

en su mayor parte son fatiga y miseria,

porque pasan pronto, y nosotros nos vamos.

11 ¿Quién puede conocer la violencia de tu enojo

y ver el fondo de tu indignación?

12 Enséñanos a calcular nuestros años,

para que nuestro corazón alcance la sabiduría.

13 ¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo…?

Ten compasión de tus servidores.

14 Sácianos en seguida con tu amor,

y cantaremos felices toda nuestra vida.

15 Alégranos por los días en que nos afligiste,

por los años en que soportamos la desgracia.

16 Que tu obra se manifieste a tus servidores,

y que tu esplendor esté sobre tus hijos.

17 Que descienda hasta nosotros la bondad del Señor;

que el Señor, nuestro Dios, haga prosperar la obra de nuestras manos.

Salmo 91 

1 Tú que vives al amparo del Altísimo

y resides a la sombra del Todopoderoso,

2 di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte,

mi Dios, en quien confío».

3 El te librará de la red del cazador

y de la peste perniciosa;

4 te cubrirá con sus plumas,

y hallarás un refugio bajo sus alas.

5 No temerás los terrores de la noche,

ni la flecha que vuela de día,

6 ni la peste que acecha en las tinieblas,

ni la plaga que devasta a pleno sol.

7 Aunque caigan mil a tu izquierda

y diez mil a tu derecha,

tú no serás alcanzado:

4c su brazo es escudo y coraza.

8 Con sólo dirigir una mirada,

verás el castigo de los malos,

9 porque hiciste del Señor tu refugio

y pusiste como defensa al Altísimo.

10 No te alcanzará ningún mal,

ninguna plaga se acercará a tu carpa,

11 porque hiciste del Señor tu refugio

y pusiste como defensa al Altísimo

12 Ellos te llevarán en sus manos

para que no tropieces contra ninguna piedra;

13 caminarás sobre leones y víboras,

pisotearás cachorros de león y serpientes.

14 «El se entregó a mí,

por eso, yo lo glorificaré;

lo protegeré, porque conoce mi Nombre;

15 me invocará, y yo le responderé.

Estará con él en el peligro,

lo defenderé y lo glorificaré;

16 le haré gozar de una larga vida

y le haré ver mi salvación».

Salmo 92 

1 Salmo. Canto. Para el día sábado.

2 Es bueno dar gracias al Señor,

y cantar, Dios Altísimo, a tu Nombre;

3 proclamar tu amor de madrugada,

y tu fidelidad en las vigilias de la noche,

4 con el arpa de diez cuerdas y la lira,

con música de cítara.

5 Tú me alegras, Señor, con tus acciones,

cantaré jubiloso por la obra de tus manos.

6 ¡Qué grandes son tus obras, Señor,

qué profundos tus designios!

7 El hombre insensato no conoce

y el necio no entiende estas cosas.

8 Si los impíos crecen como la hierba

y florecen los que hacen el mal,

es para ser destruidos eternamente:

9 tú, en cambio, eres el Excelso para siempre.

10 Mira, Señor, cómo perecen tus enemigos

y se dispersan los que hacen el mal.

11 Pero a mí me das la fuerza de un toro salvaje

y me unges con óleo purísimo.

12 Mis ojos han desafiado a mis calumniadores,

mis oídos han escuchado la derrota de los malvados.

13 El justo florecerá como la palmera,

crecerá como los cedros del Líbano:

14 trasplantado en la Casa del Señor,

florecerá en los atrios de nuestro Dios.

15 En la vejez seguirá dando frutos,

se mantendrá fresco y frondoso,

16 para proclamar qué justo es el Señor,

mi Roca, en quien no existe la maldad.

Salmo 93 

1 ¡Reina el Señor, revestido de majestad!

El Señor se ha revestido,

se ha ceñido de poder.

El mundo está firmemente establecido:

¡no se moverá jamás!

2 Tu trono está firme desde siempre,

tú existes desde la eternidad.

3 Los ríos hacen resonar sus voces,

Señor, los ríos hacen resonar su fragor.

4 Pero más fuerte que las aguas impetuosas,

más fuerte que el oleaje del mar,

es el Señor en las alturas.

5 Tus testimonios, Señor, son dignos de fe,

la santidad embellece tu Casa

a lo largo de los tiempos.

Salmo 94 

1 ¡Dios vengador de las injusticias,

Señor, Dios justiciero, manifiéstate!

2 ¡Levántate, Juez de la tierra,

dales su merecido a los soberbios!

3 ¿Hasta cuándo triunfarán, Señor,

hasta cuando triunfarán los malvados?

4 ¿Hasta cuando hablarán con arrogancia

y se jactarán los malhechores?

5 Ellos pisotean a tu pueblo, Señor,

y oprimen a tu herencia;

6 matan a la viuda y al extranjero,

asesinan a los huérfanos;

7 y exclaman: «El Señor no lo ve,

no se da cuenta el Dios de Jacob».

8 ¡Entiendan, los más necios del pueblo!

y ustedes, insensatos, ¿cuándo recapacitarán?

9 El que hizo el oído, ¿no va a escuchar?

El que formó los ojos, ¿no va a ver?

10 ¿Dejará de castigar el que educa a las naciones

y da a los hombres el conocimiento?

11 ¡El Señor conoce los planes de los hombres

y sabe muy bien que son vanos!

12 Feliz el que es educado por ti, Señor,

aquel a quien instruyes con tu ley,

13 para darle un descanso después de la adversidad,

mientras se cava una fosa para el malvado.

14 Porque el Señor no abandona a su pueblo

ni deja desamparada a su herencia:

15 la justicia volverá a los tribunales

y los rectos de corazón la seguirán.

16 ¿Quién se pondrá a mi favor contra los impíos?

¿Quién estará a mi lado contra los malhechores?

17 Si el Señor no me hubiera ayudado,

ya estaría habitando en la región del silencio.

18 Cuando pienso que voy a resbalar,

tu misericordia, Señor, me sostiene;

19 cuando estoy cargado de preocupaciones,

tus consuelos me llenan de alegría.

20 ¿Podrá aliarse contigo un tribunal inicuo,

que comete injusticias en nombre de la ley?

21 Ellos atentan contra la vida de los justos

y condenan a muerte al inocente.

22 Pero el Señor es mi fortaleza,

mi Dios es la Roca en que me refugio:

23 él les devolverá a su misma iniquidad

y los destruirá por su malicia,

¡El Señor, nuestro Dios, los destruirá!

Salmo 95 

1 ¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,

aclamemos a la Roca que nos salva!

2 ¡Lleguemos hasta él dándole gracias,

aclamemos con música al Señor!

3 Porque el Señor es un Dios grande,

el soberano de todos los dioses:

4 en su mano están los abismos de la tierra,

y son suyas las cumbres de las montañas;

5 suyo es el mar, porque él lo hizo,

y la tierra firme, que formaron sus manos.

6 ¡Entren, inclinémonos para adorarlo!

¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!

7 Porque él es nuestro Dios,

y nosotros, el pueblo que él apacienta,

las ovejas conducidas por su mano.

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:

8 «No endurezcan su corazón como en Meribá,

como en el día de Masá, en el desierto,

9 cuando sus padres me tentaron y provocaron,

aunque habían visto mis obras.

10 Cuarenta años me disgustó esa generación,

hasta que dije:

«Es un pueblo de corazón extraviado,

que no conoce mis caminos».

11 Por eso juré en mi indignación:

«Jamás entrarán en mi Reposo».

Salmo 96 

1 Canten al Señor un canto nuevo,

cante al Señor toda la tierra;

2 canten al Señor, bendigan su Nombre,

día tras día, proclamen su victoria.

3 Anuncien su gloria entre las naciones,

y sus maravillas entre los pueblos.

4 Porque el Señor es grande y muy digno de alabanza,

más temible que todos los dioses.

5 Los dioses de los pueblos no son más que apariencia,

pero el Señor hizo el cielo;

6 en su presencia hay esplendor y majestad,

en su Santuario, poder y hermosura.

7 Aclamen al Señor, familias de los pueblos,

aclamen la gloria y el poder del Señor;

8 aclamen la gloria del nombre del Señor.

Entren en sus atrios trayendo una ofrenda,

9 adoren al Señor al manifestarse su santidad:

¡que toda la tierra tiemble ante él!

10 Digan entre las naciones: «¡el Señor reina!

El mundo está firme y no vacilará.

El Señor juzgará a los pueblos con rectitud».

11 Alégrese el cielo y exulte la tierra,

resuene el mar y todo lo que hay en él;

12 regocíjese el campo con todos sus frutos,

griten de gozo los árboles del bosque.

13 Griten de gozo delante del Señor,

porque él viene a gobernar la tierra:

él gobernará al mundo con justicia,

y a los pueblos con su verdad.

Salmo 97 

1 ¡El Señor reina! Alégrese la tierra,

regocíjense las islas incontables.

2 Nubes y Tinieblas lo rodean,

la Justicia y el Derecho son la base de su trono.

3 Un fuego avanza ante él

y abrasa a los enemigos a su paso;

4 sus relámpagos iluminan el mundo;

al verlo, la tierra se estremece.

5 Las montañas se derriten como cera

delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra.

6 Los cielos proclaman su justicia

y todos los pueblos contemplan su gloria.

7 Se avergüenzan los que sirven a los ídolos,

los que se glorían en dioses falsos;

todos los dioses se postran ante él.

8 Sión escucha y se llena de alegría,

se regocijan las ciudades de Judá,

a causa de tus juicios, Señor.

9 Porque tú, Señor, eres el Altísimo:

estás por encima de toda la tierra,

mucho más alto que todos los dioses.

10 Tú amas, Señor, a los que odian el mal,

proteges la vida de tus fieles

y los libras del poder de los malvados.

11 Nace la luz para el justo,

y la alegría para los rectos de corazón.

12 Alégrense, justos, en el Señor

y alaben su santo Nombre.

Salmo 98 

1 Salmo.

Canten al Señor un canto nuevo,

porque él hizo maravillas:

su mano derecha y su santo brazo

le obtuvieron la victoria.

2 El Señor manifestó su victoria,

reveló su justicia a los ojos de las naciones:

3 se acordó de su amor y su fidelidad

en favor del pueblo de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado

el triunfo de nuestro Dios.

4 Aclame al Señor toda la tierra,

prorrumpan en cantos jubilosos.

5 Canten al Señor con el arpa

y al son de instrumentos musicales;

6 con clarines y sonidos de trompeta

aclamen al Señor, que es Rey.

7 Resuene el mar y todo lo que hay en él,

el mundo y todos sus habitantes;

8 aplaudan las corrientes del océano,

griten de gozo las montañas al unísono.

9 Griten de gozo delante del Señor,

porque él viene a gobernar la tierra;

él gobernará al mundo con justicia,

y a los pueblos con rectitud.

Salmo 99 

1 ¡El Señor reina! Tiemblan los pueblos.

El tiene su trono sobre los querubines: la tierra vacila.

2 ¡Grande es el Señor en Sión!

3 El se alza sobre todas las naciones.

Alaben tu Nombre grande y temible.

¡Santo es el Señor!

4 Tú eres el rey poderoso que ama la justicia,

tú has establecido lo que es recto,

tú ejerces sobre Jacob el derecho y la justicia.

5 Glorifiquen al Señor, nuestro Dios,

adórenlo ante el estrado de sus pies.

¡Santo es el Señor!

6 Moisés y Aarón, entre sus sacerdotes,

y Samuel, entre los que invocaban su Nombre,

clamaban al Señor y él les respondía.

7 Dios les hablaba desde la columna de nube;

ellos observaban sus mandamientos

y los preceptos que les había dado.

8 Señor, nuestro Dios, tú les respondías;

tú eras para ellos un Dios indulgente,

pero te vengabas de sus malas acciones.

9 Glorifiquen al Señor, nuestro Dios,

y adórenlo en su santa Montaña:

el Señor, nuestro Dios, es santo.

Salmo 100 

1 Salmo de acción de gracias.

Aclame al Señor toda la tierra,

2 sirvan al Señor con alegría,

lleguen hasta él con cantos jubilosos.

3 Reconozcan que el Señor es Dios:

él nos hizo y a él pertenecemos;

somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

4 Entren por sus puertas dando gracias,

entren en sus atrios con himnos de alabanza,

alaben al Señor y bendigan su Nombre.

5 ¡Qué bueno es el Señor!

Su misericordia permanece para siempre,

y su fidelidad por todas las generaciones.

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