. Salmo 101 al 150

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Salmo 101 

1 De David. Salmo.

Celebraré con un canto la bondad y la justicia:

a ti, Señor, te cantaré;

2 expondré con sensatez el camino perfecto:

¿cuándo vendrás en mi ayuda?

Yo procedo con rectitud de corazón

en los asuntos de mi casa;

3 nunca pongo mis ojos

en cosas infames.

Detesto la conducta de los descarriados

y no los cuento entre mis amigos;

4 la gente falsa se aparta de mí

y nunca apruebo al malvado.

5 Al que difama en secreto a su prójimo

lo hago desaparecer;

al de mirada altiva y corazón soberbio

no lo puedo soportar.

6 Pongo mis ojos en las personas leales

para que estén cerca de mí;

el que va por el camino perfecto

es mi servidor.

7 No habita dentro de mi casa

el hombre traicionero;

la gente mentirosa

no puede permanecer delante de mi vista.

8 Hago desaparecer día tras día

los malvados del país,

para extirpar de la Ciudad del Señor

a todos los que hacen el mal.

Salmo 102 

1 Oración del afligido que, en su angustia, derrama su llanto ante el Señor.

2 Señor, escucha mi oración

y llegue a ti mi clamor;

3 no me ocultes tu rostro

en el momento del peligro;

inclina hacia mí tu oído,

respóndeme pronto, cuando te invoco.

4 Porque mis días se disipan como el humo,

y mis huesos arden como brasas;

5 mi corazón se seca, marchitado como la hierba,

¡y hasta me olvido de comer mi pan!

6 Los huesos se me pegan a la piel,

por la violencia de mis gemidos.

7 Me parezco a una lechuza del desierto,

soy como el búho entre las ruinas;

8 estoy desvelado, y me lamento

como un pájaro solitario en el tejado;

9 mis enemigos me insultan sin cesar,

y enfurecidos, me cubren de imprecaciones.

10 Yo como ceniza en vez de pan

y mezclo mi bebida con lágrimas,

11 a causa de tu indignación y tu furor,

porque me alzaste en alto y me arrojaste.

12 Mis días son como sombras que se agrandan,

y me voy secando como la hierba.

13 Pero tú, Señor, reinas para siempre,

y tu Nombre permanece eternamente.

14 Tú te levantarás, te compadecerás de Sión,

porque ya es hora de tenerle piedad,

ya ha llegado el momento señalado:

15 tus servidores sienten amor por esas piedras

y se compadecen de esas ruinas.

16 Las naciones temerán tu Nombre, Señor,

y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:

17 cuando el Señor reedifique a Sión

y aparezca glorioso en medio de ella;

18 cuando acepte la oración del desvalido

y no desprecie su plegaria.

19 Quede esto escrito para el tiempo futuro

y un pueblo renovado alabe al Señor:

20 porque él se inclinó desde su alto Santuario

y miró a la tierra desde el cielo,

21 para escuchar el lamento de los cautivos

y librar a los condenados a muerte.

29 Los hijos de tus servidores tendrán una morada

y su descendencia estará segura ante ti.

22 para proclamar en Sión el nombre del Señor

y su alabanza en Jerusalén,

23 cuando se reúnan los pueblos y los reinos,

y sirvan todos juntos al Señor.

24 Mis fuerzas se debilitaron por el camino

y se abreviaron mis días;

25 pero yo digo: «Dios mío,

no me lleves en la mitad de mi vida,

tú que permaneces para siempre».

26 En tiempos remotos, fundaste la tierra,

y el cielo es obra de tus manos;

27 ellos se acaban, y tú permaneces:

se desgastan lo mismo que la ropa,

los cambias como a un vestido, y ellos pasan.

28 Tú, en cambio, eres siempre el mismo,

y tus años no tienen fin.

Salmo 103 

1 De David.

Bendice al Señor, alma mía,

que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;

2 bendice al Señor, alma mía,

y nunca olvides sus beneficios.

3 El perdona todas tus culpas

y cura todas tus dolencias;

4 rescata tu vida del sepulcro,

te corona de amor y de ternura;

5 él colma tu vida de bienes,

y tu juventud se renueva como el águila.

6 El Señor hace obras de justicia

y otorga el derecho a los oprimidos;

7 él mostró sus caminos a Moisés

y sus proezas al pueblo de Israel.

8 El Señor es bondadoso y compasivo,

lento para enojarse y de gran misericordia;

9 no acusa de manera inapelable

ni guarda rencor eternamente;

10 no nos trata según nuestros pecados

ni nos paga conforme a nuestras culpas.

11 Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,

así de inmenso es su amor por os que lo temen;

12 cuanto dista el oriente del occidente,

así aparta de nosotros nuestros pecados.

13 Como un padre cariñoso con sus hijos,

así es cariñoso el Señor con sus fieles;

14 él conoce de qué estamos hechos,

sabe muy bien que no somos más que polvo.

15 Los días del hombre son como la hierba:

él florece como las flores del campo;

16 las roza el viento, y ya no existen más,

ni el sitio donde estaban las verá otra vez.

17 Pero el amor del Señor permanece para siempre,

y su justicia llega hasta los hijos y los nietos

18 de los que lo temen y observan su alianza,

de los que recuerdan sus preceptos y los cumplen.

19 El Señor puso su trono en el cielo,

y su realeza gobierna el universo.

20 ¡Bendigan al Señor, todos sus ángeles,

los fuertes guerreros que cumplen sus órdenes

apenas oyen la voz de su palabra!

21 ¡Bendigan al Señor, todos sus ejércitos,

sus servidores, los que cumplen su voluntad!

22 ¡Bendíganlo todas sus obras,

en todos los lugares donde ejerce su dominio!

¡Bendice al Señor, alma mía!

Salmo 104 

1 Bendice al Señor, alma mía:

¡Señor, Dios mío, qué grande eres!

Estás vestido de esplendor y majestad

2 y te envuelves con un manto de luz.

Tú extendiste el cielo como un toldo

3 y construiste tu mansión sobre las aguas.

Las nubes te sirven de carruaje

y avanzas en alas del viento.

4 Usas como mensajeros a los vientos,

y a los relámpagos, como ministros.

5 Afirmaste la tierra sobre sus cimientos:

¡no se moverá jamás!

6 El océano la cubría como un manto,

las aguas tapaban las montañas;

7 pero tú las amenazaste y huyeron,

escaparon ante el fragor del trueno.

8 Subieron a las montañas,

bajaron por los valles,

hasta el lugar que les habías señalado:

9 les fijaste un límite que no pasarán,

ya no volverán a cubrir la tierra.

10 Haces brotar fuentes en los valles,

y corren sus aguas por las quebradas.

11 Allí beben los animales del campo,

los asnos salvajes apagan su sed.

12 Las aves del cielo habitan junto a ellas

y hacen oír su canto entre las ramas.

13 Desde lo alto riegas las montañas,

y la tierra se sacia con el fruto de tus obras.

14 Haces brotar la hierba para el ganado

y las plantas que el hombre cultiva,

para sacar de la tierra el pan

15 y el vino que alegra el corazón del hombre,

para que él haga brillar su rostro con el aceite

y el pan reconforte su corazón.

16 Se llenan de savia los árboles del Señor,

los cedros del Líbano que él plantó;

17 allí ponen su nido los pájaros,

la cigüeña tiene su casa en los abetos;

18 los altos peñascos son para las cabras,

y en las rocas se refugian los erizos.

19 Hiciste la luna para medir el tiempo,

señalaste el sol el momento de su ocaso;

20 mandas la oscuridad, y cae la noche:

entonces rondan las fieras de la selva

21 y los cachorros rugen por la presa,

pidiendo a Dios su alimento.

22 Haces brillar el sol y se retiran,

van a echarse en sus guardias:

23 entonces sale el hombre a trabajar,

a cumplir su jornada hasta la tarde.

24 ¡Qué variadas son tus obras, Señor!

¡Todo lo hiciste con sabiduría,

la tierra está llena de tus criaturas!

25 Allí está el mar, grande y dilatado,

donde se agitan, en número incontable,

animales grandes y pequeños.

26 Por él transitan las naves, y ese Leviatán

que tú formaste para jugar con él

27 Todos esperan de ti

que les des la comida a su tiempo:

28 se la das, y ellos la recogen;

abres tu mano, y quedan saciados.

29 Si escondes tu rostro, se espantan;

si les quitas el aliento, expiran y vuelven al polvo.

30 Si envías tu aliento, son creados,

y renuevas la superficie de la tierra.

31 ¡Gloria al Señor para siempre,

alégrese el Señor por sus obras!

32 El mira, y la tierra se estremece;

toca las montañas, y echan humo.

33 Cantaré al Señor toda mi vida;

mientras yo exista, celebraré a mi Dios:

34 que mi canto le sea agradable,

y yo me alegraré en el Señor.

35 Que los pecadores desaparezcan de la tierra

y los malvados ya no existan más.

¡Bendice al Señor, alma mía!

¡Aleluya!

Salmo 105 

1 ¡Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,

hagan conocer entre los pueblos sus proezas;

2 canten al Señor con instrumentos musicales,

pregonen todas sus maravillas!

3 ¡Gloríense en su santo Nombre,

alégrense los que buscan al Señor!

4 ¡Recurran al Señor y a su poder,

busquen constantemente su rostro;

5 recuerden las maravillas que él obró,

sus portentos y los juicios de su boca!

6 Descendientes de Abraham, su servidor,

hijos de Jacob, su elegido:

7 el Señor es nuestro Dios,

en toda la tierra rigen sus decretos.

8 El se acuerda eternamente de su alianza,

de la palabra que dio por mil generaciones,

9 del pacto que selló con Abraham,

del juramento que hizo a Isaac:

10 él lo confirmó como norma para Jacob,

como alianza eterna para Israel,

11 cuando dijo: «Yo te daré la tierra de Canaán,

como porción hereditaria de todos ustedes».

12 Cuando formaban un grupo muy pequeño

y eran extranjeros en aquellas regiones;

13 cuando iban de nación en nación

y pasaban de un reino a otro pueblo,

14 no toleró que nadie los oprimiera,

y castigó a reyes, por amor a ellos:

15 «No toquen a mis ungidos

ni maltraten a mis profetas».

16 El provocó una gran sequía en el país

y agotó las provisiones,

17 Pero antes envió a un hombre,

a José, que fue vendido como esclavo:

18 le ataron los pies con grillos

y el hierro oprimió su garganta,

19 hasta que se cumplió lo que él predijo,

y la palabra del Señor lo acreditó.

20 el rey ordenó que lo soltaran,

el soberano de pueblos lo puso en libertad;

21 lo nombró señor de su palacio

y administrador de todos sus bienes,

22 con pleno poder para instruir a los príncipes

y enseñar sabiduría a los ancianos.

23 Entonces Israel entró en Egipto,

Jacob residió en la tierra de Cam,

24 El Señor hizo a su pueblo muy fecundo,

más fuerte que sus mismos opresores;

25 cambió el corazón de los egipcios,

para que sintieran odio por su pueblo

y trataran con perfidia a sus servidores.

26 Luego envió a Moisés, su servidor,

y a Aarón, que era su elegido;

27 por su intermedio realizó prodigios,

hizo portentos en la tierra de Cam:

28 atrajo las tinieblas, y hubo oscuridad,

pero ellos rechazaron sus palabras.

29 Transformó sus aguas en sangre

e hizo morir a sus peces;

30 el país quedó cubierto de ranas,

hasta en los aposentos del rey;

31 dio una orden y vinieron los insectos,

los mosquitos invadieron el país.

32 Les mandó granizo en vez de lluvia,

y cayeron llamaradas en su tierra;

33 abatió sus higueras y viñedos,

y destrozó los árboles en sus campos;

34 dio una orden, y vinieron langostas

y pulgones en número incontable

35 que comieron toda la hierba del campo

y devoraron los frutos de la tierra.

36 Hirió de muerte a los primogénitos del aquel país,

a las primicias de todo ser viviente;

37 sacó a su pueblo cargado de oro y plata,

y nadie desfalleció entre sus tribus:

38 los egipcios se alegraron de su partida,

porque los había dominado el terror.

39 Tendió una nube para que los cubriera,

y envió un fuego para alumbrarlos de noche;

40 pidieron de comer y les mandó codornices,

los sació con pan del cielo;

41 abrió la roca, brotaron las aguas

y corrieron como un río por el desierto.

42 El se acordó de la palabra sagrada,

que había dado a Abraham, su servidor,

43 e hizo salir a su pueblo con alegría,

a sus elegidos, entre cantos de triunfo;

44 les dio las tierras de los paganos,

y ellos heredaron las riquezas de los pueblos,

45 a fin de observar sus mandamientos

y cumplir fielmente sus leyes.

¡Aleluya!

Salmo 106 

1 ¡Aleluya!

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,

porque es eterno su amor!

2 ¿Quién puede hablar de las proezas del Señor

y proclamar todas sus alabanzas?

3 ¡Felices los que proceden con rectitud,

los que practican la justicia en todo tiempo!

4 Acuérdate de mí, Señor,

por el amor que tienes a tu pueblo;

visítame con tu salvación,

5 para que vea la felicidad de tus elegidos,

para que me alegre con la alegría de tu nación

y me gloríe con el pueblo de tu herencia.

6 Hemos pecado, igual que nuestros padres;

somos culpables, hicimos el mal:

7 nuestros padres, cuando estaban en Egipto,

no comprendieron tus maravillas;

no recordaron la multitud de tus favores,

y en el Mar Rojo desafiaron al Altísimo.

8 Pero él los salvó por amor de su Nombre,

para poner de manifiesto su poder:

9 increpó al Mar Rojo, y este se secó;

los llevó por los abismos como por un desierto,

10 los salvó de las manos del enemigo,

los rescató del poder del adversario.

11 El agua cubrió a sus opresores,

ni uno solo quedó con vida:

12 entonces creyeron en sus palabras

y cantaron sus alabanzas.

13 Pero muy pronto se olvidaron de sus obras,

no tuvieron en cuenta su designio;

14 ardían de avidez en el desierto

y tentaron a Dios en la soledad:

15 entonces, él les dio lo que pedían,

pero hizo que una enfermedad los consumiera.

16 En el campamento tuvieron celos de Moisés,

y de Aarón, el consagrado al Señor;

17 pero se abrió la tierra y devoró a Datán,

se cerró sobre Abirón y sus secuaces;

18 ardió un fuego contra aquella turba,

y las llamas abrasaron a los malvados.

19 En Horeb se fabricaron un ternero,

adoraron una estatua de metal fundido:

20 así cambiaron su Gloria

por la imagen de un toro que come pasto.

21 Olvidaron a Dios, que los había salvado

y había hecho prodigios en Egipto,

22 maravillas en la tierra de Cam

y portentos junto al Mar Rojo.

23 El Señor amenazó con destruirlos,

pero Moisés, su elegido,

se mantuvo firme en la brecha

para aplacar su enojo destructor.

24 Despreciaron una tierra apetecible,

no creyeron en su palabra;

25 murmuraron dentro de sus carpas

y no escucharon la voz del Señor.

26 Pero él alzó la mano y les juró

que los haría morir en el desierto.

27 que dispersaría a sus descendientes por los pueblos

y los diseminaría por diversas regiones.

28 Luego se unieron al Baal de Peor

y comieron víctimas ofrecidas a dioses muertos;

29 con esas acciones irritaron al Señor

y cayó sobre ellos una plaga.

30 Pero Pinjás se levantó e hizo justicia,

y entonces cesó la plaga:

31 esto le fue tenido en cuenta a su favor,

por todas las generaciones, para siempre.

32 Irritaron al Señor junto a las aguas de Meribá,

y Moisés sufrió mucho por culpa de ellos,

33 porque lo amargaron profundamente,

y él no supo medir sus palabras.

34 No exterminaron a los pueblos

como el Señor les había mandado:

35 se mezclaron con los paganos

e imitaron sus costumbres;

36 rindieron culto a sus ídolos,

que fueron para ellos una trampa.

37 Sacrificaron en honor de los demonios

a sus hijos y a sus hijas;

38 derramaron sangre inocente,

y la tierra quedó profanada.

39 Se mancharon con sus acciones

y se prostituyeron con su mala conducta;

40 por eso el Señor se indignó contra su pueblo

y abominó de su herencia.

41 Los puso en manos de las naciones

y fueron dominados por sus enemigos;

42 sus adversarios los oprimieron

y los sometieron a su poder.

43 El Señor los libró muchas veces,

pero ellos se obstinaron en su actitud,

y se hundieron más y más en su maldad.

44 Sin embargo, el miró su aflicción

y escuchó sus lamentos.

45 Se acordó de su alianza en favor de ellos

y se arrepintió por su gran misericordia;

46 hizo que les tuvieran compasión

los que los habían llevado cautivos.

47 Sálvanos, Señor y Dios nuestro;

congréganos de entre las naciones,

para que podamos dar gracias a tu santo Nombre

y gloriarnos de haberte alabado.

48 ¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

desde ahora y para siempre!

Y todo el pueblo diga:

¡Amén! ¡Aleluya!

Salmo 107 

1 ¡Den gracias al Señor, porque es bueno,

porque es eterno su amor!

2 Que lo digan los redimidos por el Señor,

los que él rescató del poder del enemigo

3 y congregó de todas las regiones:

del norte y del sur, del oriente y el occidente;

4 los que iban errantes por el desierto solitario,

sin hallar el camino hacia un lugar habitable.

5 Estaban hambrientos, tenían sed

y ya les faltaba el aliento;

6 pero en la angustia invocaron al Señor,

y él los libró de sus tribulaciones:

7 los llevó por el camino recto,

y así llegaron a un lugar habitable.

8 Den gracias al Señor por su misericordia

y por sus maravillas en favor de los hombres,

9 porque él sació a los que sufrían sed

y colmó de bienes a los hambrientos.

10 Estaban en tinieblas, entre sombras de muerte,

encadenados y en la miseria,

11 por haber desafiado las órdenes de Dios

y despreciado el designio del Altísimo.

12 El los había agobiado con sufrimientos,

sucumbían, y nadie los ayudaba;

13 pero en la angustia invocaron al Señor,

y él los libró de sus tribulaciones:

14 los sacó de las tinieblas y las sombras,

e hizo pedazos sus cadenas.

15 Den gracias al Señor por su misericordia

y por sus maravillas en favor de los hombres,

16 porque él destrozó las puertas de bronce

y quebró los cerrojos de hierro.

17 Estaban debilitados y oprimidos,

a causa de sus rebeldías y sus culpas;

18 la comida les daba náuseas,

y ya tocaban las puertas de la muerte.

19 Pero en la angustia invocaron al Señor,

y él los libró de sus tribulaciones:

20 envió su palabra y los sanó,

salvó sus vidas del sepulcro.

21 Den gracias al Señor por su misericordia

y por sus maravillas en favor de los hombres:

22 ofrézcanle sacrificios de acción de gracias

y proclamen con júbilo sus obras.

23 Los que viajaron en barco por el mar,

para traficar por las aguas inmensas,

24 contemplaron las obras del Señor,

sus maravillas en el océano profundo.

25 Con su palabra desató un vendaval,

que encrespaba las olas del océano:

26 ellos subían hasta el cielo, bajaban al abismo,

se sentían desfallecer por el mareo,

27 se tambaleaban dando tumbos como ebrios,

y su pericia no les valía de nada.

28 Pero en la angustia invocaron al Señor,

y él los libró de sus tribulaciones:

29 cambió el huracán en una brisa suave

y se aplacaron las olas del mar;

30 entonces se alegraron de aquella calma,

y el Señor los condujo al puerto deseado.

31 Den gracias al Señor por su misericordia

y por sus maravillas en favor de los hombres:

32 aclámenlo en la asamblea del pueblo,

alábenlo en el consejo de los ancianos.

33 El hizo de los ríos un desierto

y de los oasis, una tierra estéril;

34 transformó el suelo fértil en una salina,

por la maldad de sus habitantes.

35 Convirtió el desierto en un lago,

y la tierra reseca en un oasis:

36 allí puso a los hambrientos,

y ellos fundaron una ciudad habitable.

37 Sembraron campos y plantaron viñas,

que produjeron frutos en las cosechas;

38 él los bendijo y se multiplicaron,

y no dejó que les faltara el ganado.

39 Cuando eran pocos, y estaban abatidos

por el peso de la desgracia y la aflicción,

40 el que cubre de vergüenza a los príncipes

y los extravía por un desierto sin huellas,

41 levantó a los pobres de la miseria

y multiplicó sus familias como rebaños.

42 Que los justos lo vean y se alegren,

y enmudezcan todos los malvados.

43 El que es sabio, que retenga estas cosas

y comprenda la misericordia del Señor.

Salmo 108 

1 Canto. Salmo de David.

2 Mi corazón está firme, Dios mío,

mi corazón está firme.

Voy a cantar al son de instrumentos:

¡despierta, alma mía!

3 ¡Despierten, arpa y cítara,

para que yo despierte a la aurora!

4 Te alabaré en medio de los pueblos, Señor,

te cantaré entre las naciones,

5 porque tu misericordia se eleva hasta el cielo

y tu fidelidad hasta las nubes.

6 ¡Levántate, Dios, por encima del cielo,

y que tu gloria cubra toda la tierra!

7 ¡Sálvanos con tu poder, respóndenos,

para que se pongan a salvo tus predilectos!

8 Dios habló desde su Santuario:

«Yo repartiré triunfalmente a Siquem

y distribuiré el valle de Sucot.

9 Mío es Galaad, Manasés me pertenece,

Efraím es mi yelmo, mi cetro es Judá.

10 Moab es la vasija donde yo me lavo;

plantaré mis sandalias en Edom

y cantaré victoria sobre Filistea».

11 ¿Quién me llevará hasta la ciudad fortificada,

quién me conducirá hasta Edom,

12 si tú, oh Dios, nos has rechazado

y ya no sales con nuestro ejército?

13 Danos tu ayuda contra el adversario,

porque es inútil el auxilio de los hombres.

14 Con Dios alcanzaremos la victoria,

y él aplastará a nuestros enemigos.

Salmo 109 

1 Del maestro de coro. De David. Salmo.

Dios de mi alabanza, no te quedes callado,

2 porque unos hombres malvados y mentirosos

han abierto su boca contra mí.

Me han alabado con mentira en los labios,

3 me han envuelto con palabras de odio,

me combaten sin motivo.

4 Me acusan, a cambio de mi amor,

aunque yo oraba por ellos.

5 Me devuelven mal por bien

y odio por amor, diciendo:

6 «Que se ponga contra él a un impío,

y tenga un acusador a su derecha;

7 que salga condenado del juicio

y su apelación quede frustrada.

8 Que sean pocos sus días

y que otro ocupe su cargo;

9 que sus hijos queden huérfanos,

y su mujer, viuda.

10 Que sus hijos vayan errantes, pidiendo limosna,

y sean echados de sus casas derruidas;

11 que el acreedor se apodere de sus bienes,

y gente extraña le arrebate sus ganancias.

12 Que ni uno solo le tenga piedad,

y nadie se compadezca de sus huérfanos;

13 que su posteridad sea exterminada,

y en una generación desaparezca su nombre.

14 Que el Señor recuerde la culpa de sus padres,

y no borre el pecado de su madre:

15 que estén siempre delante del Señor,

y él extirpe su recuerdo de la tierra.

16 Porque nunca pensó en practicar la misericordia,

sino que persiguió hasta la muerte al pobre,

al desvalido y al hombre atribulado.

17 Amó la maldición: que recaiga sobre él;

no quiso la bendición: que se retire de él.

18 Se revistió de la maldición como de un manto:

¡que ella penetre como agua en su interior

y como aceite en sus huesos;

19 que sea como un vestido que lo cubra

y como un cinturón que lo ciña para siempre!».

20 Que así retribuya el Señor a mis acusadores,

a aquellos que me calumnian.

21 Pero tú, Señor, trátame bien,

por el honor de tu Nombre;

líbrame, por la bondad de tu misericordia.

22 Porque yo soy pobre y miserable,

y mi corazón está traspasado;

23 me desvanezco como sombra que declina,

soy sacudido como la langosta.

24 De tanto ayunar se me doblan las rodillas,

y mi cuerpo está débil y enflaquecido;

25 soy para ellos un ser despreciable,

al verme, mueven la cabeza.

26 Ayúdame, Señor, Dios mío,

sálvame por tu misericordia,

27 para que sepan que aquí está tu mano,

y que tú, Señor, has hecho esto;

28 no importa que ellos maldigan,

con tal que tú me bendigas.

Queden confundidos mis adversarios,

mientras tu servidor se llena de alegría:

29 que mis acusadores se cubran de oprobio,

y la vergüenza los envuelva como un manto.

30 Yo daré gracias al Señor en alta voz,

lo alabaré en medio de la multitud,

31 porque él se puso de parte del pobre,

para salvarlo de sus acusadores.

Salmo 110 

1 De David. Salmo.

Dijo el Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,

mientras yo pongo a tus enemigos

como estrado de tus pies».

2 El Señor extenderá el poder de tu cetro:

«¡Domina desde Sión, en medio de tus enemigos!».

3 «Tú eres príncipe desde tu nacimiento,

con esplendor de santidad;

yo mismo te engendré como rocío,

desde el seno de la aurora».

4 El Señor lo ha jurado y no se retractará:

«Tú eres sacerdote para siempre,

a la manera de Melquisedec».

5 A tu derecha, Señor, él derrotará a los reyes,

en el día de su enojo;

6 juzgará a las naciones, amontonará cadáveres

y aplastará cabezas por toda la tierra.

7 En el camino beberá del torrente,

por eso erguirá su cabeza.

Salmo 111 

1 ¡Aleluya!

[Alef]Doy gracias al Señor de todo corazón,

[Bet]en la reunión y en la asamblea de los justos.

2 [Guímel] Grandes son las obras del Señor:

[Dálet] los que las aman desean comprenderlas.

3 [He] Su obra es esplendor y majestad,

[Vau] su justicia permanece para siempre.

4 [Zain] El hizo portentos memorables,

[Jet] el Señor es bondadoso y compasivo.

5 [Tet] Proveyó de alimento a sus fieles

[Iod] y se acuerda eternamente de su alianza.

6 [Caf] Manifestó a su pueblo el poder de sus obras,

[Lámed] dándole la herencia de las naciones.

7 [Mem] Las obras de sus manos son verdad y justicia;

[Nun] todos sus preceptos son indefectibles:

8 [Sámec] están afianzados para siempre

[Ain] y establecidos con lealtad y rectitud.

9 [Pe] El envió la redención a su pueblo,

[Sade] promulgó su alianza para siempre:

[Qof] Su Nombre es santo y temible.

10 [Res] El temor del Señor es el comienzo de la sabiduría:

[Sin] son prudentes los que lo practican.

[Tau] Su alabanza por siempre permanece.

Salmo 112 

1 ¡Aleluya!

[Alef] Feliz el hombre que teme al Señor

[Bet] y se complace en sus mandamientos.

2 [Guímel] Su descendencia será fuerte en la tierra:

[Dálet] la posteridad de los justos es bendecida.

3 [He] En su casa habrá abundancia y riqueza,

[Vau] su generosidad permanecerá para siempre.

4 [Zain] Para los buenos brilla una luz en las tinieblas:

[Jet] es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo.

5 [Tet] Dichoso el que se compadece y da prestado,

[Iod] y administra sus negocios con rectitud.

6 [Caf] El justo no vacilará jamás,

[Lámed] su recuerdo permanecerá para siempre.

7 [Mem] No tendrá que temer malas noticias:

[Nun] su corazón está firme, confiado en el Señor.

8 [Sámec] Su ánimo está seguro, y no temerá,

[Ain] hasta que vea la derrota de sus enemigos.

9 [Pe] El da abundantemente a los pobres:

[Sade] su generosidad permanecerá para siempre,

[Qof] y alzará su frente con dignidad.

10 [Res] El malvado, al verlo, se enfurece,

[Sin] rechinan sus dientes y se consume;

[Tau] pero la ambición de los malvados se frustrará.

Salmo 113 

1 ¡Aleluya! Alaben, servidores del Señor,

alaben el nombre del Señor.

2 Bendito sea el nombre del Señor,

desde ahora y para siempre.

3 Desde la salida del sol hasta su ocaso,

sea alabado el nombre del Señor.

4 El Señor está sobre todas las naciones,

su gloria se eleva sobre el cielo,

5 ¿Quién es como el Señor, nuestro Dios,

que tiene su morada en las alturas,

6 y se inclina para contemplar

el cielo y la tierra?

7 El levanta del polvo al desvalido,

alza al pobre de su miseria,

8 para hacerlo sentar entre los nobles,

entre los nobles y su pueblo;

9 él honra a la mujer estéril en su hogar,

haciendo de ella una madre feliz.

Salmo 114 

¡Aleluya!

1 Cuando Israel salió de Egipto,

la familia de Jacob, de un pueblo extranjero,

2 Judá se convirtió en su Santuario,

la tierra de Israel fue su dominio.

3 El Mar, al verlos, huyó,

el Jordán se volvió atrás;

4 los montes saltaron como carneros

y las colinas, como corderos.

5 ¿Qué tienes, Mar? ¿Por qué huyes?

Y tú, Jordán, ¿por qué te vuelves atrás?

6 Montes, ¿por qué saltan como carneros,

y ustedes, colinas, como corderos?

7 Tiembla, tierra, delante del Señor,

ante el rostro del Dios de Jacob,

8 el que convierte las rocas en estanques,

y los peñascos en manantiales.

Salmo 115 

1 No nos glorifiques a nosotros, Señor:

glorifica solamente a tu Nombre,

por tu amor y tu fidelidad.

2 ¿Por qué han de decir las naciones:

«¿Dónde está su dios»?

3 Nuestro Dios está en el cielo y en la tierra,

él hace todo lo que quiere.

4 Los ídolos, en cambio, son plata y oro,

obra de las manos de los hombres.

5 Tienen boca, pero no hablan,

tienen ojos, pero no ven;

6 tienen orejas, pero no oyen,

tienen nariz, pero no huelen.

7 Tienen manos, pero no palpan,

tienen pies, pero no caminan;

ni un solo sonido sale de su garganta.

8 Como ellos serán los que los fabrican,

los que ponen en ellos su confianza.

9 Pueblo de Israel, confía en el Señor:

él es tu ayuda y tu escudo;

10 familia de Aarón, confía en el Señor;

él es tu ayuda y tu escudo;

11 confíen en el Señor todos los que lo temen:

él es su ayuda y su escudo.

12 Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga:

bendiga al pueblo de Israel,

bendiga a la familia de Aarón,

13 bendiga a los que temen al Señor,

a los pequeños y a los grandes.

14 Que el Señor los multiplique,

a ustedes y a sus hijos;

15 y sean bendecidos por el Señor,

que hizo el cielo y la tierra.

16 El cielo pertenece al Señor,

y la tierra la entregó a los hombres.

17 Los muertos ya no alaban al Señor,

ni tampoco a los que bajaron del sepulcro.

18 Nosotros, los vivientes, bendecimos al Señor,

desde ahora y para siempre.

¡Aleluya!

Salmo 116 

1 Amo al Señor, porque él escucha

el clamor de mi súplica,

2 porque inclina su oído hacia mí,

cuando yo lo invoco.

3 Los lazos de la muerte me envolvieron,

me alcanzaron las redes del Abismo,

caí en la angustia y la tristeza;

4 entonces invoqué al Señor:

«¡Por favor, sálvame la vida!».

5 El Señor es justo y bondadoso,

nuestro Dios es compasivo;

6 el Señor protege a los sencillos:

yo estaba en la miseria y me salvó.

7 Alma mía, recobra la calma,

porque el Señor ha sido bueno contigo.

8 El libró mi vida de la muerte,

mis ojos de las lágrimas

y mis pies de la caída.

9 Yo caminaré en la presencia del Señor,

en la tierra de los vivientes.

10 Tenía confianza, incluso cuando dije:

«¡Qué grande es mi desgracia!».

11 Yo, que en mi turbación llegué a decir:

«¡Los hombres son todos mentirosos!».

12 ¿Con qué pagaré al Señor

todo el bien que me hizo?

13 Alzaré la copa de la salvación

e invocaré el nombre del Señor.

14 Cumpliré mis votos al Señor,

en presencia de todo su pueblo.

15 ¡Qué penosa es para el Señor

la muerte de sus amigos!

16 Yo, Señor, soy tu servidor,

tu servidor, lo mismo que mi madre:

por eso rompiste mis cadenas.

17 Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

e invocaré el nombre del Señor.

18 Cumpliré mis votos al Señor,

en presencia de todo su pueblo,

19 en los atrios de la Casa del Señor,

en medio de ti, Jerusalén.

¡Aleluya!

Salmo 117 

1 ¡Alaben al Señor, todas las naciones,

glorifíquenlo, todos los pueblos!

2 Porque es inquebrantable su amor por nosotros,

y su fidelidad permanece para siempre.

¡Aleluya!

Salmo 118 

1 ¡Aleluya!

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,

porque es eterno su amor!

2 Que lo diga el pueblo de Israel:

¡es eterno su amor!

3 Que lo diga la familia de Aarón:

¡es eterno su amor!

4 Que lo digan los que temen al Señor:

¡es eterno su amor!

5 En el peligro invoqué al Señor,

y él me escuchó dándome un alivio.

6 El Señor está conmigo: no temeré:

¿qué podrán hacerlo los hombres?

7 El Señor está conmigo y me ayuda:

yo veré derrotados a mis adversarios.

8 Es mejor refugiarse en el Señor

que fiarse de los hombres;

9 es mejor refugiarse en el Señor

que fiarse de los poderosos.

10 Todos los paganos me rodearon,

pero yo los derroté en el nombre del Señor;

11 me rodearon por todas partes,

pero yo los derroté en el nombre del Señor;

12 me rodearon como avispas,

ardían como fuego en las espinas,

pero yo los derroté en el nombre del Señor.

13 Me empujaron con violencia para derribarme,

pero el Señor vino en mi ayuda.

14 El Señor es mi fuerza y mi protección;

él fue mi salvación.

15 Un grito de alegría y de victoria

resuena en las carpas de los justos:

«La mano del Señor hace proezas,

16 la mano del Señor es sublime,

la mano del Señor hace proezas».

17 No, no moriré: viviré

para publicar lo que hizo el Señor,

18 El Señor me castigó duramente,

pero no me entregó a la muerte.

19 «Abran las puertas de la justicia

y entraré para dar gracias al Señor».

20 «Esta es la puerta del Señor:

sólo los justos entran por ella».

21 Yo te doy gracias porque me escuchaste

y fuiste mi salvación.

22 La piedra que desecharon los constructores

es ahora la piedra angular

23 Esto ha sido hecho por el Señor

y es admirable a nuestros ojos.

24 Este es el día que hizo el Señor:

alegrémonos y regocijémonos en él.

25 Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad.

26 ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor:

27 el Señor es Dios, y él nos ilumina.

«Ordenen una procesión con ramas frondosas

hasta los ángulos del altar».

28 Tú eres mi Dios, y yo te doy gracias;

Dios mío, yo te glorifico.

29 ¡Den gracias al Señor, porque es bueno,

porque es eterno su amor!

Salmo 119 

[Alef]

1 Felices los que van por un camino intachable,

los que siguen la ley del Señor,

2 Felices los que cumplen sus prescripciones

y lo buscan de todo corazón

3 los que van por sus caminos,

sin hacer ningún mal.

4 Tú promulgaste tus mandamientos

para que se cumplieran íntegramente.

5 ¡Ojalá yo me mantenga firme

en la observancia de tus preceptos!

6 Así no sentiré vergüenza,

al considerar tus mandamientos.

7 Te alabaré con un corazón recto,

cuando aprenda tus justas decisiones.

8 Quiero cumplir fielmente tus preceptos:

no me abandones del todo.

[Bet]

9 ¿Cómo un joven llevará una vida honesta?

Cumpliendo tus palabras.

10 Yo te busco de todo corazón:

no permitas que me aparte de tus mandamientos.

11 Conservo tu palabra en mi corazón,

para no pecar contra ti.

12 Tú eres bendito, Señor:

enséñame tus preceptos.

13 Yo proclamo con mis labios

todos los juicios de tu boca.

14 Me alegro de cumplir tus prescripciones,

más que de todas las riquezas.

15 Meditaré tus leyes

y tendré en cuenta tus caminos.

16 Mi alegría está en tus preceptos:

no me olvidaré de tu palabra.

[Guímel]

17 Sé bueno con tu servidor,

para que yo viva y pueda cumplir tu palabra.

18 Abre mis ojos,

para que contemple las maravillas de tu ley.

19 Soy un peregrino en la tierra,

no me ocultes tus mandamientos.

20 Mi alma se consume,

deseando siempre tus decisiones.

21 Tú amenazas a esos malditos arrogantes,

que se desvían de tus mandamientos.

22 Aparta de mí la vergüenza y el desprecio,

porque yo cumplo tus prescripciones.

23 Aunque los poderosos se confabulen contra mí,

yo meditaré tus preceptos.

24 Porque tus prescripciones son todo mi deleite,

y tus preceptos, mis consejeros.

[Dálet]

25 Mi alma está postrada en el polvo:

devuélveme la vida conforme a tu palabra.

26 Te expuse mi conducta y tú me escuchaste:

enséñame tus preceptos.

27 Instrúyeme en el camino de tus leyes,

y yo meditaré tus maravillas.

28 Mi alma llora de tristeza:

consuélame con tu palabra.

29 Apártame del camino de la mentira,

y dame la gracia de conocer tu ley.

30 Elegí el camino de la verdad,

puse tus decretos delante de mí.

31 Abracé tus prescripciones:

no me defraudes, Señor.

32 Correré por el camino de tus mandamientos,

porque tú me infundes ánimo.

[He]

33 Muéstrame, Señor, el camino de tus preceptos,

y yo los cumpliré a la perfección.

34 Instrúyeme, para que observe tu ley

y la cumpla de todo corazón.

35 Condúceme por la senda de tus mandamientos,

porque en ella tengo puesta mi alegría.

36 Inclina mi corazón hacia tus prescripciones

y no hacia la codicia.

37 Aparta mi vista de las cosas vanas;

vivifícame con tu palabra.

38 Cumple conmigo tu promesa,

la que hiciste a tus fieles.

39 Aparta de mí el oprobio que temo,

porque tus juicios son genuinos.

40 Yo deseo tus mandamientos:

vivifícame por tu justicia.

[Vau]

41 Que llegue hasta mí tu misericordia, Señor,

y tu salvación conforme a tu promesa.

42 Así responderé a los que me insultan,

porque confío en tu palabra.

43 No quites de mi boca la palabra verdadera,

porque puse mi esperanza en tus juicios.

44 Yo cumpliré fielmente tu ley:

lo haré siempre, eternamente.

45 Y caminaré por un camino espacioso,

porque busco tus preceptos.

46 Hablaré de tus prescripciones delante de los reyes,

y no quedaré confundido.

47 Me deleitaré en tus mandamientos

que yo amo tanto.

48 Elevaré mis manos hacia tus mandamientos

y meditaré tus preceptos.

[Zain]

49 Acuérdate de la palabra que me diste,

con la que alentaste mi esperanza.

50 Lo que me consuela en la aflicción

es que tu palabra me da la vida.

51 Los orgullosos se burlan de mí como quieren,

pero yo no me desvío de tu ley.

52 Me acuerdo, Señor, de tus antiguos juicios,

y eso me sirve de consuelo.

53 Me lleno de indignación ante los pecadores,

ante los que abandonan tu ley.

54 Tus preceptos son para mí como canciones,

mientras vivo en el destierro

55 Por la noche, Señor, me acuerdo de tu Nombre,

y quiero cumplir tu ley.

56 Esto me ha sucedido

porque he observado tus mandamientos.

[Jet]

57 El Señor es mi herencia:

yo he decidido cumplir tus palabras.

58 Procuro de todo corazón que me mires con bondad;

ten piedad de mí, conforme a tu promesa.

59 Examino atentamente mis caminos,

y dirijo mis pasos hacia tus prescripciones.

60 Me apresuro, sin titubear,

a cumplir tus mandamientos

61 Los lazos de los malvados me rodean,

pero yo no me olvido de tu ley,

62 Me levanto a medianoche para alabarte

por tus justas decisiones.

63 Soy amigo de todos tus fieles,

de los que cumplen tus leyes.

64 La tierra, Señor, está llena de tu amor;

enséñame tus preceptos.

[Tet]

65 Tú fuiste bueno con tu servidor,

de acuerdo con tu palabra, Señor.

66 Enséñame la discreción y la sabiduría,

porque confío en tus mandamientos.

67 Antes de ser afligido, estaba descarriado;

pero ahora cumplo tu palabra.

68 Tú eres bueno y haces el bien:

enséñame tus mandamientos.

69 Los orgullosos traman engaños contra mí:

pero yo observo tus preceptos.

70 Ellos tienen el corazón endurecido,

yo, en cambio, me regocijo en tu ley,

71 Me hizo bien sufrir la humillación,

porque así aprendí tus preceptos.

72 Para mí vale más la ley de tus labios

que todo el oro y la plata.

[Iod]

73 Tus manos me hicieron y me formaron;

instrúyeme, para que aprenda tus mandamientos.

74 Tus fieles verán con alegría

que puse mi esperanza en tu palabra.

75 Yo sé que tus juicios son justos, Señor,

y que me has humillado con razón.

76 Que tu misericordia me consuele,

de acuerdo con la promesa que me hiciste.

77 Que llegue hasta mí tu compasión,

y viviré porque tu ley es toda mi alegría.

78 Que se avergüencen los orgullosos, porque me afligen sin motivo;

yo, en cambio, meditaré tus preceptos.

79 Que se vuelvan hacia mí tus fieles;

los que tienen en cuenta tus prescripciones

80 Que mi corazón cumpla íntegramente tus preceptos,

para que yo no quede confundido.

[Caf]

81 Mi alma se consume por tu salvación;

yo espero en tu palabra.

82 Mis ojos se consumen por tu palabra,

¿cuándo me consolarás?

83 Aunque estoy como un odre resecado por el humo,

no me olvido de tus preceptos.

84 ¿Cuántos serán los días de mi vida?

¿Cuándo juzgarás a mis perseguidores?

85 Los orgullosos me cavan fosas,

oponiéndose a tu ley.

86 Todos tus mandamientos son verdaderos;

ayúdame, porque me persiguen sin motivo.

87 Por poco me hacen desaparecer de la tierra;

pero no abandono tus preceptos.

88 Vivifícame por tu misericordia,

y cumpliré tus prescripciones.

[Lámed]

89 Tu palabra, Señor, permanece para siempre,

está firme en el cielo.

90 Tu verdad permanece por todas las generaciones;

tú afirmaste la tierra y ella subsiste.

91 Todo subsiste hasta hoy conforme a tus decretos,

porque todas las cosas te están sometidas.

92 Si tu ley no fuera mi alegría,

ya hubiera sucumbido en mi aflicción.

93 Nunca me olvidaré de tus preceptos:

por medio de ellos, me has dado la vida.

94 Sálvame, porque yo te pertenezco

y busco tus preceptos.

95 Los malvados están al acecho para perderme,

pero yo estoy atento a tus prescripciones.

96 He comprobado que toda perfección es limitada:

¡qué amplios, en cambio, son tus mandamientos!

[Mem]

97 ¡Cuánto amo tu ley,

todo el día la medito!

98 Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos,

porque siempre me acompañan.

99 Soy más prudente que todos mis maestros,

porque siempre medito tus prescripciones.

100 Soy más inteligente que los ancianos,

porque observo tus preceptos.

101 Yo aparto mis pies del mal camino,

para cumplir tu palabra.

102 No me separo de tus juicios,

porque eres tú el que me enseñas.

103 ¡Qué dulce es tu palabra para mi boca,

es más dulce que la miel!

104 Tus preceptos me hacen comprender:

por eso aborrezco el camino de la mentira.

[Nun]

105 Tu palabra es una lámpara para mis pasos,

y una luz en mi camino.

106 Hice un juramento –y lo sostengo–

de cumplir tus justas decisiones.

107 Estoy muy afligido, Señor:

vivifícame, conforme a tu palabra.

108 Acepta, Señor, las ofrendas de mis labios,

y enséñame tus decisiones.

109 Mi vida está en constante peligro,

pero yo no me olvido de tu ley.

110 Los pecadores me tienden una trampa,

pero yo no me aparto de tus preceptos.

111 Tus prescripciones son mi herencia para siempre,

porque alegran mi corazón.

112 Estoy decidido a cumplir tus preceptos,

siempre y a la perfección

[Sámec]

113 Detesto la doblez del corazón

y amo tu ley,

114 Tú eres mi amparo y mi escudo:

yo espero en tu palabra.

115 Que los malvados se aparten de mí:

yo cumpliré los mandamientos de mi Dios.

116 Sé mi sostén conforme a tu promesa, y viviré:

que mi esperanza no quede defraudada.

117 Dame tu apoyo y seré salvado,

y fijaré la mirada en tus preceptos.

118 Tú abandonas a los que se desvían de tus preceptos,

porque todo o que piensan es mentira.

119 Tú eliminas como escoria a los impíos,

por eso amo tus prescripciones.

120 Mi carne se estremece de temor por ti,

y respecto tus decisiones.

[Ain]

121 He obrado conforme al derecho y a la justicia:

no me entregues a mis opresores.

122 Otorga una garantía a mi favor,

para que no me opriman los orgullosos.

123 Mis ojos se consumen por tu salvación

y por tu promesa de justicia.

124 Trátame conforme a tu bondad,

y enséñame tus preceptos.

125 Yo soy tu servidor: instrúyeme,

y así conoceré tus prescripciones.,

126 Ha llegado, Señor, el tiempo de obrar;

han quebrantado tu ley.

127 Por eso amo tus mandamientos

y los prefiero al oro más fino.

128 Por eso me guío por tus preceptos

y aborrezco todo camino engañoso.

[Pe]

129 Tus prescripciones son admirables:

por eso las observo.

130 La explicación de tu palabra ilumina

y da inteligencia al ignorante.

131 Abro mi boca y aspiro hondamente,

porque anhelo tus mandamientos.

132 Vuelve tu rostro y ten piedad de mí;

es justo que lo hagas con los que aman tu Nombre.

133 Afirma mis pasos conforme a tu palabra,

para que no me domine la maldad.

134 Líbrame de la opresión de los hombres,

y cumpliré tus mandamientos.

135 Que brille sobre mí la luz de tu rostro,

y enséñame tus preceptos.

136 Ríos de lágrimas brotaron de mis ojos,

porque no se cumple tu ley.

[Sade]

137 Tú eres justo, Señor,

y tus juicios son rectos.

138 Tú impones tus prescripciones

con justicia y con absoluta lealtad.

139 El celo me consume,

porque mis adversarios olvidan tu palabra.

140 Tu palabra está bien acrisolada,

y por eso la amo.

141 Soy pequeño y despreciable,

pero no olvido tus preceptos.

142 Tu justicia es eterna

y tu ley es la verdad.

143 Cuando me asalta la angustia y la opresión,

tus mandamientos son toda mi alegría.

144 La justicia de tus prescripciones es eterna;

instrúyeme y viviré.

[Qof]

145 Yo clamo de todo corazón:

escúchame, Señor, y observaré tus preceptos.

146 Clamo a ti: Sálvame,

y cumpliré tus prescripciones.

147 Me anticipo a la aurora para implorar tu ayuda;

yo espero en tu palabra.

148 Mis ojos se anticipan a las vigilias de la noche,

para meditar tus enseñanzas.

149 Por tu amor, oye mi voz, Señor,

y vivifícame por tu justicia.

150 Se acercan a mí los ojos que me persiguen con perfidia,

los que están alejados de tu ley.

151 Pero tú estás cerca, Señor,

y todos tus mandamientos son verdaderos.

152 Yo sé desde hace mucho tiempo

que tú afirmaste para siempre tus prescripciones.

[Res]

153 Mira mi aflicción y líbrame,

porque me olvido de tu ley.

154 Defiende mi causa y sálvame;

vivifícame conforme a tu promesa.

155 La salvación está lejos de los impíos,

porque no buscan tus preceptos.

156 Tu compasión es muy grande, Señor;

vivifícame por tu justicia.

157 Son muchos los que me persiguen y me oprimen,

pero yo no me desvié de tus prescripciones.

158 Veo a los pecadores y siento indignación,

porque no cumplen tu palabra.

159 Mira que yo amo tus preceptos:

vivifícame, Señor, por tu amor.

160 Lo primordial de tu palabra es la verdad,

y tus justos juicios permanecen para siempre.

[Sin]

161 Los poderosos me persiguen sin motivo,

pero yo temo únicamente tu palabra.

162 Yo me alegro en tu promesa,

como quien logra un gran botín,

163 Odio y aborrezco la mentira;

en cambio, amo tu ley.

164 Te bendigo muchas veces al día,

porque tus juicios son justos.

165 Los que aman tu ley gozan de una gran paz,

nada los hace tropezar.

166 Yo espero tu salvación, Señor,

y cumplo tus mandamientos.

167 Mi alma observa tus prescripciones,

y las ama intensamente.

168 Yo observo tus mandamientos y tus prescripciones,

porque tú conoces todos mis caminos.

[Tau]

169 Que mi clamor se acerque a ti, Señor:

instrúyeme conforme a tu palabra.

170 Que mi plegaria llegue a tu presencia:

líbrame, conforme a tu promesa,

171 Que mis labios expresen tu alabanza,

porque me has enseñado tus preceptos.

172 Que mi lengua se haga eco de tu promesa,

porque todos tus mandamientos son justos.

173 Que tu mano venga en mi ayuda,

porque yo elegí tus preceptos..

174 Yo ansío tu salvación, Señor,

y tu ley es toda mi alegría.

175 Que yo viva y pueda alabarte,

y que tu justicia venga en mi ayuda.

176 Ando errante como una oveja perdida:

ven a buscar a tu servidor.

Yo nunca olvido tus mandamientos.

Salmo 120 

1 Canto de peregrinación.

En mi aflicción invoqué al Señor,

y él me respondió.

2 ¡Líbrame, Señor, de los labios mentirosos

y de la lengua traicionera!

3 ¿Con qué te castigará el Señor,

lengua traicionera?

4 Con flechas afiladas de guerrero

y con brasas de retama.

5 ¡Ay de mí, que estoy desterrado en Mésec,

y vivo en los campamentos de Quedar!

6 Mucho tiempo he convivido

con los que odian la paz.

7 Cuando yo hablo de paz,

ellos declaran la guerra.

Salmo 121 

1 Canto de peregrinación.

Levanto mis ojos a las montañas:

¿de dónde me vendrá la ayuda?

2 La ayuda me viene del Señor,

que hizo el cielo y la tierra.

3 El no dejará que resbale tu pie:

¡tu guardián no duerme!

4 No, no duerme ni dormita

el guardián de Israel.

5 El Señor es tu guardián,

es la sombra protectora a tu derecha:

6 de día, no te dañará el sol,

ni la luna de noche.

7 El Señor te protegerá de todo mal

y cuidará tu vida.

8 El te protegerá en la partida y el regreso,

ahora y para siempre.

Salmo 122 

1 Canto de peregrinación. De David.

¡Qué alegría cuando me dijeron:

«Vamos a la Casa del Señor»!

2 Nuestros pies ya están pisando

tus umbrales, Jerusalén.

3 Jerusalén, que fuiste construida

como ciudad bien compacta y armoniosa.

4 Allí suben las tribus, las tribus del Señor

–según es norma en Israel–

para celebrar el nombre del Señor.

5 Porque allí está el trono de la justicia,

el trono de la casa de David.

6 Auguren la paz a Jerusalén:

«¡Vivan seguros los que te aman!

7 ¡Haya paz en tus muros

y seguridad en tus palacios!».

8 Por amor a mis hermanos y amigos,

diré: «La paz esté contigo».

9 Por amor a la Casa del Señor, nuestro Dios,

buscaré tu felicidad.

Salmo 123 

1 Canto de peregrinación.

Levanto mis ojos hacia ti,

que habitas en el cielo.

2 Como los ojos de los servidores

están fijos en las manos de su señor,

y los ojos de la servidora

en las manos de su dueña:

así miran nuestros ojos al Señor, nuestro Dios,

hasta que se apiade de nosotros.

3 ¡Ten piedad, Señor,

ten piedad de nosotros,

porque estamos hartos de desprecios!

4 Nuestra alma está saturada

de la burla de los arrogantes,

del desprecio de los orgullosos.

Salmo 124 

1 Canto de peregrinación. De David.

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte

–que lo diga Israel–,

2 si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,

cuando los hombres se alzaron contra nosotros,

3 nos habrían devorado vivos.

Cuando ardió su furor contra nosotros,

4 las aguas nos habrían inundado,

un torrente nos habría sumergido,

5 nos habrían sumergido las aguas turbulentas.

6 ¡Bendito sea el Señor,

que no nos entregó como presa de sus dientes!

7 Nuestra vida se salvó como un pájaro

de la trampa del cazador:

la trampa se rompió y nosotros escapamos.

8 Nuestra ayuda está en el nombre del Señor,

que hizo el cielo y la tierra.

Salmo 125 

1 Canto de peregrinación.

Los que confían en el Señor

son como el monte Sión,

que permanece inconmovible para siempre.

2 Jerusalén está rodeada de montañas:

así rodea el Señor a su pueblo,

desde ahora y para siempre.

3 No permanecerá el cetro de los malvados

sobre la herencia de los justos;

no sea que también los justos

inclinen sus manos a la maldad.

4 Colma de bienes, Señor,

a los buenos y a los rectos de corazón.

5 ¡Que el Señor haga ir con los malvados

a los que se desvían por camino tortuosos!

¡Paz a Israel!

Salmo 126 

1 Canto de peregrinación.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,

nos parecía que soñábamos:

2 nuestra boca se llenó de risas

y nuestros labios, de canciones.

Hasta los mismos paganos decían:

«¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!».

3 ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros

y estamos rebosantes de alegría!

4 ¡Cambia, Señor, nuestra suerte

como los torrentes del Négueb!

5 Los que siembran entre lágrimas

cosecharán entre canciones.

6 El sembrador va llorando

cuando esparce la semilla,

pero vuelve cantando

cuando trae las gavillas.

Salmo 127 

1 Canto de peregrinación. De Salomón.

Si el Señor no edifica la casa,

en vano trabajan los albañiles;

si el Señor no custodia la ciudad

en vano vigila el centinela.

2 Es inútil que ustedes madruguen;

es inútil que velen hasta muy tarde

y se desvivan por ganar el pan:

¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

3 Los hijos son un regalo del Señor,

el fruto del vientre es una recompensa;

4 como flechas en la mano de un guerrero

son los hijos de la juventud.

5 ¡Feliz el hombre que llena con ellos su aljaba!

No será humillado al discutir con sus enemigos

en la puerta de la ciudad.

Salmo 128 

1 Canto de peregrinación.

¡Feliz el que teme al Señor

y sigue sus caminos!

2 Comerás del fruto de tu trabajo,

serás feliz y todo te irá bien.

3 Tu esposa será como una vid fecunda

en el seno de tu hogar;

tus hijos, como retoños de olivo

alrededor de tu mesa.

4 ¡Así será bendecido

el hombre que teme al Señor!

5 ¡Que el Señor te bendiga desde Sión

todos los días de tu vida:

que contemples la paz de Jerusalén

6 y veas a los hijos de tus hijos!

¡Paz a Israel!

Salmo 129 

1 Canto de peregrinación.

¡Cuánto me han asediado desde mi juventud

–que lo diga Israel–,

2 cuánto me han asediado desde mi juventud,

pero no pudieron contra mí!

3 Clavaron un arado en mis espaldas

y abrieron largos surcos,

4 Pero el Señor, que es justo,

rompió el yugo de los impíos.

5 ¡Retrocedan llenos de vergüenza

todos los que aborrecen a Sión:

6 Sean como la hierba de los techos,

que se seca antes de ser arrancada!

7 Con ella, el segador no llena su mano,

ni cubre su pecho el que ata las gavillas.

8 Y nadie comenta al pasar:

«El Señor los ha bendecido».

Descienda sobre ustedes nuestra bendición,

en el nombre del Señor.

Salmo 130 

1 Canto de peregrinación.

Desde lo más profundo te invoco, Señor,

2 ¡Señor, oye mi voz!

Estén tus oídos atentos

al clamor de mi plegaria.

3 Si tienes en cuenta las culpas, Señor,

¿quién podrá subsistir?

4 Pero en ti se encuentra el perdón,

para que seas temido.

5 Mi alma espera en el Señor,

y yo confío en su palabra.

6 Mi alma espera al Señor,

más que el centinela la aurora.

Como el centinela espera la aurora,

7 espere Israel al Señor,

porque en él se encuentra la misericordia

y la redención en abundancia:

8 él redimirá a Israel

de todos sus pecados.

Salmo 131 

1 Canto de peregrinación. De David.

Mi corazón no se ha ensoberbecido, Señor,

ni mis ojos se han vuelto altaneros.

No he pretendido grandes cosas

ni he tenido aspiraciones desmedidas.

2 No, yo aplaco y modero mis deseos:

como un niño tranquilo en brazos de su madre,

así está mi alma dentro de mí.

3 Espere Israel en el Señor,

desde ahora y para siempre.

Salmo 132 

1 Canto de peregrinación.

Acuérdate, Señor, en favor de David,

de todos sus desvelos,

2 del juramento que prestó al Señor,

del voto que hizo al Fuerte de Jacob:

3 «No entraré bajo el techo de mi casa

ni me acostaré en mi propio lecho;

4 no daré descanso a mis ojos

ni reposo a mis párpados,

5 hasta que encuentre un lugar para el Señor,

una Morada para el Fuerte de Jacob».

6 Sí, oímos hablar del Arca de Efratá,

y la encontramos en los campos de Jaar.

7 ¡Entremos en su Morada,

postrémonos ante el estrado de sus pies!

8 ¡Levántate, Señor, entra en el lugar de tu Reposo,

tú y tu Arca poderosa!

9 Que tus sacerdotes se revistan de justicia

y tus fieles griten de alegría.

10 Por amor a David, tu servidor,

no rechaces a tu Ungido.

11 El Señor hizo un juramento a David,

una firme promesa, de la que no se retractará:

«Yo pondré sobre tu trono

a uno de tus descendientes.

12 Si tus descendientes observan mi alianza

y los preceptos que yo les enseñaré,

también se sentarán sus hijos

en tu trono para siempre».

13 Porque el Señor eligió a Sión,

y la deseó para que fuera su Morada.

14 «Este es mi Reposo para siempre;

aquí habitaré, porque lo he deseado.

15 Yo lo bendeciré con abundantes provisiones

y saciaré de pan a sus pobres;

16 revestiré a los sacerdotes con la salvación,

y sus fieles gritarán de alegría.

17 Allí haré germinar el poder de David:

yo preparé una lámpara para mi ungido.

18 Cubriré de vergüenza a sus enemigos,

y su insignia real florecerá sobre él».

Salmo 133 

1 Canto de peregrinación. De David.

¡Qué bueno y agradable

es que los hermanos vivan unidos!

2 Es como el óleo perfumado sobre la cabeza,

que desciende por la barba

–la barba de Aarón–

hasta el borde de sus vestiduras

3 Es como el rocío del Hermón

que cae sobre las montañas de Sión.

Allí el Señor da su bendición,

la vida para siempre.

Salmo 134 

1 Canto de peregrinación.

Bendigan al Señor,

ustedes, que son sus servidores,

los que pasan en la Casa del Señor

las horas de la noche.

2 Eleven las manos al Santuario

y bendigan al Señor.

3 El Señor que hizo el cielo y la tierra

los bendiga desde Sión.

Salmo 135 

1 ¡Aleluya!

Alaben el nombre del Señor,

alábenlo, servidores del Señor,

2 los que están en la Casa del Señor,

en los atrios del Templo de nuestro Dios.

3 Alaben al Señor, porque es bueno,

canten a su Nombre, porque es amable;

4 porque el Señor eligió a Jacob,

a Israel, para que fuera su posesión.

5 Sí, yo sé que el Señor es grande,

nuestro Dios está sobre todos los dioses.

6 el Señor hace todo lo que quiere en el cielo y en la tierra,

en el mar y en los océanos.

7 Levanta las nubes desde el horizonte,

con los relámpagos provoca la lluvia,

saca a los vientos de sus depósitos.

8 El hirió a los primogénitos de Egipto,

tanto a los hombres como a los animales:

9 realizó señales y prodigios

–en medio de ti, Egipto–

contra el Faraón y todos sus ministros.,

10 Derrotó a muchas naciones

y mató a reyes poderosos:

11 a Sijón, rey de los amorreos,

a Og, rey de Basán,

y a todos los reyes de Canaán.

12 Y dio sus territorios en herencia,

en herencia a su pueblo, Israel.

13 Tu Nombre, Señor, permanece para siempre,

y tu recuerdo, por todas las generaciones:

14 porque el Señor defiende a su pueblo

y se compadece de sus servidores.

15 Los ídolos de las naciones son plata y oro,

obra de las manos de los hombres:

16 tienen boca, pero no hablan;

tienen ojos, pero no ven;

17 tienen orejas, pero no oyen,

y no hay aliento en su boca.

18 ¡Qué sean como ellos los que los fabrican,

y también los que confían en ellos!

19 Pueblo de Israel, bendice al Señor;

familia de Aarón, bendice al Señor;

20 familia de Leví, bendice al Señor;

fieles del Señor, bendigan al Señor.

21 ¡Bendito sea el Señor desde Sión,

el que habita en Jerusalén!

¡Aleluya!

Salmo 136 

1 ¡Aleluya! ¡Den gracias al Señor, porque es bueno,

porque es eterno su amor!

2 ¡Den gracias al Dios de los Dioses,

porque es eterno su amor!

3 ¡Den gracias al Señor de los señores,

porque es eterno su amor!

4 Al único que hace maravillas,

¡porque es eterno su amor!

5 al que hizo los cielos sabiamente,

¡porque es eterno su amor!

6 al que afirmó la tierra sobre las aguas,

¡porque es eterno su amor!

7 Al que hizo los grandes astros,

¡porque es eterno su amor!

8 el sol, para gobernar el día,

¡porque es eterno su amor!

9 la luna y las estrellas para gobernar la noche,

¡porque es eterno su amor!

10 Al que hirió a los primogénitos de Egipto,

¡porque es eterno su amor!

11 y sacó de allí a su pueblo,

¡porque es eterno su amor!

12 con mano fuerte y brazo poderoso,

¡porque es eterno su amor!

13 Al que abrió en dos partes el Mar Rojo,

¡porque es eterno su amor!

14 al que hizo pasar por el medio a Israel,

¡porque es eterno su amor!

15 y hundió en el Mar Rojo al Faraón con sus tropas,

¡porque es eterno su amor!

16 Al que guió a su pueblo por el desierto

¡porque es eterno su amor!

17 al que derrotó a reyes poderosos,

¡porque es eterno su amor!

18 y dio muerte a reyes temibles,

¡porque es eterno su amor!

19 a Sijón, rey de los amorreos,

¡porque es eterno su amor!

20 y a Og, rey de Basán,

¡porque es eterno su amor!

21 Al que dio sus territorios en herencia,

¡porque es eterno su amor!

22 en herencia a Israel, su servidor,

¡porque es eterno su amor!

23 al que en nuestra humillación se acordó de nosotros,

¡porque es eterno su amor!

24 y nos libró de nuestros opresores,

¡porque es eterno su amor!

25 Al que da el alimento a todos los vivientes,

¡porque es eterno su amor!

26 ¡Den gracias al Dios de los cielos,

porque es eterno su amor!

Salmo 137 

1 Junto a los ríos de Babilonia,

nos sentábamos a llorar,

acordándonos de Sión,

2 En los sauces de las orillas

teníamos colgadas nuestras cítaras.

3 Allí nuestros carceleros nos pedían cantos,

y nuestros opresores, alegría:

«¡Canten para nosotros un canto de Sión!».

4 ¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor

en tierra extranjera?

5 Si me olvidara de ti, Jerusalén,

que se paralice mi mano derecha;

6 que la lengua se me pegue al paladar

si no me acordara de ti,

si no pusiera a Jerusalén

por encima de todas mis alegrías.

7 Recuerda, Señor, contra los edomitas,

el día de Jerusalén,

cuando ellos decían: «¡Arrásenla!

¡Arrasen hasta sus cimientos!».

8 ¡Ciudad de Babilonia, la devastadora,

feliz el que te devuelva el mal que nos hiciste!

9 ¡Feliz el que tome a tus hijos

y los estrelle contra las rocas!

Salmo 138 

1 De David.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,

te cantaré en presencia de los ángeles.

2 Me postraré ante tu santo Templo,

y daré gracias a tu Nombre

por tu amor y tu fidelidad,

porque tu promesa ha superado tu renombre.

3 Me respondiste cada vez que te invoqué

y aumentaste la fuerza de mi alma.

4 Que los reyes de la tierra te bendigan

al oír las palabras de tu boca,

5 y canten los designios del Señor,

porque la gloria del Señor es grande.

6 El Señor está en las alturas,

pero se fija en el humilde

y reconoce al orgulloso desde lejos,

7 Si camino entre peligros, me conservas la vida,

extiendes tu mano contra el furor de mi enemigo,

y tu derecha me salva.

8 El Señor lo hará todo por mí.

Señor, tu amor es eterno,

¡no abandones la obra de tus manos!

Salmo 139 

1 Del maestro de coro. De David. Salmo.

Señor, tú me sondeas y me conoces

2 tú sabes si me siento o me levanto;

de lejos percibes lo que pienso,

3 te das cuenta si camino o si descanso,

y todos mis pasos te son familiares.

4 Antes que la palabra esté en mi lengua,

tú, Señor, la conoces plenamente;

5 me rodeas por detrás y por delante

y tienes puesta tu mano sobre mí;

6 una ciencia tan admirable me sobrepasa:

es tan alta que no puedo alcanzarla.

7 ¿A dónde iré para estar lejos de tu espíritu?

¿A dónde huiré de tu presencia?

8 Si subo al cielo, allí estás tú;

si me tiendo en el Abismo, estás presente.

9 Si tomara las alas de la aurora

y fuera a habitar en los confines del mar,

10 también allí me llevaría tu mano

y me sostendría tu derecha.

11 Si dijera: «¡Que me cubran las tinieblas

y la luz sea como la noche a mi alrededor!»,

12 las tinieblas no serían oscuras para ti

y la noche será clara como el día.

13 Tú creaste mis entrañas,

me plasmaste en el seno de mi madre:

14 te doy gracias porque fui formado

de manera tan admirable.

¡Qué maravillosas son tus obras!

Tú conocías hasta el fondo de mi alma

15 y nada de mi ser se te ocultaba,

cuando yo era formado en lo secreto,

cuando era tejido en lo profundo de la tierra.

16 Tus ojos ya veían mis acciones,

todas ellas estaban en tu Libro;

mis días estaban escritos y señalados,

antes que uno solo de ellos existiera.

17 ¡Qué difíciles son para mí tus designios!

¡Y qué inmenso, Dios mío, es el conjunto de ellos!

18 Si me pongo a contarlos,

son más que la arena;

y si terminara de hacerlo,

aún entonces seguiría a tu lado.

19 ¡Ojalá, Dios mío, hicieras morir a los malvados

y se apartaran de mí los hombres sanguinarios,

20 esos que hablan de ti con perfidia

y en vano se rebelan contra ti!

21 ¿Acaso yo no odio a los que te odian

y aborrezco a los que te desprecian?

22 Yo los detesto implacablemente,

y son para mí verdaderos enemigos.

23 Sondéame, Dios mío, y penetra mi interior;

examíname y conoce los que pienso;

24 observa si estoy en un camino falso

y llévame por el camino eterno.

Salmo 140 

1 Del maestro de coro. Salmo de David.

2 Líbrame, Señor, de la gente malvada,

protégeme de los hombres violentos,

3 de los que sólo piensan en hacer el mal

y provocan discordias todo el día.

4 Ellos afilan su lengua como serpientes,

en sus labios hay veneno de víboras.

5 Defiéndeme, Señor, de las manos del impío,

protégeme de los hombres violentos,

de los que intentan hacerme tropezar

y han tendido una red ante mis pies:

6 los prepotentes me han ocultado trampas y lazos,

me han puesto acechanzas al borde del camino.

7 Pero yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios»:

escucha, Señor, el clamor de mi súplica;

8 Señor, mi Señor, mi ayuda poderosa,

recubre mi cabeza en el momento del combate.

9 No satisfagas los deseos del malvado

ni dejes que se cumplan sus proyectos;

10 que no levanten cabeza los que me asedian,

y su maledicencia los envuelva.

11 Que se acumulen sobre ellos carbones encendidos,

que caigan en lo profundo y no puedan levantarse.

12 Que los difamadores no estén seguros en la tierra,

y la desgracia persiga a muerte al violento.

13 Yo sé que el Señor hace justicia a los humildes

y defiende los derechos de los pobres.

14 Sí, los justos darán gracias a tu Nombre

y los buenos vivirán en tu presencia.

Salmo 141 

1 Salmo de David.

Yo te invoco, Señor, ven pronto en mi ayuda;

escucha mi voz cuando te llamo;

2 que mi oración suba hasta ti como el incienso,

y mis manos en alto, como la ofrenda de la tarde,

3 Coloca, Señor, un guardián en mi boca

y un centinela a la puerta de mis labios;

4 no dejes que mi corazón se incline a la maldad,

o a cometer delitos con hombres perversos.

¡No, nunca gustaré de sus manjares!

5 Que el justo me golpee como amigo y me corrija,

pero que el óleo del malvado no perfume mi cabeza:

yo seguiré oponiendo mi oración a sus maldades.

6 Sus príncipes cayeron despeñados,

esos que se complacían en oírme decir:

7 «Como una piedra de molino hecha pedazos

están esparcidos nuestros huesos

ante las fauces del Abismo».

8 Pero mis ojos, Señor, fijos en ti:

en ti confío, no me dejes indefenso.

9 Protégeme del lazo que me han tendido

y de las trampas de los que hacen el mal.

10 ¡Caigan los malvados en sus propias redes,

mientras yo paso sin hacerme daño!

Salmo 142 

1 Poema de David. Cuando estaba en la cueva. Oración.

2 Invocaré al Señor con toda mi voz,

con toda mi voz suplicaré al Señor;

3 expondré mi queja ante él,

expresaré mi angustia en su presencia.

4 Ya se me acaba el aliento,

pero tú conoces mi camino:

en la senda por donde voy

me han ocultado una trampa.

5 Miro a la derecha, observo,

y no hay nadie que se ocupe de mí;

ya no tengo dónde refugiarme,

nadie se interesa por mi vi da.

6 Por eso clamo a ti, Señor, y te digo:

«Tú eres mi refugio,

mi herencia en la tierra de los vivientes».

7 Atiende a mi clamor,

porque estoy en la miseria;

líbrame de mis perseguidores,

porque son más fuertes que yo.

8 Sácame de la prisión,

y daré gracias a tu Nombre:

porque los justos esperan

que me concedas tu favor.

Salmo 143 

1 Salmo de David.

Señor, escucha mi oración,

atiende a mi plegaria;

respóndeme, por tu fidelidad y tu justicia.

2 No llames a juicio a tu servidor,

porque ningún ser viviente es justo en tu presencia.

3 El enemigo me persiguió a muerte,

aplastó mi vida contra el suelo;

me introdujo en las tinieblas,

como a los muertos de hace muchos años.

4 El aliento se extingue en mi interior,

mi corazón desfallece en mi pecho.

5 Me acuerdo de los tiempos pasados,

medito todas tus acciones;

considero la obra de tus manos

6 y extiendo mis brazos hacia ti:

suspiro por ti como tierra reseca.

7 Respóndeme en seguida, Señor,

porque estoy sin aliento.

No me ocultes tu rostro,

para que yo no sea como los que bajan a la fosa.

8 Que yo experimente tu amor por la mañana,

porque confío en ti;

indícame el camino que debo seguir,

porque a ti elevo mi alma.

9 Líbrame, Señor, de mis enemigos,

porque me refugio en ti;

10 enséñame a hacer tu voluntad,

porque tú eres mi Dios.

Que tu espíritu bondadoso me conduzca

por una tierra llana.

11 Por amor de tu Nombre, Señor,

consérvame la vida.

Por tu justicia, sácame del peligro;

12 por tu fidelidad, destruye a mi enemigo;

aniquila a mis opresores,

porque yo soy tu servidor.

Salmo 144 

1 De David.

Bendito sea el Señor, mi Roca,

el que adiestra mis brazos para el combate

y mis manos para la lucha.

2 El es mi bienhechor y mi fortaleza,

mi baluarte y mi libertador;

él es el escudo con que me resguardo,

y el que somete los pueblos a mis pies.

3 Señor, ¿qué es el hombre para que tú lo cuides,

y el ser humano, para que pienses en él?

4 El hombre es semejante a un soplo,

y sus días son como una sombre fugaz.

5 Inclina tu cielo, Señor, y desciende;

toca las montañas para que arrojen humo.

6 Lanza un rayo y dispersa a tus enemigos,

dispara tus flechas, y confúndelos.

7 Extiende tu mano desde lo alto,

y líbrame de las aguas caudalosas;

sálvame del poder de los extranjeros,

8 que dicen mentiras con la boca

y tienen las manos llenas de traición.

9 Dios mío, yo quiero cantarte un canto nuevo

y tocar para ti con el arpa de diez cuerdas,

10 porque tú das la victoria a los reyes

y libras a David, tu servidor.

Líbrame de la espada maligna,

11 sálvame del poder de los extranjeros,

que dicen mentiras con la boca

y tienen las manos llenas de traición.

12 Que nuestros hijos sean como plantas,

florecientes en plena juventud;

que nuestras hijas se asemejen a columnas,

esculpidas como las de un palacio.

13 Que nuestros graneros estén repletos

con productos de todas las especies;

que nuestros rebaños se reproduzcan a millares

en todas nuestras praderas.

14 Que nuestros bueyes estén bien cargados,

que no haya brechas ni aberturas en los muros

ni gritos de angustia en nuestras plazas.

15 ¡Feliz el pueblo que tiene todo esto,

feliz el pueblo cuyo Dios es el Señor!

Salmo 145 

1 Himno de David.

[Alef] Te alabaré, Dios mío, a ti, el único Rey,

y bendeciré tu Nombre eternamente;

2 [Bet] Día tras día te bendeciré,

y alabaré tu Nombre sin cesar.

3 [Guímel] ¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza:

su grandeza es insondable!

4 [Dálet] Cada generación celebra tus acciones

y le anuncia a las otras tus portentos:

5 [He] Ellas publican sus tremendos prodigios

y narran tus grandes proezas;

6 [Vau]: Ellas publican tus tremendos prodigios

y narran tus grandes proezas.

7 [Zain] divulgan el recuerdo de tu inmensa bondad

y cantan alegres por tu victoria.

8 [Jet] El Señor es bondadoso y compasivo,

lento para enojarse y de gran misericordia;

9 [Tet] el Señor es bueno con todos

y tiene compasión de todas sus criaturas.

10 [Iod] Que todas tus obras te den gracias, Señor,

y tus fieles te bendigan;

11 [Caf] que anuncien la gloria de tu reino

y proclamen tu poder.

12 [Lámed] Así manifestarán a los hombres tu fuerza

y el glorioso esplendor de tu reino:

13 [Mem] Tu reino es un reino eterno,

y tu dominio permanece para siempre.

[Nun] El Señor es fiel en todas sus palabras

y bondadoso en todas sus acciones.

14 [Sámec] El Señor sostiene a los que caen

y endereza a los que están encorvados.

15 [Ain] Los ojos de todos esperan en ti,

y tú les das la comida a su tiempo;

16 [Pe] abres tu mano

y colmas de favores a todos los vivientes.

17 [Sade] El Señor es justo en todos sus caminos

y bondadoso en todas sus acciones.

18 [Qof] El Señor está cerca de aquellos que lo invocan,

de aquellos que lo invocan de verdad;

19 [Res] cumple los deseos de sus fieles,

escucha su clamor y los salva;

20 [Sin] el Señor protege a todos sus amigos

y destruye a los malvados.

21 [Tau] Mi boca proclamará la alabanza del Señor:

que todos los vivientes bendigan su santo Nombre,

desde ahora y para siempre.

Salmo 146 

1 ¡Aleluya!

¡Alaba al Señor, alma mía!

2 Alabaré al Señor toda mi vida;

mientras yo exista, cantaré a mi Dios.

3 No confíen en los poderosos,

en simples mortales, que no pueden salvar:

4 cuando expiran, vuelven al polvo,

y entonces se esfuman sus proyectos.

5 Feliz el que se apoya en el Dios de Jacob

y pone su esperanza en el Señor, su Dios:

6 él hizo el cielo y la tierra,

el mar y todo lo que hay en ellos.

El mantiene su fidelidad para siempre,

7 hace justicia a los oprimidos

y da pan a los hambrientos.

El Señor libera a los cautivos,

8 abre los ojos de los ciegos

y endereza a los que están encorvados.

9 El Señor protege a los extranjeros

y sustenta al huérfano y a la viuda;

8c el Señor ama a los justos

y entorpece el camino de los malvados.

10 El Señor reina eternamente,

reina tu Dios, Sión,

a lo largo de las generaciones.

¡Aleluya!

Salmo 147 

1 ¡Aleluya!

¡Qué bueno es cantar a nuestro Dios,

qué agradable y merecida es su alabanza!

2 El Señor reconstruye a Jerusalén

y congrega a los dispersos de Israel;

3 sana a los que están afligidos

y les venda las heridas.

4 El cuenta el número de las estrellas

y llama a cada una por su nombre:

5 nuestro Señor es grande y poderoso,

su inteligencia no tiene medida.

6 El Señor eleva a los oprimidos

y humilla a los malvados hasta el polvo.

7 Respondan al Señor dándole gracias,

toquen la cítara para nuestro Dios.

8 El cubre el cielo de nubes

y provee de lluvia a la tierra;

hace brotar la hierba en las montañas

y las plantas para provecho del hombre;

9 dispensa su alimento al ganado,

y a los pichones de cuervo que claman a él.

10 No le agrada el vigor de los caballos

ni valora los músculos del hombre:

11 el Señor ama a los que lo temen

y a los que esperan en su misericordia.

12 ¡Glorifica al Señor, Jerusalén,

alaba a tu Dios, Sión!

13 El reforzó los cerrojos de tus puertas

y bendijo a tus hijos dentro de ti;

14 él asegura la paz en tus fronteras

y te sacia con lo mejor del trigo.

15 Envía su mensaje a la tierra,

su palabra corre velozmente;

16 reparte la nieve como lana

y esparce la escarcha como ceniza.

17 El arroja su hielo como migas,

y las aguas se congelan por el frío;

18 da una orden y se derriten,

hace soplar su viento y corren las aguas.

19 Revela su palabra a Jacob,

sus preceptos y mandatos a Israel:

20 a ningún otro pueblo trató así

ni le dio a conocer sus mandamientos.

¡Aleluya!

Salmo 148 

1 ¡Aleluya!

Alaben al Señor desde el cielo,

alábenlo en las alturas;

2 alábenlo, todos sus ángeles,

alábenlo, todos sus ejércitos.

3 Alábenlo, sol y luna,

alábenlo, astros luminosos;

4 alábenlo, espacios celestiales

y aguas que están sobre el cielo.

5 Alaben el nombre del Señor,

porque él lo ordenó, y fueron creados;

6 él los afianzó para siempre,

estableciendo una ley que no pasará.

7 Alaben al Señor desde la tierra,

los cetáceos y los abismos del mar;

8 el rayo, el granizo, la nieve, la bruma,

y el viento huracanado que obedece a sus órdenes.

9 Las montañas y todas las colinas,

los árboles frutales y todos los cedros;

10 las fieras y los animales domésticos,

los reptiles y los pájaros alados.

11 Los reyes de la tierra y todas las naciones,

los príncipes y los gobernantes de la tierra;

12 los ancianos, los jóvenes y los niños,

13 alaben el nombre del Señor.

Porque sólo su Nombre es sublime;

su majestad está sobre el cielo y la tierra,

14 y él exalta la fuerza de su pueblo.

¡A él, la alabanza de todos sus fieles,

y de Israel, el pueblo de sus amigos!

¡Aleluya!

Salmo 149 

1 ¡Aleluya!

Canten al Señor un canto nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

2 que Israel se alegre por su Creador

y los hijos de Sión se regocijen por su Rey.

3 Celebran su Nombre con danzas,

cántenle con el tambor y la cítara,

4 porque el Señor tiene predilección por su pueblo

y corona con el triunfo a los humildes.

5 Que los fieles se alegren por su gloria

y canten jubilosos en sus fiestas.

6 Glorifiquen a Dios con sus gargantas

y empuñen la espada de dos filos:

7 para tomar venganza de los pueblos

y castigar a las naciones;

8 para atar con cadenas a sus reyes,

y con grillos de hierro a sus jefes.

9 Así se les aplicará la sentencia dictada:

esta es la victoria de todos tus fieles.

¡Aleluya!

Salmo 150 

1 ¡Aleluya!

Alaben a Dios en su Santuario,

alábenlo en su poderoso firmamento;

2 alábenlo por su inmensa grandeza.

3 Alábenlo con toques de trompeta,

alábenlo con el arpa y la cítara;

4 alábenlo con tambores y danzas,

alábenlo con laudes y flautas.

5 Alábenlo con platillos sonoros,

alábenlo con platillos vibrantes,

6 ¡Que todos los seres vivientes

alaben al Señor!

¡Aleluya!

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