. Salmo 001 al 050

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Introducción

Salmo 1 

1 ¡Feliz el hombre

que no sigue el consejo de los malvados,

ni se detiene en el camino de los pecadores,

ni se sienta en la reunión de los impíos,

2 sino que se complace en la ley del Señor

y la medita de día y de noche!

3 El es como un árbol

plantado al borde de las aguas,

que produce fruto a su debido tiempo,

y cuyas hojas nunca se marchitan:

todo lo que haga le saldrá bien.

4 No sucede así con los malvados:

ellos son como paja que se lleva el viento.

5 Por eso, no triunfarán los malvados en el juicio,

ni los pecadores en la asamblea de los justos;

6 porque el Señor cuida el camino de los justos,

pero el camino de los malvados termina mal.

Salmo 2 

1 ¿Por qué se amotinan las naciones

y los pueblos hacen vanos proyectos?

2 Los reyes de la tierra se sublevan,

y los príncipes conspiran

contra el Señor y contra su Ungido:

3 «Rompamos sus ataduras,

librémonos de su yugo».

4 El que reina en el cielo se sonríe;

el Señor se burla de ellos.

5 Luego los increpa airadamente

y los aterra con su furor:

6 «Yo mismo establecí a mi Rey

en Sión, mi santa Montaña».

7 Voy a proclamar el decreto del Señor:

El me ha dicho: «Tú eres mi hijo,

yo te he engendrado hoy

8 Pídeme, y te daré las naciones como herencia,

y como propiedad, los confines de la tierra.

9 Los quebrarás con un cetro de hierro,

los destrozarás como a un vaso de arcilla»

10 Por eso, reyes, sean prudentes;

aprendan, gobernantes de la tierra.

11 Sirvan al Señor con temor;

12 temblando, ríndanle homenaje,

no sea que se irrite y vayan a la ruina,

porque su enojo se enciende en un instante.

¡Felices los que se refugian en él!

Salmo 3 

1 Salmo de David. Cuando huía de su hijo Absalón

2 Señor, ¡qué numerosos son mis adversarios,

cuántos los que se levantan contra mí!

3 ¡Cuántos son los que dicen de mí:

«Dios ya no quiere salvarlo»!

4 Pero Tú eres mi escudo protector y mi gloria,

tú mantienes erguida mi cabeza.

5 Invoco al Señor en alta voz,

y él me responde desde su santa Montaña.

6 Yo me acuesto y me duermo,

y me despierto tranquilo

porque el Señor me sostiene.

7 No temo a la multitud innumerable,

apostada contra mí por todas partes.

8 ¡Levántate, Señor! ¡Sálvame, Dios mío!

Tú golpeas en la mejilla a mis enemigos

y rompes los dientes de los malvados.

9 ¡En ti, Señor, está la salvación,

y tu bendición sobre tu pueblo!

Salmo 4 

1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda, Salmo de David.

2 Respóndeme cuando te invoco, Dios, mi defensor,

tú, que en la angustia me diste un desahogo:

ten piedad de mí y escucha mi oración.

3 Y ustedes, señores,

¿hasta cuando ultrajarán al que es mi Gloria,

amarán lo que falso y buscarán lo engañoso?

4 Sepan que el Señor hizo maravillas por su amigo:

él me escucha siempre que lo invoco.

5 Tiemblen, y no pequen más;

reflexionen en sus lechos y guarden silencio,

6 ofrezcan los sacrificios que son debidos

y tengan confianza en el Señor.

7 Hay muchos que preguntan:

«¿Quién nos mostrará la felicidad,

si la luz de tu rostro, Señor,

se ha alejado de nosotros?».

8 Pero tú has puesto en mi corazón más alegría

que cuando abundan el trigo y el vino.

9 Me acuesto en paz y en seguida me duermo,

porque sólo tú, Señor, aseguras mi descanso.

Salmo 5 

1 Del maestro de coro. Para flautas. Salmo de David.

2 Señor, escucha mis palabras,

atiende a mis gemidos;

3 oye mi clamor, mi Rey y mi Dios,

porque te estoy suplicando.

4 Señor, de madrugada ya escuchas mi voz:

por la mañana te expongo mi causa

y espero tu respuesta.

5 Tú no eres un Dios que ama la maldad;

ningún impío será tu huésped,

6 ni los orgullosos podrán resistir

delante de tu mirada.

Tú detestas a los que hacen el mal

7 y destruyes a los mentirosos.

¡Al hombre sanguinario y traicionero

lo abomina el Señor!

8 Pero yo, por tu inmensa bondad,

llego hasta tu Casa,

y me postro ante tu santo Templo

con profundo temor.

9 Guíame, Señor, por tu justicia,

porque tengo muchos enemigos:

ábreme un camino llano.

10 En su boca no hay sinceridad,

su corazón es perverso;

su garganta es un sepulcro abierto,

aunque adulan con la lengua.

11 Castígalos, Señor, como culpables,

que fracasen sus intrigas;

expúlsalos por sus muchos crímenes,

porque se han rebelado contra ti.

12 Así se alegrarán los que en ti se refugian

y siempre cantarán jubilosos;

tú proteges a los que aman tu Nombre,

y ellos se llenarán de gozo.

13 Porque tú, Señor, bendices al justo,

como un escudo lo cubre tu favor.

Salmo 6 

1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. En octava. Salmo de David.

2 Señor, no me reprendas por tu enojo

ni me castigues por tu indignación.

3 Ten piedad de mí, porque me faltan las fuerzas;

sáname, porque mis huesos se estremecen.

4 Mi alma está atormentada,

y tú, Señor, ¿hasta cuándo…?

5 Vuélvete, Señor, rescata mi vida,

sálvame por tu misericordia,

6 porque en la Muerte nadie se acuerda de ti,

¿y quién podrá alabarte en el Abismo?

7 Estoy agotado de tanto gemir:

cada noche empapo mi lecho con llanto,

inundo de lágrimas mi cama.

8 Mis ojos están extenuados por el pesar

y envejecidos a causa de la opresión.

9 Apártense de mí todos los malvados,

porque el Señor ha oído mis sollozos.

10 El Señor ha escuchado mi súplica,

el Señor ha aceptado mi plegaria.

11 ¡Que caiga sobre mis enemigos la confusión y el terror,

y en un instante retrocedan avergonzados!

Salmo 7 

1 Lamentación de David. La que cantó al Señor a propósito de Cus, el benjaminita.

2 Señor, Dios mío, en ti me refugio:

sálvame de todos los que me persiguen;

3 líbrame, para que nadie pueda atraparme

como un león, que destroza sin remedio.

4 Señor, Dios mío, si cometí alguna bajeza,

o hay crímenes en mis manos;

5 si he pagado con traición a mi amigo

o he despojado sin razón a mi adversario:

6 que el enemigo me persiga y me alcance,

que aplaste mi vida contra el suelo

y deje tendidas mis entrañas en el polvo.

7 Levántate, Señor, lleno de indignación;

álzate contra el furor de mis adversarios.

Despierta para el juicio que has convocado:

8 que una asamblea de pueblos te rodee,

y presídelos tu, desde lo alto.

9 El Señor es el Juez de las naciones:

júzgame, Señor, conforme a mi justicia

y de acuerdo con mi integridad.

10 ¡Que se acabe la maldad de los impíos!

Tú que sondeas las mentes y los corazones,

tú que eres un Dios justo, apoya al inocente.

11 Mi escudo es el Dios Altísimo,

que salva a los rectos de corazón.

12 Dios es un Juez justo

y puede irritarse en cualquier momento.

13 Si no se convierten, afilará la espada,

tenderá su arco y apuntará;

14 preparará sus armas mortíferas,

dispondrá sus flechas incendiarias.

15 El malvado concibe la maldad,

está grávido de malicia y da a luz la mentira.

16 Cavó una fosa y la ahondó,

pero él mismo cayó en la fosa que hizo:

17 su maldad se vuelve sobre su cabeza,

su violencia recae sobre su cráneo.

18 Daré gracias al Señor por su justicia

y cantaré al nombre del Señor Altísimo.

Salmo 8 

1 Del maestro de coro. Con la cítara de Gat. Salmo de David.

2 ¡Señor, nuestro Dios,

qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!

Quiero adorar tu majestad sobre el cielo:

3 con la alabanza de los niños y de los más pequeños,

erigiste una fortaleza contra tus adversarios

para reprimir al enemigo y al rebelde.

4 Al ver el cielo, obra de tus manos,

la luna y la estrellas que has creado:

5 ¿qué es el hombre para que pienses en él,

el ser humano para que lo cuides?

6 Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y esplendor;

7 le diste dominio sobre la obra de tus manos,

todo lo pusiste bajo sus pies:

8 todos los rebaños y ganados,

y hasta los animales salvajes;

9 las aves del cielo, los peces del mar

y cuanto surca los senderos de las aguas.

10 ¡Señor, nuestro Dios,

qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!

Salmo 9 

1 Del maestro de coro. Para oboes y arpa. Salmo de David. Acción de gracias por la justicia de Dios

2 [Alef] Te doy gracias, Señor, de todo corazón

y proclamaré todas tus maravillas

3 Quiero alegrarme y regocijarme en ti,

y cantar himnos a tu Nombre, Altísimo.

4 [Bet] Cuando retrocedían mis enemigos,

tropezaron y perecieron delante de ti,

5 porque tú defendiste mi derecho y mi causa,

sentándote en el trono como justo Juez.

6 [Guímel] Escarmentaste a las naciones,

destruiste a los impíos y borraste sus nombres para siempre;

7 desapareció el enemigo: es una ruina irreparable;

arrasaste las ciudades, y se perdió hasta su recuerdo

8 [He] Pero el Señor reina eternamente

y establece su trono para el juicio:

9 él gobierna al mundo con justicia

y juzga con rectitud a las naciones.

10 [Vau] El Señor es un baluarte para el oprimido,

un baluarte en los momentos de peligro.

11 ¡Confíen en ti los que veneran tu Nombre,

porque tú no abandonas a los que te buscan!

12 [Zain] Canten al Señor, que reina en Sión,

proclamen entre los pueblos sus proezas.

13 Porque él pide cuenta de la sangre,

se acuerda de los pobres y no olvida su clamor.

14 [Jet] El Señor se apiadó de mí, contempló mi aflicción;

me tomó y me alzó de las puertas de la Muerte,

15 para que pudiera proclamar sus alabanzas

y alegrarme por su victoria en las puertas de Sión.

16 [Tet] Los pueblos se han hundido en la fosa que abrieron,

su pie quedó atrapado en la red que ocultaron.

17 El Señor se dio a conocer, hizo justicia,

y el impío se enredó en sus propias obras.

18 [Iod] Vuelvan al Abismo los malvados,

todos los pueblos que se olvidan de Dios.

19 [Caf] Porque el pobre no será olvidado para siempre

ni se malogra eternamente la esperanza del humilde.

20 ¡Levántate, Señor!

que los hombres no se envanezcan,

y las naciones sean juzgadas en tu presencia.

21 Infúndeles pánico, Señor,

para que aprendan que no son más que hombres.

Salmo 10 

1 [Lámed] ¿Por qué te quedas lejos, Señor,

y te ocultas en los momentos de peligro?

2 El pobre se consume por la soberbia del malvado

y queda envuelto en las intrigas tramadas contra él.

3 [Mem] Porque el malvado se jacta de su ambición,

el codicioso blasfema y menosprecia al Señor;

4 el impío exclama en el colmo de su arrogancia:

«No hay ningún Dios que me pida cuenta».

Esto es lo único que piensa.

5 [Nun] Sus caminos prosperan constantemente;

tus juicios, allá arriba, lo tienen sin cuidado;

elimina de un soplo a todos sus rivales

6 y se dice a sí mismo: No vacilaré,

seré siempre feliz, no tendré contrariedades».

7 [Pe] Su boca está llena de maldiciones, de engaños y de violencias;

detrás de sus palabras hay malicia y opresión;

8 se pone al acecho en los poblados

y mata al inocente en lugares ocultos.

[Ain] Sus ojos espían a los débiles;

9 acecha ocultamente como el león en su guarida;

se agazapa para atrapar al pobre,

y lo atrapa arrastrándolo en sus redes.

10 [Sade] Espía, se inclina, se dobla,

y cae sobre el débil con todas sus fuerzas.

11 Luego piensa: «Dios lo olvida;

aparta su rostro y nunca ve nada».

12 [Qof] ¡Levántate, Señor Dios, alza tu mano,

no te olvides de los pobres!

13 ¿Por qué el malvado desprecia a Dios,

pensando que tú no pides cuenta?

14 [Res] Pero tú lo estás viendo:

tú consideras los trabajos y el dolor,

para tomarlos en tus propias manos.

El débil se encomienda a ti;

tú eres el protector del huérfano.

15 [Sin] ¡Quiebra el brazo del malvado y del impío,

castiga su malicia y no subsistirá!

16 El Señor reina para siempre

y los paganos desaparecerán de la tierra.

17 [Tau] Tú, Señor, escuchas los deseos de los pobres,

los reconfortas y les prestas atención.

18 Tú haces justicia al huérfano y al oprimido:

¡que el hombre hecho de tierra no infunda más temor!

Salmo 11 

1 Del maestro de coro. De David.

Yo tengo mi refugio en el Señor,

¿Cómo pueden decirme entonces:

«Escapa a la montaña como un pájaro,

2 porque los malvados tienden su arco

y ajustan sus flechas a la cuerda,

para disparar desde la penumbra

contra los rectos de corazón?

3 Cuando ceden los cimientos,

¿qué puede hacer el justo?»

4 Pero el Señor está en su santo Templo,

el Señor tiene su trono en el cielo.

Sus ojos observan el mundo,

sus pupilas examinan a los hombres:

5 el Señor examina al justo y al culpable,

y odia al que ama la violencia.

6 Que él haga llover brasas y azufre sobre los impíos,

y les toque en suerte un viento abrasador.

7 Porque el Señor es justo y ama la justicia,

y los son rectos verán su rostro.

Salmo 12 

1 Del maestro de coro. En octava. Salmo de David.

2 ¡Sálvanos, Señor, porque ya no hay gente buena,

ha desaparecido la lealtad entre los hombres!

3 No hacen más que mentirse unos a otros,

hablan con labios engañosos y doblez de corazón.

4 Que el Señor elimine los labios engañosos

y las lenguas jactanciosas de los que dicen:

5 «En la lengua está nuestra fuerza;

nuestros labios no defienden, ¿quién nos dominará?».

6 «Por los sollozos del humilde y los gemidos del pobre,

ahora me levantaré –dice el Señor–

y daré mi ayuda al que suspira por ella».

7 Las promesas del Señor son sinceras

como plata purificada en el crisol,

depurada siete veces.

8 Tú nos protegerás, Señor,

nos preservarás para siempre de esa gente;

9 por todas partes merodean los malvados

y se encumbran los hombres más indignos.

Salmo 13 

1 Del maestro de coro. Salmo de David.

2 ¿Hasta cuándo me tendrás olvidado, Señor? ¿Eternamente?

¿Hasta cuándo me ocultarás tu rostro?

3 ¿Hasta cuándo mi alma estará acongojada

y habrá pesar en mi corazón, día tras día?

¿Hasta cuándo mi enemigo prevalecerá sobre mí?

4 ¡Mírame, respóndeme, Señor, Dios mío!

Ilumina mis ojos,

para que no caiga en el sueño de la muerte,

5 para que mi enemigo no pueda decir: «Lo he vencido»,

ni mi adversario se alegre de mi fracaso.

6 Yo confío en tu misericordia:

que mi corazón se alegre porque me salvaste.

¡Cantaré al Señor porque me ha favorecido!

Salmo 14 

1 Del maestro de coro. De David.

El necio se dice a sí mismo:

«No hay Dios».

Todos están pervertidos, hacen cosas abominables,

nadie practica el bien.

2 El Señor observa desde el cielo

a los seres humanos,

para ver si hay alguien que sea sensato,

alguien que busque a Dios.

3 Todos están extraviados,

igualmente corrompidos;

nadie practica el bien,

ni siquiera uno solo.

4 Nunca aprenderán los malvados,

los que devoran a mi pueblo

como si fuera pan,

y no invocan al Señor?

5 Miren cómo tiemblan de espanto,

porque Dios está a favor de los justos.

6 ustedes se burlan de las aspiraciones del pobre,

pero el Señor es su refugio.

7 ¡Ojalá venga desde Sión la salvación de Israel!

Cuando el Señor cambie la suerte de su pueblo,

se alegrará Jacob, se regocijará Israel.

Salmo 15 

1 Salmo de David.

Señor, ¿quién habitará en tu santa Montaña?

2 El que procede rectamente y practica la justicia;

el que dice la verdad de corazón

3 y no calumnia con su lengua. El que no hace mal a su prójimo

ni agravia a su vecino,

4 el que no estima a quien Dios reprueba

y honra a los que temen al Señor.

El que no se retracta de lo que juró,

aunque salga perjudicado;

5 el que no presta su dinero a usura

ni acepta soborno contra el inocente.

El que procede así, nunca vacilará.

Salmo 16 

1 Mictán de David.

Protégeme, Dios mío,

porque me refugio en ti.

2 Yo digo al Señor:

«Señor, tú eres mi bien,

no hay nada superior a ti».

3 Ellos, en cambio, dicen a los dioses de la tierra:

«Mis príncipes, ustedes son toda mi alegría».

4 Multiplican sus ídolos y corren tras ellos,

pero yo no les ofreceré libaciones de sangre,

ni mis labios pronunciarán sus nombres.

5 El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,

¡tú decides mi suerte!

6 Me ha tocado un lugar de delicias,

estoy contento con mi herencia.

7 Bendeciré al Señor que me aconseja,

¡hasta de noche me instruye mi conciencia!

8 Tengo siempre presente al Señor:

él está a mi lado, nunca vacilaré.

9 Por eso mi corazón se alegra,

se regocijan mis entrañas

y todo mi ser descansa seguro:

10 porque no me entregarás la Muerte

ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.

11 Me harás conocer el camino de la vida,

saciándome de gozo en tu presencia,

de felicidad eterna a tu derecha.

Salmo 17 

1 Oración de David.

Escucha, Señor, mi justa demanda,

atiende a mi clamor;

presta oído a mi plegaria,

porque en mis labios no hay falsedad.

2 Tú me harás justicia,

porque tus ojos ven lo que es recto:

3 si examinas mi corazón

y me visitas por las noches,

si me pruebas al fuego,

no encontrarás malicia en mí.

Mi boca no se excedió

4 ante los malos tratos de los hombres;

yo obedecí fielmente a tu palabra,

5 y mis pies se mantuvieron firmes

en los caminos señalados:

¡mis pasos nunca se apartaron de tus huellas!

6 Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes:

inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras.

7 Muestra las maravillas de tu gracia,

tú que salvas de los agresores

a los que buscan refugio a tu derecha.

8 Protégeme como a la pupila de tus ojos;

escóndeme a la sombra de tus alas

9 de los malvados que me acosan,

del enemigo mortal que me rodea.

10 Se han encerrado en su obstinación,

hablan con arrogancia en los labios;

11 sus pasos ya me tienen cercado,

se preparan para derribarme por tierra,

12 como un león ávido de presa,

como un cachorro agazapado en su guarida.

13 Levántate, Señor, enfréntalo, doblégalo;

líbrame de los malvados con tu espada,

14 y con tu mano, Señor, sálvame de los hombres:

de los mortales que lo tienen todo en esta vida.

Llénales el vientre con tus riquezas;

que sus hijos también queden hartos

y dejen el resto para los más pequeños.

15 Pero yo, por tu justicia, contemplaré tu rostro,

y al despertar, me saciaré de tu presencia.

Salmo 18 

1 Del maestro de coro. De David, el servidor del Señor, que dirigió al Señor las palabras de este canto, cuando él lo libró de todos sus enemigos y de las manos de Saúl.

2 Dijo:

Yo te amo, Señor, mi fuerza,

3 Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador,

mi Dios, el peñasco en que me refugio,

mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.

4 Invoqué al Señor, que es digno de alabanza

y quedé a salvo de mis enemigos.

5 Las olas de la Muerte me envolvieron,

me aterraron los torrentes devastadores,

6 me cercaron los lazos del Abismo,

las redes de la Muerte llegaron hasta mí,

7 Pero en mi angustia invoqué al Señor,

grité a mi Dios pidiendo auxilio,

y él escuchó mi voz desde su Templo,

mi grito llegó hasta sus oídos.

8 Entonces tembló y se tambaleó la tierra;

vacilaron los fundamentos de las montañas, y

se conmovieron a causa de su furor;

9 de su nariz se alzó una humareda,

de su boca, un fuego abrasador,

y arrojaba carbones encendidos.

10 El Señor inclinó el cielo, y descendió

con un espeso nubarrón bajo sus pies;

11 montó en el Querubín y emprendió vuelo,

planeando sobre las alas del viento.

12 Se envolvió en un manto de tinieblas;

un oscuro aguacero y espesas nubes

lo cubrían como un toldo;

13 las nubes se deshicieron en granizo y centellas

al fulgor de su presencia.

14 El Señor tronaba desde el cielo,

el Altísimo hacía oír su voz;

15 arrojó sus flechas y los dispersó,

multiplicó sus rayos y sembró la confusión.

16 Al proferir tus amenazas, Señor,

al soplar el vendaval de tu ira,

aparecieron los cauces del mar

y quedaron a la vista los cimientos.

17 El tendió su mano desde lo alto y me tomó,

me sacó de las aguas caudalosas;

18 me libró de mi enemigo poderoso,

de adversarios más fuertes que yo.

19 Ellos me enfrentaron en un día nefasto,

pero el Señor fue mi apoyo:

20 me sacó a un lugar espacioso,

me libró, porque me ama.

21 El Señor me recompensó por mi justicia,

me retribuyó por la inocencia de mis manos:

22 porque seguí fielmente los caminos del Señor,

y no me aparté de mi Dios, haciendo el mal;

23 porque tengo presente todas sus decisiones

y nunca me alejé de sus preceptos.

24 Tuve ante él una conducta irreprochable

y me esforcé por no ofenderlo.

25 El Señor me premió, porque yo era justo

y mis manos eran inocentes a sus ojos.

26 Tú eres bondadoso con los buenos

y eres íntegro con el hombre intachable;

27 eres sincero con los que son sinceros

y te muestras astuto con los falsos.

28 Porque tú salvas al pueblo oprimido

y humillas los ojos altaneros;

29 tú eres mi lámpara, Señor;

Dios mío, tú iluminas mis tinieblas.

30 Contigo puedo asaltar una muralla;

con mi Dios, puedo escalar cualquier muralla.

31 El camino de Dios es perfecto,

la promesa del Señor es digna de confianza.

El Señor es un escudo para los que se refugian en él,

32 porque ¿quién es Dios fuera del Señor?

¿y quién es la Roca fuera de nuestro Dios?

33 El es el Dios que me ciñe de valor

y hace intachable mi camino;

34 el que me da la rapidez de un ciervo

y me afianza en las alturas;

35 el que adiestra mis manos para la guerra

y mis brazos para tender el arco de bronce.

36 Me entregaste tu escudo victorioso

y tu mano derecha me sostuvo:

me engrandeciste con tu triunfo,

37 me hiciste dar largos pasos,

y no se doblaron mis tobillos.

38 Perseguí y alcancé a mis enemigos,

no me volví hasta que fueron aniquilados;

39 los derroté y no pudieron rehacerse,

quedaron abatidos bajo mis pies.

40 Tú me ceñiste de valor para la lucha,

doblegaste ante mí a mis agresores;

41 pusiste en fuga a mis enemigos,

y yo exterminé a mis adversarios.

42 Imploraron, pero nadie los salvó;

gritaban al Señor, pero no les respondía.

43 Los deshice como polvo barrido por el viento,

los pisé como el barro de las calles.

44 Tú me libraste de un ejército incontable

y me pusiste al frente de naciones:

pueblos extraños son mis vasallos.

45 Gente extranjera me rinde pleitesía;

apenas me oyen nombrar, me prestan obediencia.

46 Los extranjeros palidecen ante mí

y, temblando, abandonan sus refugios.

47 ¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca!

¡Glorificado sea el Dios de mi salvación,

48 el Dios que venga mis agravios

y pone a los pueblos a mis pies!

49 Tú me liberas de mis enemigos,

me haces triunfar de mis agresores

y me libras del hombre violento.

50 Por eso te alabaré entre las naciones

y cantaré, Señor, en honor de tu Nombre.

51 El concede grandes victorias a su rey

y trata con fidelidad a su Ungido,

a David y a su descendencia para siempre.

Salmo 19 

1 Del maestro de coro. Salmo de David.

2 El cielo proclama la gloria de Dios

y el firmamento anuncia la obra de sus manos;

3 un día transmite al otro este mensaje

y las noches se van dando la noticia.

4 Sin hablar, sin pronunciar palabras,

sin que se escuche su voz,

5 resuena su eco por toda la tierra

y su lenguaje, hasta los confines del mundo.

Allí puso una carpa para el sol,

6 y este, igual que un esposo que sale de su alcoba,

se alegra como un atleta al recorrer su camino.

7 El sale de un extremo del cielo,

su órbita llega hasta el otro extremo,

y no hay nada que escape a su calor.

8 La ley del Señor es perfecta,

reconforta el alma;

el testimonio del Señor es verdadero,

da sabiduría al simple.

9 Los preceptos del Señor son rectos,

alegran el corazón;

los mandamientos del Señor son claros,

iluminan los ojos.

10 la palabra del Señor es pura,

permanece para siempre;

los juicios del Señor son la verdad,

enteramente justos.

11 Son más atrayentes que el oro,

que el oro más fino;

más dulces que la miel,

más que el jugo del panal.

12 También a mi me instruyen:

observarlos es muy provechoso.

13 Pero ¿Quién advierte sus propios errores?

Purifícame de las faltas ocultas.

14 Presérvame, además, del orgullo,

para que no me domine;

entonces seré irreprochable

y me veré libre de ese gran pecado.

15 ¡Ojalá sean de tu agrado

las palabras de mi boca,

y lleguen hasta ti mis pensamientos,

Señor, mi Roca y mi redentor!

Salmo 20 

1 Del maestro de coro. Salmo de David.

2 El Señor te haga triunfar en el momento del peligro,

que el nombre del Dios de Jacob sea tu baluarte.

3 Que él te auxilie desde su Santuario

y te proteja desde Sión;

4 que se acuerde de todas tus ofrendas

y se encuentre aceptables tus holocaustos.

5 Que satisfaga todos tus deseos

y cumpla todos sus proyectos,

6 para que aclamemos tu victoria

y alcemos los estandartes en nombre de nuestro Dios.

¡Que el Señor te conceda todo lo que pides!

7 Ahora sé que el Señor ha dado la victoria a su Ungido,

lo ha hecho triunfar desde su santo cielo

con las proezas de su mano salvadora.

8 Unos se fían de sus carros y otros de sus caballos,

pero nuestra fuerza está en el nombre de nuestro Dios.

9 Ellos tropezaron y cayeron,

mientras nosotros nos mantuvimos erguidos y confiados.

10 ¡Señor, concede la victoria al rey,

escúchanos cuando te invocamos!

Salmo 21 

1 Del maestro de coro. Salmo de David.

2 Señor, el rey se regocija por tu fuerza

¡y cuánto se alegra por tu victoria!

3 Tú has colmado los deseos de su corazón,

no le has negado lo que pedían sus labios.

4 Porque te anticipas a bendecirlo con el éxito

y pones en su cabeza una corona de oro puro.

5 Te pidió larga vida y se la diste:

días que se prolongan para siempre.

6 Su gloria se acrecentó por tu triunfo,

tú lo revistes de esplendor y majestad;

7 le concedes incesantes bendiciones,

lo colmas de alegría en tu presencia.

8 Sí, el rey confía en el Señor

y con la gracia del Altísimo no vacilará.

9 Tu mano alcanzará a todos tus enemigos,

tu derecha vencerá a los que te odian.

10 Los convertirás en un horno encendido,

cuando se manifieste tu presencia.

El Señor los consumirá con su enojo,

el fuego los destruirá por completo:

11 eliminarás su estirpe de la tierra,

y a sus descendientes de entre los hombres.

12 Ellos trataron de hacerte mal,

urdieron intrigas, pero sin resultado:

13 porque tú harás que vuelvan la espalda,

apuntándoles a la cara con tus arcos.

14 Levántate, Señor, con tu fuerza,

para que cantemos y celebremos tus proezas!

Salmo 22 

1 Del maestro de coro. Según la melodía de «La cierva de la aurora». Salmo de David.

2 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

¿Por qué estás lejos de mi clamor y mis gemidos?

3 Te invoco de día, y no respondes,

de noche, y no encuentro descanso;

4 y sin embargo, tú eres el Santo,

que reinas entre las alabanzas de Israel.

5 En ti confiaron nuestros padres:

confiaron, y tú los libraste;

6 clamaron a ti y fueron salvados,

confiaron en ti y no quedaron defraudados.

7 Pero yo soy un gusano, no un hombre;

la gente me escarnece y el pueblo me desprecia;

8 los que me ven, se burlan de mí,

hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo:

9 «Confió en el Señor, que él lo libre;

que lo salve, si lo quiere tanto».

10 Tú, Señor, me sacaste del seno materno,

me confiaste al regazo de mi madre;

11 a ti fui entregado desde mi nacimiento,

desde el seno de mi madre, tú eres mi Dios.

12 No te quedes lejos, porque acecha el peligro

y no hay nadie para socorrerme.

13 Me rodea una manada de novillos,

me acorralan toros de Basán;

14 abren sus fauces contra mí

como leones rapaces y rugientes.

15 Soy como agua que se derrama

y todos mis huesos están dislocados;

mi corazón se ha vuelto como cera

y se derrite en mi interior;

16 mi garganta está seca como una teja

y la lengua se me pega al paladar.

17 Me rodea una jauría de perros,

me asalta una banda de malhechores;

taladran mis manos y mis pies

16c y me hunden en el polvo de la muerte.

18 Yo puedo contar todos mis huesos;

ellos me miran con aire de triunfo,

19 se reparten entre sí mi ropa

y sortean mi túnica.

20 Pero tú, Señor, no te quedes lejos;

tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme

21 Libra mi cuello de la espada

y mi vida de las garras del perro.

22 Sálvame de la boca del león,

salva a este pobre de los toros salvajes.

23 Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos,

te alabaré en medio de la asamblea:

24 «Alábenlo, los que temen al Señor;

glorifíquenlo, descendientes de Jacob;

témanlo, descendientes de Israel.

25 Porque él no ha mirado con desdén

ni ha despreciado la miseria del pobre:

no le ocultó su rostro

y lo escuchó cuando pidió auxilio»

26 Por eso te alabaré en la gran asamblea

y cumpliré mis votos delante de los fieles:

27 los pobres comerán hasta saciarse

y los que buscan al Señor lo alabarán.

¡Que sus corazones vivan para siempre!

28 Todos los confines de la tierra

se acordarán y volverán al Señor;

todas las familias de los pueblos

se postrarán en su presencia.

29 Porque sólo el Señor es rey

y él gobierna a las naciones.

30 Todos los que duermen en el sepulcro

se postrarán en su presencia;

todos los que bajaron a la tierra

doblarán la rodilla ante él,

y los que no tienen vida

31 glorificarán su poder.

Hablarán del Señor a la generación futura,

32 anunciarán su justicia a los que nacerán después,

porque esta es la obra del Señor.

Salmo 23 

1 Salmo de David.

El Señor es mi pastor,

nada me puede faltar.

2 El me hace descansar en verdes praderas,

me conduce a las aguas tranquilas

3 y repara mis fuerzas;

me guía por el recto sendero,

por amor de su Nombre.

4 Aunque cruce por oscuras quebradas,

no temeré ningún mal,

porque tú estás conmigo:

tu vara y tu bastón me infunden confianza.

5 Tú preparas ante mí una mesa,

frente a mis enemigos;

unges con óleo mi cabeza

y mi copa rebosa.

6 Tu bondad y tu gracia me acompañan

a lo largo de mi vida;

y habitaré en la Casa del Señor,

por muy largo tiempo.

Salmo 24 

1 Salmo de David.

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,

el mundo y todos sus habitantes

2 porque él la fundó sobre los mares,

él la afirmó sobre las corrientes del océano.

3 ¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor

y permanecer en su recinto sagrado?

4 El que tiene las manos limpias

y puro el corazón;

el que no rinde culto a los ídolos

ni jura falsamente:

5 él recibirá la bendición del Señor,

la recompensa de Dios, su Salvador.

6 Así son los que buscan al Señor,

los que buscan tu rostro, Dios de Jacob.

7 ¡Puertas, levanten sus dinteles,

levántense, puertas eternas,

para que entre el Rey de la gloria!

8 ¡Y quién es ese Rey de la gloria?

Es el Señor, el fuerte, el poderoso,

el Señor poderoso no los combates.

9 ¡Puertas, levanten sus dinteles,

levántense, puertas eternas,

para que entre el Rey de la gloria!

10 ¿Y quién es ese Rey de la gloria?

El Rey de la gloria

es el Señor de los ejércitos.

Salmo 25 

1 De David.

[Alef] A ti, Señor, elevo mi alma,

2 [Bet] Dios mío, yo pongo en ti mi confianza;

¡que no tenga que avergonzarme

ni se rían de mí mis enemigos!

3 [Guímel] Ninguno de los que esperan en ti

tendrá que avergonzarse:

se avergonzarán los que traicionan en vano.

4 [Dálet] Muéstrame, Señor, tus caminos,

enséñame tus senderos.

5 [He] Guíame por el camino de tu fidelidad;

enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador,

[Vau]. y yo espero en ti todo el día.

6 [Zain] Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor,

porque son eternos.

7 [Jet] No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud:

por tu bondad, Señor, acuérdate de mi según tu fidelidad.

8 [Tet] El Señor es bondadoso y recto:

por eso muestra el camino a los extraviados;

9 [Iod] él guía a los humildes para que obren rectamente

y enseña su camino a los pobres.

10 [Caf] Todos los senderos del Señor son amor y fidelidad,

para los que observan los preceptos de su alianza.

11 [Lámed] ¡Por el honor de tu Nombre, Señor,

perdona mi culpa, aunque es muy grande!

12 [Mem] ¿Hay alguien que teme al Señor?

El le indicará el camino que debe elegir:

13 [Nun] su alma descansará feliz

y su descendencia poseerá la tierra.

14 [Sámec] El Señor da su amistad a los que lo temen

y les hace conocer su alianza.

15 [Ain] Mis ojos están siempre fijos en el Señor,

porque él sacará mis pies de la trampa.

16 [Pe] Mírame, Señor, y ten piedad de mí,

porque estoy solo y afligido:

17 [Sade] alivia las angustias de mi corazón,

y sácame de mis tribulaciones.

18 [Qof] Mira mi aflicción y mis fatigas,

y perdona todos mis pecados.

19 [Res] Mira qué numerosos son mis enemigos

y qué violento es el odio que me tienen.

20 [Sin] Defiende mi vida y líbrame:

que no me avergüence de haber confiado en ti;

21 [Tau] la integridad y la rectitud me protegen,

porque yo espero en ti, Señor.

22 Salva, Dios mío, a Israel

de todas sus angustias.

Salmo 26 

1 De David.

Júzgame, Señor,

porque he procedido con integridad.

Yo he confiado en el Señor,

sin desviarme jamás.

2 Examíname, Señor, y pruébame,

sondea hasta lo más íntimo de mi ser;

3 porque tu amor está siempre ante mis ojos,

y yo camino en tu verdad.

4 No me reúno con la gente falsa

ni me doy con los hipócritas;

5 odio la compañía de los malhechores

y no me uno a los malvados.

6 Por eso lavo mis manos en señal de inocencia

y doy vueltas alrededor de tu altar,

7 proclamando tu alabanza en alta voz

y narrando tus maravillas.

8 Yo amo la Casa donde habitas,

el lugar donde reside tu gloria.

9 No me incluyas entre los pecadores

ni entre los hombres sanguinarios:

10 ellos tienen las manos llenas de infamia,

y su derecha está repleta de sobornos.

11 Yo, en cambio, procedo íntegramente:

líbrame y concédeme tu gracia.

12 Mis pies están firmes sobre el camino llano,

y en la asamblea bendeciré al Señor.

Salmo 27 

1 De David.

El Señor es mi luz y mi salvación,

¿a quién temeré?

El Señor es el baluarte de mi vida,

¿ante quién temblaré?

2 Cuando se alzaron contra mí los malvados

para devorar mi carne,

fueron ellos, mis adversarios y enemigos,

los que tropezaron y cayeron.

3 Aunque acampe contra mí un ejército,

mi corazón no temerá;

aunque estalle una guerra contra mí,

no perderé la confianza.

4 Una sola cosa he pedido al Señor,

y esto es lo que quiero:

vivir en la Casa del Señor

todos los días de mi vida,

para gozar de la dulzura del Señor

y contemplar su Templo.

5 Sí, él me cobijará en su Tienda de campaña

en el momento del peligro;

me ocultará al amparo de su Carpa

y me afirmará sobre una roca.

6 Por eso tengo erguida mi cabeza

frente al enemigo que me hostiga;

ofreceré en su Carpa sacrificios jubilosos,

y cantaré himnos al Señor.

7 ¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz,

apiádate de mí y respóndeme!

8 Mi corazón sabe que dijiste:

«Busquen mi rostro».

Yo busco tu rostro, Señor,

9 no lo apartes de mí.

No alejes con ira a tu servidor,

tú, que eres mi ayuda;

no me dejes ni me abandones,

mi Dios y mi salvador.

10 Aunque mi padre y mi madre me abandonen,

el Señor me recibirá.

11 Indícame, Señor, tu camino

y guíame por un sendero llano,

12 No me entregues a la furia de mis adversarios,

porque se levantan contra mí testigos falsos,

hombres que respiran violencia.

13 Yo creo que contemplaré la bondad del Señor

en la tierra de los vivientes.

14 Espera en el Señor y sé fuerte;

ten valor y espera en el Señor.

Salmo 28 

1 De David.

Yo te invoco, Señor;

tú eres mi Roca, no te quedes callado,

porque si no me respondes,

seré como los que bajan al sepulcro.

2 Oye la voz de mi plegaria,

cuando clamo hacia ti,

cuando elevo mis manos hacia tu Santuario.

3 No me arrastres con los malvados

ni con los que hacen el mal:

con los que hablan de paz a su prójimo,

mientras su corazón está lleno de maldad.

4 Trátalos conforme a sus acciones,

como corresponde a su mala conducta;

trátalos según la obra de sus manos,

págales su merecido.

5 Ellos no valoran lo que hace el Señor

ni la obra de sus manos:

por eso él los derribará

y no volverá a edificarlos.

6 Bendito sea el Señor,

porque oyó la voz de mi plegaria;

7 el Señor es mi fuerza y mi escudo,

mi corazón confía en él.

Mi corazón se alegra porque recibí su ayuda:

por eso le daré gracias con mi canto.

8 El Señor es la fuerza de su pueblo,

el baluarte de salvación para su Ungido.

9 Salva a tu pueblo y bendice a tu herencia;

apaciéntalos y sé su guía para siempre.

Salmo 29 

1 Salmo de David.

¡Aclamen al Señor, hijos de Dios,

aclamen al gloria y el poder del Señor!

2 ¡Aclamen la gloria del hombre del Señor,

adórenlo al manifestarse su santidad!

3 ¡La voz del Señor sobre las aguas!

El Dios de la gloria hace oír su trueno:

el Señor está sobre las aguas torrenciales.

4 ¡La voz del Señor es potente,

la voz del Señor es majestuosa!

5 La voz del Señor parte los cedros,

el Señor parte los cedros del Líbano;

6 hace saltar al Líbano como a un novillo

y al Sirión como a un toro salvaje.

7 La voz del Señor lanza llamas de fuego;

8 la voz del Señor hace temblar el desierto,

el Señor hace temblar el desierto de Cades.

9 La voz del Señor retuerce las encinas,

el Señor arrasa las selvas.

En su Templo, todos dicen: «¡Gloria!».

10 El Señor tiene su trono sobre las aguas celestiales,

el Señor se sienta en su trono de Rey eterno.

11 El Señor fortalece a su pueblo,

el Señor bendice a su pueblo con la paz.

Salmo 30 

1 Salmo Canto para la Dedicación del Templo. De David.

2 Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste

y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.

3 Señor, Dios mío, clamé a ti y tú me sanaste.

4 Tú, Señor, me levantaste del Abismo

y me hiciste revivir,

cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.

5 Canten al Señor, sus fieles;

den gracias a su santo Nombre,

6 porque su enojo dura un instante,

y su bondad, toda la vida:

si por la noche se derraman lágrimas,

por la mañana renace la alegría.

7 Yo pensaba muy confiado:

«Nada me hará vacilar».

8 Pero eras tú, Señor, con tu gracia,

el que me afirmaba sobre fuertes montañas,

y apenas ocultaste tu rostro,

quedé conturbado.

9 Entonces te invoqué, Señor,

e imploré tu bondad:

10 «¿Qué se ganará con mi muerte

o con que yo baje al sepulcro?

¿Acaso el polvo te alabará

o proclamará tu fidelidad?

11 Escucha, Señor, ten piedad de mí;

ven a ayudarme, Señor».

12 Tú convertiste mi lamento en júbilo,

me quitaste el luto y me vestiste de fiesta,

13 para que mi corazón te cante sin cesar.

¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!

Salmo 31 

1 Del maestro de coro. Salmo de David.

2 Yo me refugio en ti, Señor,

¡que nunca me vea defraudado!

Líbrame, por tu justicia

3 inclina tu oído hacia mí

y ven pronto a socorrerme.

Sé para mí una roca protectora,

un baluarte donde me encuentre a salvo,

4 porque tú eres mi Roca y mi baluarte:

por tu Nombre, guíame y condúceme.

5 Sácame de la red que me han tendido,

porque tú eres mi refugio.

6 Yo pongo mi vida en tus manos:

tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.

7 Yo detesto a los que veneran ídolos vanos

y confío en el Señor.

8 ¡Tu amor será mi gozo y mi alegría!

Cuando tú viste mi aflicción

y supiste que mi vida peligraba,

9 no me entregaste al poder del enemigo,

me pusiste en un lugar espacioso.

10 Ten piedad de mí, Señor,

porque estoy angustiado:

mis ojos, mi garganta y mis entrañas

están extenuados de dolor.

11 Mi vida se consume de tristeza,

mis años, entre gemidos;

mis fuerzas decaen por la aflicción

y muy huesos están extenuados.

12 Soy la burla de todos mis enemigos

y la irrisión de mis propios vecinos;

para mis amigos soy motivo de espanto,

los que me ven por la calle huyen de mí,

13 Como un muerto, he caído en el olvido,

me he convertido en una cosa inútil.

14 Oigo los rumores de la gente

y amenazas por todas partes,

mientras se confabulan contra mí

y traman quitarme la vida.

15 Pero yo confío en ti, Señor,

y te digo: «Tú eres mi Dios,

16 mi destino está en tus manos».

Líbrame del poder de mis enemigos

y de aquellos que me persiguen.

17 Que brille tu rostro sobre tu servidor,

sálvame por tu misericordia;

18 Señor, que no me avergüence

de haberte invocado.

Que se avergüencen los malvados

y bajen mudos al Abismo;

19 que enmudezcan los labios mentirosos,

los que profieren insolencias contra el justo

con soberbia y menosprecio.

20 ¡Qué grande es tu bondad, Señor!

Tú la reservas para tus fieles;

y la brindas a los que se refugian en ti,

en la presencia de todos.

21 Tú los ocultas al amparo de tu rostro

de las intrigas de los hombres;

y los escondes en tu Tienda de campaña,

lejos de las lenguas pendencieras.

22 ¡Bendito sea el Señor!

El me mostró las maravillas de su amor

en el momento del peligro.

23 En mi turbación llegué a decir:

«He sido arrojado de tu presencia».

Pero tú escuchaste la voz de mi súplica,

cuando yo te invocaba.

24 Amen al Señor, todos sus fieles,

porque él protege a los que son leales

y castiga con severidad a los soberbios.

25 Sean fuertes y valerosos,

todos los que esperan en el Señor.

Salmo 32 

1 De David. Poema.

¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado

y liberado de su falta!

2 ¡Feliz el hombre a quien el Señor

no le tiene en cuenta las culpas,

y en cuyo espíritu no hay doblez!

3 Mientras me quedé callado,

mis huesos se consumían entre continuos lamentos,

4 porque de día y de noche tu mano pesaba sobre mí;

mi savia se secaba por los ardores del verano.

5 Pero yo reconocí mi pecado,

no te escondí mi culpa,

pensando: «Confesaré mis faltas al Señor».

¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado!

6 Por eso, que todos tus fieles te supliquen

en el momento de la angustia;

y cuando irrumpan las aguas caudalosas

no llegarán hasta ellos.

7 Tú eres mi refugio,

tú me libras de los peligros

y me colmas con la alegría de la salvación.

8 Yo te instruiré,

te enseñaré el camino que debes seguir;

con los ojos puestos en ti, seré tu consejero.

9 No sean irracionales con el caballo y la mula,

cuyo brío hay que contener con el bozal y el freno

para poder acercarse.

10 ¡Cuántos son los tormentos del malvado!

Pero el Señor cubrirá con su amor

al que confía en él.

11 ¡Alégrense en el Señor, regocíjense los justos!

¡Canten jubilosos los rectos de corazón!

Salmo 33 

1 Aclamen, justos, al Señor;

es propio de los buenos alabarlo.

2 Alaben al Señor con la cítara,

toquen en su honor el arpa de diez cuerdas;

3 entonen para él un canto nuevo,

toquen con arte, profiriendo aclamaciones.

4 Porque la palabra del Señor es recta

y él obra siempre con lealtad;

5 él ama la justicia y el derecho,

y la tierra está llena de su amor.

6 La palabra del Señor hizo el cielo,

y el aliento de su boca, los ejércitos celestiales;

7 él encierra en un cántaro las aguas del mar

y pone en un depósito las olas del océano.

8 Que toda la tierra tema al Señor,

y tiemblen ante él los habitantes del mundo;

9 porque él lo dijo, y el mundo existió,

él dio una orden, y todo subsiste.

10 El Señor frustra el designio de las naciones

y deshace los planes de los pueblos,

11 pero el designio del Señor permanece para siempre,

y sus planes, a lo largo de las generaciones.

12 ¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,

el pueblo que él se eligió como herencia!

13 El Señor observa desde el cielo

y contempla a todos los hombres;

14 él mira desde su trono

a todos los habitantes de la tierra;

15 modela el corazón de cada uno

y conoce a fondo todas sus acciones.

16 El rey no vence por su mucha fuerza

ni se libra el guerrero por su gran vigor;

17 de nada sirven los caballos para la victoria:

a pesar de su fuerza no pueden salvar.

18 Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,

sobre los que esperan en su misericordia,

19 para librar sus vidas de la muerte

y sustentarlos en el tiempo de indigencia.

20 Nuestra alma espera en el Señor;

él es nuestra ayuda y nuestro escudo.

21 Nuestro corazón se regocija en él:

nosotros confiamos en su santo Nombre.

22 Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,

conforme a la esperanza que tenemos en ti.

Salmo 34 

1 De David. Cuando se fingió demente delante de Abimélec, y tuvo que irse, echado por él.

2 [Alef] Bendeciré al Señor en todo tiempo,

su alabanza estará siempre en mis labios.

3 [Bet] Mi alma se gloría en el Señor;

que lo oigan los humildes y se alegren.

4 [Guímel] Glorifiquen conmigo al Señor,

alabemos su Nombre todos juntos.

5 [Dálet] Busqué al Señor: él me respondió

y me libró de todos mis temores.

6 [He] Miren hacia él y quedarán resplandecientes,

y sus rostros no se avergonzarán.

7 [Zain] Este pobre hombre invocó al Señor:

él lo escuchó y los salvó de sus angustias.

8 [Jet] El Angel del Señor acampa

en torno de sus fieles, y los libra.

9 [Tet] ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

¡Felices los que en él se refugian!

10  [Iod] Teman al Señor, todos sus santos,

porque nada faltará a los que lo temen.

11 [Caf] Los ricos se empobrecen y sufren hambre,

pero los que buscan al Señor no carecen de nada.

12 [Lámed] Vengan, hijos, escuchen:

voy a enseñarles el temor del Señor.

13 [Mem] ¿Quién es el hombre que ama la vida

y desea gozar de días felices?

14 [Nun] Guarda tu lengua del mal,

y tus labios de palabras mentirosas.

15 [Sámec] Apártate del mal y practica el bien,

busca la paz y sigue tras ella.

16 [Ain] Los ojos del Señor miran al justo

y sus oídos escuchan su clamor;

17 [Pe] pero el Señor rechaza a los que hacen el mal

para borrar su recuerdo de la tierra.

18 [Sade] Cuando ellos claman, el Señor los escucha

y los libra de todas sus angustias.

19 [Qof] El Señor está cerca del que sufre

y salva a los que están abatidos.

20 [Res] El justo padece muchos males,

pero el Señor lo libra de ellos.

21 [Sin] El cuida todos sus huesos,

no se quebrará ni uno solo.

22 [Tau] La maldad hará morir al malvado,

y los que odian al justo serán castigados;

23 [Vau] Pero el Señor rescata a sus servidores,

y los que se refugian en él no serán castigados.

Salmo 35 

1 De David.

Combate, Señor, a los que me atacan,

pelea contra los que me hacen la guerra.

2 Toma el escudo y el broquel,

levántate y ven en mi ayuda;

3 empuña la lanza y la jabalina

para enfrentar a mis perseguidores;

dime: «Yo soy tu salvación».

4 Que sufran una derrota humillante

los que intentan quitarme la vida;

que vuelvan la espalda confundidos

los que traman mi perdición.

5 Que sean como la paja ante el viento,

mientras el Angel del Señor los arrastra;

6 que su camino sea oscuro y resbaladizo,

mientras el Angel del Señor los persigue.

7 Porque me tendieron sus redes sin motivo

y me cavaron una fosa mortal:

8 ¡que los sorprenda un desastre imprevisto;

que sean atrapados por sus propias redes,

y caigan en la fosa que ellos mismos cavaron!

9 Pero yo me alegraré en el Señor,

me regocijaré por su victoria;

10 todo mi ser proclamará:

«Señor, no hay nadie igual a ti;

tú libras al débil de las manos del más fuerte,

y al pobre, de aquel que lo despoja».

11 Se presentan contra mí testigos falsos;

me piden cuenta de cosas que ignoro;

12 me devuelven mal por bien,

dejando mi alma desolada.

13 Yo, en cambio, cuando ellos estaban enfermos,

me cubría con ropas de penitente,

afligía mi alma con ayunos

y oraba con la cabeza inclinada.

14 Ellos eran para mí como un amigo o un hermano,

y yo andaba triste y abatido,

como quien llora la muerte de su madre.

15 Pero cuando tropecé ellos se alegraron,

se juntaron todos contra mí

y me golpearon sorpresivamente;

me desgarraban sin cesar,

16 se burlaban de mí con crueldad

y rechinaban contra mí sus dientes.

17 Señor, ¿cuánto tiempo vas a tolerarlo?

Líbrame de los animales rugientes,

salva mi vida de los leones;

18 y te daré gracias en la gran asamblea,

te alabaré en medio de una multitud.

19 ¡Que no canten victoria mis enemigos traicioneros,

ni se guiñen el ojo los que me odian sin motivo!

20 Ellos no hablan de paz,

sino que atacan a los oprimidos de la tierra;

traman planes engañosos

21 y se ríen de mí a carcajadas, diciendo:

«Lo hemos visto con nuestros propios ojos».

22 Tú también lo has visto, Señor, no te calles;

no te quedes lejos de mí, Señor;

23 ¡despiértate, levántate, Dios mío,

Señor mío, defiende mi causa!

24 Júzgame según tu justicia, Señor;

Dios mío, que no canten victoria sobre mí;

25 que no piensen: «Se cumplió nuestro deseo»,

ni digan: «Lo hemos devorado».

26 Que sufran una derrota humillante

los que se alegran de mi desgracia;

que se cubran de confusión y de vergüenza

los que se envalentonan contra mí.

27 Canten, en cambio, y alégrense,

los que desean mi triunfo;

los que desean mi felicidad,

repitan siempre: «¡Qué grande es el Señor

que en la paz de su siervo se complace!».

28 Entonces mi lengua pregonará tu justicia,

y cada día proclamaré tu alabanza.

Salmo 36 

1 Del maestro de coro. De David, el servidor del Señor.

2 El pecado habla al impío

en el fondo de su corazón;

para él no hay temor de Dios,

3 porque se mira con tan buenos ojos

que no puede descubrir ni aborrecer su culpa.

4 Las palabras de su boca son maldad y traición;

dejó de ser sensato y de practicar el bien;

5 en su lecho, sólo piensa hacer el mal,

se obstina en el camino del crimen

y no reprueba al malvado.

6 Tu misericordia, Señor, llega hasta el cielo,

tu fidelidad hasta las nubes.

7 Tu justicia es como las altas montañas,

tus juicios, como un océano inmenso.

Tú socorres a los hombres y a las bestias:

8 ¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!

Por eso los hombres se refugian a la sombra de tus alas.

9 Se sacian con la abundancia de tu casa,

les das de beber del torrente de tus delicia.

10 En ti está la fuente de la vida,

y por tu luz vemos la luz.

11 Extiende tu gracia sobre los que te reconocen,

y tu justicia sobre los rectos del corazón.

12 ¡Que el pie del orgulloso no me alcance

ni me derribe la mano del malvado!

13 Miren cómo cayeron los malhechores:

fueron derribados, y ya no podrán levantarse.

Salmo 37 

1 De David.

[Alef] No te exasperes a causa de los malos,

ni envidies a los que cometen injusticias,

2 porque pronto se secarán como el pasto

y se marchitarán como la hierba verde.

3 [Bet] Confía en el Señor y practica el bien;

habita en la tierra y vive tranquilo:

4 que el Señor sea tu único deleite,

y él colmará los deseos de tu corazón.

5 [Guímel] Encomienda tu suerte al Señor,

confía en él, y él hará su obra;

6 hará brillar tu justicia como el sol

y tu derecho, como la luz del mediodía.

7 [Dálet] Descansa en el Señor y espera en él;

no te exasperes por el hombre que triunfa,

ni por el que se vale de la astucia

14c para derribar al pobre y al humilde.

8 [He] Domina tu enojo, reprime tu ira;

no te exasperes, no sea que obres mal;

9 porque los impíos serán aniquilados,

y los que esperan al Señor, poseerán la tierra.

10 [Vau] Un poco más, y el impío ya no existirá;

si buscas su casa, ya no estará;

11 pero los humildes poseerán la tierra

y gozarán de una gran felicidad.

12 [Zain] El malvado urde intrigas contra el justo,

y al verlo, rechinan sus dientes;

13 pero el Señor se burla de él,

sabiendo que se le acerca la hora.

14 [Jet] Los impíos desenvainan la espada

y tienden sus arcos para matar al justo;

15 pero su espada les atravesará el corazón

y sus arcos quedarán destrozados.

16 [Tet] Vale más la pobreza del justo

que las grandes riquezas del malvado:

17 porque los brazos del impío se quebrarán,

pero el Señor sostiene a los justos.

18 [Iod] El Señor se preocupa de los buenos

y su herencia permanecerá para siempre;

19 no desfallecerán en los momentos de penuria,

y en los tiempos de hambre quedarán saciados.

20 [Caf] Pero los malvados irán a la ruina,

y los enemigos del Señor pasarán

como la hermosura de los prados,

se disiparán más pronto que el humo.

21 [Lámed] El impío pide prestado y no devuelve,

el justo, en cambio, da con generosidad;

22 los que el Señor bendice, poseerán la tierra,

y los que él maldice, serán exterminados.

23 [Mem] El Señor asegura los pasos del hombre

en cuyo camino se complace:

24 aunque caiga no quedará postrado,

porque el Señor lo lleva de la mano.

25 [Nun] Yo fui joven, ahora soy viejo,

y nunca vi un justo abandonado,

ni a sus hijos mendigando el pan;

26 él presta siempre con generosidad

y su descendencia será bendecida.

27 [Sámec] Aléjate del mal, practica el bien,

y siempre tendrás una morada,

28 porque el Señor ama la justicia

y nunca abandona a sus fieles.

[Ain] Los impíos serán aniquilados

y su descendencia quedará extirpada,

29 pero los justos poseerán la tierra

y habitarán en ella para siempre.

30 [Pe] La boca del justo expresa sabiduría

y su lengua dice lo que es recto:

31 la ley de Dios está en su corazón

y sus pasos no vacilan.

32 [Sade] El malvado está al acecho del justo

con la intención de matarlo,

33 pero el Señor no lo abandona en sus manos

ni deja que lo condenen en el juicio.

34 [Qof] Espera en el Señor y sigue su camino:

40b él te librará de los impíos;

34b te honrará con la posesión de la tierra

y tú mismo verás la ruina de los malos.

35 [Res] Yo vi a un impío lleno de arrogancia,

que florecía como un cedro frondoso;

36 pasé otra vez, y ya no estaba,

lo busqué, y no se lo pudo encontrar.

37 [Sin] Observa al inocente, fíjate en el bueno;

el que busca la paz tendrá una descendencia;

38 pero los pecadores serán aniquilados

y su descendencia quedará extirpada.

39 [Tau] La salvación de los justos viene del Señor,

él es su refugio en el momento del peligro;

40 el Señor los ayuda y los libera,

los salva porque confiaron en él.

Salmo 38 

1 Salmo de David. En memoria.

2 Señor, no me reprendas por tu enojo

ni me castigues por tu indignación.

3 Porque me han traspasado tus flechas

y tu brazo se descargó sobre mí:

4 no hay parte sana en mi carne,

a causa de tu furor.

No hay nada intacto en mis huesos,

a causa de mis pecados;

5 me siento ahogado por mis culpas:

son como un peso que supera mis fuerzas.

6 Mis heridas hieden y supuran,

a causa de mi insensatez;

7 estoy agobiado, decaído hasta el extremo,

y ando triste todo el día.

8 Siento un ardor en mis entrañas,

y no hay parte sana en mi carne;

9 estoy agotado, deshecho totalmente,

y rujo con más fuerza que un león.

10 Tú, Señor, conoces todos mis deseos,

y no se te ocultan mis gemidos:

11 mi corazón palpita, se me acaban las fuerzas

y me falta hasta la luz de mis ojos.

12 Mis amigos y vecinos se apartan de mis llagas,

mis parientes se mantienen a distancia;

13 los que atentan contra mí me tienden lazos,

y los que buscan mi ruina me amenazan de muerte;

todo el día proyectan engaños.

14 Pero yo, como un sordo, no escucho;

como un mudo, no abro la boca:

15 me parezco a uno que no oye

y no tiene nada que replicar.

16 Yo espero en ti, Señor:

tú me responderás, Señor, Dios mío.

17 Sólo te pido que no se rían de mí,

ni se aprovechen cuando tropiecen mis pies.

18 Porque estoy a punto de caer

y el dolor no se aparta de mí:

19 sí, yo confieso mi culpa

y estoy lleno de pesar por mi pecado.

20 Mi enemigos mortales son fuertes;

y son muchos los que me odian sin motivo,

21 los que me retribuyen con maldades

y me atacan porque busco el bien.

22 Pero tú, Señor, no me abandones,

Dios mío, no te quedes lejos de mí;

23 ¡apresúrate a venir en mi ayuda,

mi Señor, mi salvador!

Salmo 39 

1 Del maestro de coro. De Iedutún. Salmo de David.

2 Yo pensé: «Voy a vigilar mi proceder

para no excederme con la lengua;

le pondré una mordaza a mi boca,

mientras tenga delante al malvado».

3 Entonces me encerré en el silencio,

callé, pero no me fue bien:

el dolor se me hacía insoportable;

4 el corazón me ardía en el pecho,

y a fuerza de pensar, el fuego se inflamaba,

¡hasta que al fin tuve que hablar!

5 Señor, dame a conocer mi fin

y cuál es la medida de mis días

para que comprenda lo frágil que soy:

6 no me diste más que un palmo de vida,

y mi existencia es como nada ante ti.

Ahí está el hombre: es tan sólo un soplo,

7 pasa lo mismo que una sombra;

s e inquieta por cosas fugaces

y atesora sin saber para quién.

8 Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda?

Mi esperanza está puesta sólo en ti:

9 líbrame de todas mis maldades,

y no me expongas a la burla de los necios.

10 Yo me callo, no me atrevo a abrir la boca,

porque eres tú quien hizo todo esto.

11 Aparta de mí tus golpes:

¡me consumo bajo el peso de tu mano!

12 Tú corriges a los hombres,

castigando sus culpas;

carcomes como la polilla sus tesoros:

un soplo, nada más, es todo hombre.

13 Escucha, Señor, mi oración;

presta oído a mi clamor;

no seas insensible a mi llanto,

porque soy un huésped en tu casa,

un peregrino, lo mismo que mis padres.

14 No me mires con enojo,

para que pueda alegrarme,

antes que me vaya y ya no exista más.

Salmo 40 

1 Del maestro de coro. De David. Salmo.

2 Esperé confiadamente en el Señor:

él se inclinó hacia mí

y escuchó mi clamor.

3 Me sacó de la fosa infernal,

del barro cenagoso;

afianzó mis pies sobre la roca

y afirmó mis pasos.

4 Puso en mi boca un canto nuevo,

un himno a nuestro Dios.

Muchos, al ver esto, temerán

y confiarán en el Señor.

5 ¡Feliz el que pone en el Señor

toda su confianza,

y no se vuelve hacia los rebeldes

que se extravían tras la mentira!

6 ¡Cuántas maravillas has realizado,

Señor, Dios mío!

Por tus designios en favor nuestro,

nadie se te puede comparar.

Quisiera anunciarlos y proclamarlos,

pero son innumerables.

7 Tú no quisiste víctima ni oblación;

pero me diste un oído atento;

no pediste holocaustos ni sacrificios,

8 entonces dije: «Aquí estoy.

9 En el libro de la Ley está escrito

lo que tengo que hacer:

yo amo. Dios mío, tu voluntad,

y tu ley está en mi corazón».

10 Proclamé gozosamente tu justicia

en la gran asamblea;

no, no mantuve cerrados mis labios,

tú lo sabes, Señor.

11 No escondí tu justicia dentro de mí,

proclamé tu fidelidad y tu salvación,

y no oculté a la gran asamblea

tu amor y tu fidelidad.

12 Y tú, Señor, no te niegues

a tener compasión de mí;

que tu amor y tu fidelidad

me protejan sin cesar.

13 Porque estoy rodeado de tantos males,

que es imposible contarlos.

Las culpas me tienen atrapado

y ya no alcanzo a ver:

son más que los cabellos de mi cabeza,

y me faltan las fuerzas.

14 Líbrame, Señor, por favor;

Señor, ven pronto a socorrerme.

15 Que se avergüencen y sean humillados

los que quieren acabar con mi vida.

Que retrocedan confundidos

los que desean mi ruina;

16 queden pasmados de vergüenza

los que se ríen de mí.

17 Que se alegren y se regocijen en ti

todos los que te buscan

y digan siempre los que desean tu victoria;

«¡Qué grande es el Señor!»

18 Yo soy pobre y miserable,

pero el Señor piensa en mí;

tú eres mi ayuda y mi libertador,

¡no tardes, Dios mío!

Salmo 41 

1 Del maestro de coro. Salmo de David.

2 Feliz el que se ocupa del débil y del pobre:

el Señor lo librará en el momento del peligro.

3 El Señor lo protegerá y le dará larga vida,

lo hará dichoso en la tierra

y no lo entregará a la avidez de sus enemigos.

4 El Señor lo sostendrá en su lecho de dolor

y le devolverá la salud.

5 Yo dije: «Ten piedad de mí, Señor,

sáname, porque pequé contra ti».

6 Mis enemigos sólo me auguran desgracias:

«¿Cuándo se morirá y desaparecerá su nombre?».

7 Si alguien me visita, habla con falsedad,

recoge malas noticias y las divulga al salir.

8 Mis adversarios se juntan para murmurar contra mí,

y me culpan de los males que padezco, diciendo:

9 «Una enfermedad incurable ha caído sobre él;

ese que está postrado no volverá a levantarse».

10 Hasta mi amigo más íntimo, en quien yo confiaba,

el que comió mi pan, se puso contra mí.

11 Pero tú, Señor, ten piedad de mí;

levántame y les daré su merecido.

12 En esto reconozco que tú me amas,

en que mi enemigo no canta victoria sobre mí.

13 Tú me sostuviste a causa de mi integridad,

y me mantienes para siempre en tu presencia.

14 ¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel,

desde siempre y para siempre!

¡Amén! ¡Amén!

Salmo 42 

1 Del maestro de coro. Poema de los hijos de Coré.

2 Como la cierva sedienta

busca las corrientes de agua,

así mi alma suspira

por ti, mi Dios.

3 Mi alma tiene sed de Dios,

del Dios viviente:

¿Cuándo iré a contemplar

el rostro de Dios?

4 Las lágrimas son mi único pan

de día y de noche,

mientras me preguntan sin cesar:

«Dónde está tu Dios?»

5 Al recordar el pasado,

me dejo llevar por la nostalgia:

¡cómo iba en medio de la multitud

y la guiaba hacia la Casa de Dios,

entre cantos de alegría y alabanza,

en el júbilo de la fiesta!

6 ¿Por qué te deprimes, alma mía?

¿Por qué te inquietas?

Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias,

a él, que es mi salvador y mi Dios

7 Mi alma está deprimida:

por eso me acuerdo de ti,

desde la tierra del Jordán y el Hermón,

desde el monte Misar.

8 Un abismo llama a otro abismo,

con el estruendo de tus cataratas;

tus torrentes y tus olas

pasaron sobre mí.

9 De día, el Señor me dará su gracia;

y de noche, cantaré mi alabanza

al Dios de mi vida.

10 Diré a mi Dios:

«Mi Roca, ¿por qué me has olvidado?

¿Por qué tendré que estar triste,

oprimido por mi enemigo?».

11 Mis huesos se quebrantan

por la burla de mis adversarios;

mientras me preguntan sin cesar:

«¿Dónde está tu Dios?»

12 ¿Por qué te deprimes, alma mía?

¿Por qué te inquietas?

Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias,

a él, que es mi salvador y mi Dios.

Salmo 43 

1 Júzgame, oh Dios,

y defiende mi causa

contra la gente sin piedad;

líbrame del hombre falso y perverso.

2 Si tú eres mi Dios y mi fortaleza,

¿por qué me rechazas?

¿Por qué tendré que estar triste,

oprimido por mi enemigo?

3 Envíame tu luz y tu verdad:

que ellas me encaminen

y me guíen a tu santa Montaña,

hasta el lugar donde habitas.

4 Y llegaré al altar de Dios,

el Dios que es la alegría de mi vida;

y te daré gracias con la cítara,

Señor, Dios mío.

5 ¿Por qué te deprimes, alma mía?

¿Por qué te inquietas?

Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias,

a él, que es mi salvador y mi Dios.

Salmo 44 

1 Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Poema.

2 Oh Dios, nuestros padres nos contaron,

y por eso llegó a nuestros oídos,

la obra que hiciste antiguamente,

3 con tu propia mano, cuando ellos vivían.

Tú expulsaste a las naciones

para plantarlos a ellos;

y para hacerlos crecer,

destruiste a los pueblos.

4 No ocuparon la tierra con su espada

ni su brazo les obtuvo la victoria:

fue tu mano derecha y tu brazo,

fue la luz de tu rostro, porque los amabas.

5 Eras tú, mi Rey y mi Dios,

el que decidía las victorias de Jacob:

6 con tu auxilio embestimos al enemigo

y en tu Nombre aplastamos al agresor.

7 Porque yo no confiaba en mi arco

ni mi espada me dio la victoria:

8 tú nos salvaste de nuestros enemigos

y confundiste a nuestros adversarios.

9 Dios ha sido siempre nuestro orgullo:

damos gracias a tu Nombre eternamente.

10 Pero ahora nos rechazaste y humillaste:

dejaste de salir con nuestro ejército,

11 nos hiciste retroceder ante el enemigo

y nuestros adversarios nos saquearon.

12 Nos entregaste como ovejas al matadero

y nos dispersaste entre las naciones;

13 vendiste a tu pueblo por nada,

no sacaste gran provecho de su venta.

14 Nos expusiste a la burla de nuestros vecinos,

a la risa y al escarnio de los que nos rodean;

15 hiciste proverbial nuestra desgracia

y los pueblos nos hacen gestos de sarcasmo.

16 Mi oprobio está siempre ante mí

y mi rostro se cubre de vergüenza,

17 por los gritos de desprecio y los insultos,

por el enemigo sediento de venganza.

18 ¡Y todo esto nos ha sobrevenido

sin que nos hayamos olvidado de ti,

sin que hayamos traicionado tu alianza!

19 Nuestro corazón no se volvió atrás

ni nuestros pasos se desviaron de tu senda,

20 como para que nos aplastaras en un lugar desierto

y nos cubrieras de tinieblas.

21 Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios

y recurrido a un dios extraño,

22 Dios lo habría advertido,

porque él conoce los secretos más profundos.

23 Por tu causa nos dan muerte sin cesar

y nos tratan como a ovejas que van al matadero.

24 ¡Despierta, Señor! ¿Por qué duermes?

¡Levántate, no nos rechaces para siempre!

25 ¿Por qué ocultas tu rostro

y te olvidas de nuestra desgracia y opresión?

26 Estamos hundidos en el polvo,

nuestro cuerpo está pegado a la tierra.

27 ¡Levántate, ven a socorrernos;

líbranos por tu misericordia!

Salmo 45 

1 Del maestro de coro. Según la melodía de «Los lirios». De los hijos de Coré. Poema. Canto de amor.

2 Me brota del corazón un hermoso poema,

yo dedico mis versos al rey:

mi lengua es como la pluma de un hábil escribiente.

3 Tú eres hermoso, el más hermoso de los hombres;

la gracia se derramó sobre tus labios,

porque Dios te ha bendecido para siempre.

4 Cíñete, guerrero, la espada a la cintura;

5 con gloria y majestad, avanza triunfalmente;

cabalga en defensa de la verdad y de los pobres.

Tu mano hace justicia y tu derecha, proezas;

6 tus flechas con punzantes, se te rinden los pueblos

y caen desfallecidos los rivales del rey.

7 Tu trono, como el de Dios, permanece para siempre;

el cetro de tu realeza es un cetro justiciero:

8 tú amas la justicia y odias la iniquidad.

Por eso el Señor, tu Dios, prefiriéndote a tus iguales,

te consagró con el óleo de la alegría:

9 tus vestiduras exhalan perfume de mirra, áloe y acacia.

Las arpas te alegran desde los palacios de marfil;

10 una hija de reyes está de pie a tu derecha:

es la reina, adornada con tus joyas y con oro de Ofir.

11 ¡Escucha, hija mía, mira y presta atención!

Olvida tu pueblo y tu casa paterna,

12 y el rey se prendará de tu hermosura.

El es tu señor: inclínate ante él;

13 la ciudad de Tiro vendrá con regalos

y los grandes del pueblo buscarán tu favor.

14 Embellecida con corales engarzados en oro

15 y vestida de brocado, es llevada hasta el rey.

Las vírgenes van detrás, sus compañeras la guían,

16 con gozo y alegría entran al palacio real.

17 Tus hijos ocuparán el lugar de tus padres,

y los pondrás como príncipes por toda la tierra.

18 Yo haré célebre tu nombre por todas las generaciones;

por eso, los pueblos te alabarán eternamente.

Salmo 46 

1 Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Para oboes. Canto.

2 Dios es nuestro refugio y fortaleza,

una ayuda siempre pronta en los peligros.

3 Por eso no tememos, aunque la tierra se conmueva

y las montañas se desplomen hasta el fondo del mar;

4 aunque bramen y se agiten sus olas,

y con su ímpetu sacudan las montañas.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,

nuestro baluarte es el Dios de Jacob.

5 Los canales del Río alegran la Ciudad de Dios,

la más santa Morada del Altísimo.

6 Dios está en medio de ella: nunca vacilará;

él la socorrerá al despuntar la aurora.

7 Tiemblan las naciones, se tambalean los reinos:

él hace oír su voz y se deshace la tierra.

8 El Señor de los ejércitos está con nosotros,

nuestro baluarte es el Dios de Jacob.

9 Vengan a contemplar las obras del Señor,

él hace cosas admirables en la tierra:

10 elimina la guerra hasta los extremos del mundo;

rompe el arco, quiebra la lanza

y prende fuego a los escudos.

11 Ríndanse y reconozcan que yo soy Dios:

yo estoy por encima de las naciones,

por encima de toda la tierra.

12 El Señor de los ejércitos está con nosotros,

nuestro baluarte es el Dios de Jacob.

Salmo 47 

1 Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo.

2 Aplaudan, todos los pueblos,

aclamen a Dios con gritos de alegría;

3 porque el Señor, el Altísimo, es temible,

es el soberano de toda la tierra.

4 El puso a los pueblos bajo nuestro yugo,

y a las naciones bajo nuestros pies;

5 él eligió para nosotros una herencia,

que es el orgullo de Jacob, su predilecto.

6 Dios asciende entre aclamaciones,

asciende al sonido de trompetas.

7 Canten, canten a nuestro Dios,

canten, canten a nuestro Rey:

8 Dios es el Rey de toda la tierra,

cántenle un hermoso himno.

9 Dios reina sobre las naciones,

Dios se sienta en su trono sagrado.

10 Los nobles de los pueblos se reúnen

con el pueblo del Dios de Abraham:

de Dios son los poderosos de la tierra,

y él se ha elevado inmensamente.

Salmo 48 

1 Canto. Salmo de los hijos de Coré.

2 El Señor es grande y digno de alabanza,

en la Ciudad de nuestro Dios.

3 Su Santa Montaña, la altura más hermosa,

es la alegría de toda la tierra.

La Montaña de Sión, la Morada de Dios,

es la Ciudad del gran Rey:

4 Dios se manifestó como un baluarte

en medio de sus palacios.

5 Porque los reyes se aliaron

y avanzaron unidos contra ella;

6 pero apenas la vieron quedaron pasmados

y huyeron despavoridos.

7 Allí se apoderó de ellos el terror

y dolores como los del parto,

8 como cuando el viento del desierto

destroza las naves de Tarsis.

9 Hemos visto lo que habíamos oído

en la Ciudad de nuestro Dios,

en la Ciudad del Señor de los ejércitos,

que él afianzó para siempre.

10 Nosotros evocamos tu misericordia

en medio de tu Templo, oh Dios.

11 Tu alabanza, lo mismo que tu nombre,

llega hasta los confines de la tierra.

Tu derecha está llena de justicia:

12 se alegra la Montaña de Sión;

las ciudades de Judá se regocijan

a causa de tus juicios.

13 Den una vuelta alrededor de Sión

y cuenten sus torreones;

14 observen sus baluartes y miren sus palacios,

para que puedan decir a la próxima generación:

15 «Así es Dios, nuestro Dios por los siglos de los siglos,

aquel que nos conduce».

Salmo 49 

1 Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo.

2 Oigan esto, todos los pueblos;

escuchen, todos los habitantes del mundo:

3 tanto los humildes como los poderosos,

el rico lo mismo que el pobre.

4 Mi boca hablará sabiamente,

mis reflexiones serán muy sensatas.

5 Voy a inspirarme para componer un proverbio,

revelaré mi enigma al son de la cítara.

6 ¿Por qué voy a temer en los momentos de peligro,

cuando me rodea la maldad de mis opresores,

7 de esos que confían en sus riquezas

y se jactan de su gran fortuna?

8 No, nadie puede rescatarse a sí mismo

ni pagar a Dios el precio de su liberación,

10 para poder seguir viviendo eternamente

sin llegar a ver el sepulcro:

9 el precio de su rescate es demasiado caro,

y todos desaparecerán para siempre.

11 Cualquiera ve que mueren los sabios,

necios e ignorantes perecen por igual,

y dejan a otros sus riquezas:

12 la tumba es su residencia perpetua,

su morada por los siglos de los siglos,

por más que hayan poseído muchas tierras.

13 Ningún hombre permanece en la opulencia,

sino que muere lo mismo que los animales:

14 este es el destino de los que tienen riquezas,

y el final de la gente insaciable.

15 Serán puestos como ovejas en el Abismo,

la Muerte será su pastor;

bajarán derecho a la tumba,

su figura se desvanecerá

y el Abismo será su mansión.

16 Pero Dios rescatará mi vida,

me sacará de las garras del Abismo.

17 No te preocupes cuando un hombre se enriquece

o aumenta el esplendor de su casa:

18 cuando muera, no podrá llevarse nada,

su esplendor no bajará con él.

19 Aunque en vida se congratulaba, diciendo:

«Te alabarán porque lo pasas bien»,

20 igual irá a reunirse con sus antepasados,

con esos que nunca verán la luz.

21 El hombre rico no reflexiona,

y muere lo mismo que los animales.

Salmo 50 

1 Salmo de Asaf.

El Dios de los dioses, el Señor,

habla para convocar a la tierra

desde la salida del sol hasta el ocaso.

2 Dios resplandece desde Sión,

que es el dechado de toda hermosura:

3 ya viene nuestro Dios, y no callará;

un fuego devorador lo precede,

la tempestad ruge a su alrededor.

4 El llama desde lo alto al cielo y a la tierra,

para entablar un juicio contra su pueblo:

5 «Reúnanme a mis amigos,

a los que sellaron mi alianza con un sacrificio».

6 ¡Que el cielo proclame su justicia,

porque Dios es el único Juez!

7 «Escucha, pueblo mío, yo te hablo;

Israel, voy a alegar contra ti:

yo soy el Señor, tu Dios.

8 No te acuso por tus sacrificios:

¡tus holocaustos están siempre en mi presencia!

9 Pero yo no necesito los novillos de tu casa

ni los cabritos de tus corrales.

10 Porque son mías todas las fieras de la selva,

y también el ganado de las montañas más altas.

11 Yo conozco los pájaros de los montes

y tengo ante mí todos los animales del campo.

12 Si tuviera hambre, no te diría,

porque es mío el mundo y todo lo que hay en él.

13 ¿Acaso voy a comer la carne de los toros

o a beber la sangre de los cabritos?

14 Ofrece al Señor un sacrificio de alabanza

y cumple tus votos al Altísimo;

15 invócame en los momentos de peligro:

yo te libraré, y tú me glorificarás».

16 Dios dice al malvado:

«¿Cómo te atreves a pregonar mis mandamientos

y a mencionar mi alianza con tu boca,

17 tú, que aborreces toda enseñanza

y te despreocupas de mis palabras?

18 Si ves a un ladrón, tratas de emularlo;

haces causa común con los adúlteros;

19 hablas mal sin ningún reparo

y tramas engaños con tu lengua;

20 te sientas a conversar contra tu hermano,

deshonras al hijo de tu propia madre.

21 Haces esto, ¿y yo me voy a callar?

¿Piensas acaso que soy como tú?

Te acusaré y te argüiré cara a cara,

22 Entiendan bien esto, los que olvidan a Dios,

no sea que yo los destruya sin remedio.

23 El que ofrece sacrificios de alabanza

me honra de verdad;

y al que va por el buen camino

le haré gustar la salvación de Dios».

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