15 Oseas

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Introducción

Introducción

Oseas, Capítulo 1 

1 Palabra del Señor que fue dirigida a Oseas, hijo de Beerí, en tiempos de Ozías, de Jotam, de Ajaz y de Ezequías, reyes de Judá, y en tiempos de Jeroboam, hijo de Joás, rey de Israel.

2 Comienzo de lo que habló el Señor por medio de Oseas. El Señor le dijo: «Ve, toma por esposa a una mujer entregada a la prostitución, y engendra hijos de prostitución, porque el país no hace más que prostituirse, apartándose del Señor».

3 El fue y tomó por esposa a Gómer, hija de Diblaim; ella concibió y le dio un hijo.

4 Entonces el Señor dijo a Oseas: «Llámalo Izreel, porque dentro de poco tiempo pediré cuenta a la casa de Jehú por la sangre derramada en Izreel, y pondré fin al reinado de la casa de Israel.

5 Aquel día, yo quebraré el arco de Israel en el valle de Izreel».

6 Ella concibió otra vez y dio a luz una hija. El Señor dijo a Oseas: «Llámala «No compadecida», porque ya no volveré a compadecerme de la casa de Israel, sino que les retiraré mi compasión.

7 Pero me compadeceré de la casa de Judá, y los salvaré por medio del arco, ni de la espada, ni de las armas de guerra, ni tampoco por medio de caballos y jinetes».

8 Después que dejó de amamantar a «No compadecida», Gómer concibió y dio a luz un hijo.

9 Entonces el Señor dijo: «Llámalo «No es mi pueblo», porque ustedes no son mi pueblo, ni yo seré para ustedes “El que es”».

Oseas, Capítulo 2 

1 El número de los israelitas será como la arena del mar, que no se puede medir ni contar; y en lugar de decirles: «Ustedes no son mi pueblo», les dirán: «Hijos del Dios viviente».

2 Entonces los hijos de Judá se reunirán con los hijos de Israel: designarán para sí un jefe único y desbordarán del país, porque será grande el día de Izreel.

3 Digan a sus hermanos: «Mi pueblo» y a sus hermanas: «compadecida».

4 ¡Acusen a su madre, acúsenla! Porque ella no es mi mujer ni yo soy su marido. Que aparte de su rostro sus prostituciones, y sus adulterios de entre sus senos.

5 Si no, la desnudaré por completo y la dejaré como el día en que nació; haré de ella un desierto, la convertiré en tierra árida y la haré morir de sed.

6 Y no tendré compasión de sus hijos, porque son hijos de prostitución.

7 Sí, su madre se prostituyó, la que los concibió se cubrió de vergüenza, porque dijo: «Iré detrás de mis amantes, los que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mis bebidas».

8 Por eso voy a obstruir su camino con espinas, la cercaré con un muro, y no encontrará sus senderos.

9 Irá detrás de sus amantes y no los alcanzará, los buscará y no los encontrará. Entonces dirá: Volveré con mi primer marido, porque antes me iba mejor que ahora».

10 Ella no reconoció que era yo el que le daba el trigo, el vino nuevo y el aceite fresco; el que le prodigaba la plata y el oro que ellos emplearon para Baal.

11 Por eso retiraré mi trigo a su tiempo y mi vino en su estación; arrancaré mi lana y mi lino, con los que cubría su desnudez.

12 Ahora descubriré su deshonra a la vista de todos sus amantes, y nadie la librará de mi mano.

13 Haré cesar toda su alegría, sus fiestas, sus novilunios, sus sábados y todas sus solemnidades.

14 Devastaré su viña y su higuera, de las que ella decía: «Este es el salario que me dieron mis amantes». Las convertiré en una selva y las devorarán los animales del campo.

15 Le pediré cuenta por los días de los Baales, a los que ella quemaba incienso, cuando se adornaba con su anillo y su collar e iba detrás de sus amantes, olvidándose de mí –oráculo del Señor–.

16 Por eso, yo la seduciré, la llevaré al desierto y le hablaré de su corazón.

17 Desde allí, le daré sus viñedos y haré del valle de Acor una puerta de esperanza. Allí, ella responderá como en los días de su juventud, como el día en que subía del país de Egipto.

18 Aquel día –oráculo del Señor– tú me llamarás: «Mi esposo» y ya no me llamarás: «Mi Baal».

19 Le apartaré de la boca los nombres de los Baales, y nunca más serán mencionados por su nombre.

20 Yo estableceré para ellos, en aquel día una alianza con los animales del campo, con las aves del cielo y los reptiles de la tierra; extirparé del país el arco, la espada y la guerra, y haré que descansen seguros.

21 Yo te desposaré para siempre, te desposaré en la justicia y el derecho, en el amor y la misericordia;

22 te desposaré en la fidelidad, y tú conocerás al Señor.

23 Aquel día yo responderé –oráculo del Señor– responderé a los cielos y ellos responderán a la tierra;

24 y la tierra responderá al trigo, al vino nuevo y al aceite fresco, y ellos responderán a Izreel.

25 Yo la sembraré para mí en el país; tendré compasión de «No compadecida» y diré a «No es mi pueblo»: «¡Tú eres Mi Pueblo!» y él dirá: «¡Dios mío!».

Oseas, Capítulo 3 

1 El Señor me dijo: «Ve una vez más, y ama a una mujer amada por otro y adúltera, como ama el Señor a los israelitas, mientras ellos se vuelven a otros dioses y aman las tortas de uvas».

2 Yo la compré por quince siclos de plata, y por una carga y media de cebada.

3 Entonces le dije: «Durante mucho tiempo, estarás conmigo; no te prostituirás ni te entregarás a otro hombre. Y yo haré lo mismo contigo».

4 Porque durante mucho tiempo, los israelitas estarán sin rey y sin jefe, sin sacrificio y sin piedra conmemorativa, sin efod y sin ídolos familiares.

5 Después los israelitas volverán y buscarán al Señor, su Dios, y a David, su rey; y acudirán con temor al Señor y a sus bienes, en los días futuros.

 

Introducción

Oseas, Capítulo 4 

1 Escuchen la palabra del Señor, israelitas, porque el Señor tiene un pleito con los habitantes del país; ya no hay fidelidad, ni amor, ni conocimiento de Dios en el país.

2 Sólo perjurio y engaño, asesinato y robo, adulterio y extorsión, y los crímenes sangrientos se suceden uno tras otro.

3 Por eso, el país está de duelo y languidecen todos sus habitantes; hasta los animales del campo y los pájaros del cielo, y aún los peces del mar, desaparecerán.

4 ¡No, que nadie acuse ni haga reproches! ¡Mi pleito es contigo, sacerdote!

5 Tú tropezarás en pleno día; también el profeta tropezará en la noche junto contigo, y yo haré perecer a tu madre.

6 Mi pueblo perece por falta de conocimiento. Porque tú has rechazado el conocimiento, yo te rechazaré de mi sacerdocio; porque has olvidado la instrucción de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.

7 Todos, sin excepción, pecaron contra mí, cambiaron su Gloria por la Ignominia.

8 Se alimentan con el pecado de mi pueblo y están ávidos de su iniquidad.

9 Pero al sacerdote le sucederá lo mismo que al pueblo: yo le pediré cuenta de su conducta y le retribuiré sus malas acciones.

10 Comerán, pero no se saciarán, se prostituirán, pero no aumentarán, porque han abandonado al Señor, para entregarse a la prostitución.

11 El vino y el mosto hacen perder la razón.

12 Mi pueblo consulta a su pedazo de madera y su vara lo adoctrina, porque un espíritu de prostitución lo extravía y se han prostituido lejos de su Dios.

13 Sacrifican en las cumbres de las montañas y queman incienso sobre las colinas, bajo la encina, el álamo y el terebinto, porque su sombre es agradable. Por eso se prostituyen las hijas de ustedes y sus nueras cometen adulterio.

14 Pero yo no pediré cuenta a sus hijas por su prostitución ni a sus nueras por su adulterio, porque ellos mismos se van aparte con prostitutas y ofrecen sacrificios con las consagradas a la prostitución. ¡Así, un pueblo que no entiende va la ruina!

15 ¡Si tú te prostituyes, Israel, que al menos Judá no se haga culpable! ¡No vayan a Guilgal, no suban a Bet Aven, ni juren por la vida del Señor!

16 Sí, Israel se ha vuelto obstinado como una vaca empacada. ¿Puede ahora el Señor apacentarlos como a corderos en campo abierto?

17 Israel está apegado a los ídolos: ¡déjalo!

18 Cuando terminan de embriagarse se entregan a la prostitución; sus jefes aman la Ignominia.

19 El viento los envolverá con sus alas y se avergonzarán de sus sacrificios

Oseas, Capítulo 5 

1 ¡Escuchen esto, sacerdotes, presta atención, casa de Israel, atienden, casa del rey, porque el juicio es con ustedes! Sí, ustedes han sido una trampa en Mispá y una red tendida sobre el Tabor.

2 Ellos ahondaron la fosa de Sitím y yo los voy a corregir a todos.

3 Yo conozco a Efraím y no se me oculta Israel: porque tú, Efraím, has inducido a la prostitución, Israel se ha vuelto impuro.

4 Sus acciones no los dejan volver a su Dios, porque hay en medio de ellos un espíritu de prostitución y no conocen al Señor.

5 La arrogancia de Jacob atestigua contra él; Israel y Efraím tropiezan por su propia culpa y junto con ellos, también tropieza Judá.

6 Con sus rebaños y su ganado irán en busca del Señor, pero no lo encontrarán: él se ha librado de ellos.

7 Han traicionado al Señor, porque engendraron bastardos: ahora la luna nueva los va a devorar, a ellos junto con sus campos.

8 ¡Hagan sonar el cuerno en Guibeá y la trompeta en Ramá! ¡Den la alarma en Bet Aven! ¡Alerta, Benjamín!

9 Efraím será una desolación en el día del castigo; entre las tribus de Israel, yo hago saber una cosa cierta.

10 Los jefes de Judá han sido como los que desplazan los límites: sobre ellos derramaré mi furor a raudales.

11 Efraím está oprimido, se ha conculcado el derecho, porque él había resuelto ir detrás de la inmundicia.

12 Yo seré como polilla para Efraím y como caries para la casa de Judá.

13 Cuando Efraím vio su enfermedad y Judá su llaga, Efraím acudió a Asiria y Judá envió mensajeros al gran rey. Pero él no puede sanarlos ni curarlos de la llaga.

14 Porque yo soy como un león para Efraím y como un cachorro de león para la casa de Judá. Yo, yo mismo desgarraré y me iré, me llevaré la presa y nadie me la arrancará.

15 Yo me iré, regresaré a mi lugar, hasta que ellos se reconozcan culpables y busquen mi rostro: en su angustia, me buscarán ardientemente.

Oseas, Capítulo 6 

1 «Vengan, volvamos al Señor: él nos ha desgarrado, pero nos sanará; ha golpeado, pero vendará nuestras heridas.

2 Después de dos días nos hará revivir, al tercer día nos levantará, y viviremos en su presencia.

3 Esforcémonos por conocer al Señor: su aparición es cierta como la aurora. Vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia de primavera que riega la tierra».

4 ¿Qué haré contigo, Efraím? ¿Qué haré contigo, Judá? Porque el amor de ustedes es como nube matinal, como el rocío de pronto se disipa.

5 Por eso los hice pedazos por medio de los profetas, los hice morir con las palabras de mi boca, y mi juicio surgirá como la luz.

6 Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.

7 Ellos violaron mi alianza en Adam, allí me traicionaron.

8 Galaad es una ciudad de malhechores, llena de improntas de sangre.

9 Como bandidos que están al acecho, una banda de sacerdotes asesina en el camino de Siquem; ¡es una infamia lo que hacen!

10 En la casa de Israel he visto una cosa horrible; allí se prostituye Efraím, se contamina Israel.

11 También a ti, Judá, se te ha destinado una cosecha, cuando yo cambie la suerte de mi pueblo.

Oseas, Capítulo 7 

1 Cuando yo quería sanar a Israel, se reveló la culpa de Efraím, las maldades de Samaría. Sí, ellos obran de mala fe; el ladrón penetra en la casa, mientras una banda despoja afuera.

2 Y no se detienen a pensar que yo me acuerdo de toda su maldad. Ahora los rodean sus malas acciones y ellas están delante de mi rostro.

3 Con su perfidia, ellos entretienen al rey, y con sus mentiras, a los príncipes.

4 ¡Son todos adúlteros! Se parecen a un horno encendido, que el panadero deja de avivar desde que se amasa la pasta hasta que ha fermentado.

5 En la fiesta de nuestro rey, los príncipes se enervan bajo los ardores del vino; él tiende la mano a esos burlones.

6 Porque ellos se acercaron encubiertamente, aunque su corazón es como un horno. Toda la noche se adormece su furor, y a la mañana se enciende como una llama de fuego.

7 Todos ellos se inflaman como un horno y devoran a sus jefes. ¡Así han caído sus reyes uno tras otro, pero nadie entre ellos clama hacia mí!

8 Efraím se mezcla con los pueblos, es un pastel cocido a medias.

9 Los extranjeros han devorado su vigor, y él no lo sabe. También le han salido canas, y él no lo sabe.

10 La arrogancia de Israel atestigua contra él, pero ellos no vuelven al Señor, su Dios; a pesar de todo esto, no lo buscan.

11 Efraím es como una paloma ingenua, falta de discernimiento: apelan a Egipto, se van hacia Asiria.

12 Pero allí donde vayan, yo tenderé sobre ellos mi red; los haré caer como pájaros del cielo, los atraparé apenas se oiga que están reunidos.

13 ¡Ay de ellos, porque han huido lejos de mí! ¡Sobre ellos la devastación, porque se han rebelado contra mí! ¡Sí, yo quiero rescatarlos, pero ellos dicen mentiras contra mí!

14 No gritaron hacia mí de corazón, cuando se lamentaban en sus lechos. Por trigo y vino nuevo se hacen incisiones y se han obstinado contra mí.

15 Yo mismo los dirigí, fortalecí sus brazos, pero ellos traman el mal contra mí.

16 Se vuelven, pero no hacia lo alto, son como un arco fallido. Sus jefes caerán bajo la espada, por la insolencia de su lenguaje: esto hará que se rían de ellos en Egipto.

Oseas, Capítulo 8 

1 ¡Lleva a tu boca la trompeta! Como un águila, se abate la desgracia sobre la casa del Señor, porque ellos han transgredido mi alianza y se han rebelado contra mi Ley.

2 Ellos gritan hacia mí: «¡Dios mío, nosotros, los de Israel, te conocemos!».

3 Pero Israel ha rechazado el bien: el enemigo lo perseguirá.

4 Entronizaron reyes pero sin contar conmigo; designaron príncipes, pero sin mi aprobación. Se hicieron ídolos con su plata y su oro, para su propio exterminio.

5 Yo rechazo tu ternero, Samaría; mi ira se ha encendido contra ellos. ¿Hasta cuándo no podrán recobrar la inocencia?

6 Porque ese ternero proviene de Israel: lo hizo un artesano, y no es Dios. Sí, el ternero de Samaría quedará hecho pedazos.

7 Porque siembran vientos, recogerán tempestades. Tallos sin espiga no produce harina, y si la produce, se la tragarán los extranjeros.

8 ¡Israel ha sido tragado! Ahora están entre las naciones como un objeto sin valor,

9 porque ellos subieron a Asiria. El asno salvaje se queda solo, pero Efraím paga los amores con regalos.

10 Aunque hagan regalos entre las naciones, ahora los voy a reunir, y dentro de poco se retorcerán bajo el peso del rey de los príncipes.

11 Efraím multiplicó los altares para expiar el pecado, pero esos altares le han servido sólo para pecar.

12 Por más que escriba para él mis prescripciones de mi Ley, se las tendría por una cosa extraña.

13 En cuanto a los sacrificios que me ofrecen, ¡que los inmolen, que se coman la carne! ¡El Señor no los aceptará! Ahora, él se acordará de sus culpas y pedirá cuanta de sus pecados: entonces ellos regresarán a Egipto.

14 Israel se olvidó de su Creador y se construyó palacios Judá multiplicó sus plazas fuertes, pero no enviaré fuego a sus ciudades y él consumirá sus ciudadelas.

Oseas, Capítulo 9 

1 ¡No te alegres, Israel, no te regocijes como los pueblos! Porque te has prostituido lejos de tu Dios y has amado el salario de las prostitutas sobre todas las eras de trigo.

2 Pero la era y el lagar no los alimentarán y el vino nuevo los dejará defraudados.

3 No habitarán en el país del Señor: Efraím regresará a Egipto, y en Asiria comerán un alimento impuro.

4 No harán al Señor libaciones de vino y sus sacrificios no le agradarán; su pan será como un pan de duelo, y todos los que lo coman quedarán contaminados, porque ese pan será para ellos mismos y no entrará en la Casa del Señor.

5 ¿Qué harán ustedes el día de la solemnidad, el día de la fiesta del Señor?

6 Ellos escaparon a la devastación, pero Egipto los reunirá, Menfis los enterrará, la ortiga heredará sus tesoros de plata, las espinas invadirán sus carpas.

7 ¡Han llegado los días de pedir cuenta, han llegado los días de la retribución: que lo sepa Israel! El profeta se vuelve loco, el hombre del espíritu delira, a causa de la enormidad de tu falta y de tu gran hostilidad.

8 El profeta, centinela de Efraím, está junto a Dios, pero se le tiende una red en todos sus caminos y él encuentra hostilidad hasta en la Casa de su Dios.

9 Ellos se han corrompido profundamente como en los días de Guibeá; pero él se acordará de sus culpas y pedirá cuenta de sus pecados.

10 Como uvas en el desierto, yo encontré a Israel; como una breva en la higuera, al comienzo de la estación, yo vi a sus padres. Pero, al llegar a Baal Peor, se consagraron a la Ignominia y se hicieron abominables como el objeto de su amor.

11 ¡Efraím! Su gloria saldrá volando como un pájaro: no habrá más parto, ni embarazo, ni concepción.

12 Aunque críen a sus hijos, se los quitaré antes que sean hombres. Sí, ¡ay de ellos cuando yo los abandone!

13 Cuando yo vi a Efraím, era una plantación en una pradera, pero tendrá que llevar sus hijos al verdugo.

14 ¡Dales, Señor…! ¿Qué les darás? Dales un vientre estéril y pechos resecos.

15 Toda su perversidad se manifestó en Guilgal: allí comencé a detestarlos. Por la maldad de sus acciones los arrojaré de mi casa, ya no los amaré más; todos sus jefes son rebeldes.

16 Efraím está herido, se ha secado su raíz, ya no fructificará. Aunque tengan hijos, yo mataré el fruto preciosos de sus entrañas.

17 Mi Dios los rechazará porque no lo escucharon, y andarán errantes entre las naciones.

Oseas, Capítulo 10 

1 Israel era una viña exhuberante, que producía su fruto. Cuanto más se multiplicaban sus frutos, más multiplicaba él los altares; cuanto mejor le iba al país, mejores hacía él las piedras conmemorativas.

2 Su corazón está dividido, ahora tendrán que expiar: el mismo Señor destrozará sus altares, devastará sus piedras conmemorativas.

3 Seguramente dirán entonces: «No tenemos rey, porque no hemos temido al Señor. Pero el rey ¿que podría hacer por nosotros?».

4 Se pronuncian palabras, se jura en falso, se firman alianzas, mientras el derecho crece como la hierba venenosa en los surcos de los campos.

5 Los habitantes de Samaría tiemblan por el ternero de Bet Aven. Sí, su pueblo está de duelo por él, lo mismo que sus sacerdotes: ¡que se alegren de su gloria, ahora que ha sido desterrada lejos de nosotros!

6 El ternero será llevado a Asiria como tributo para el gran rey. Efraím soportará el oprobio e Israel se avergonzará de sus intrigas.

7 ¡Samaría está completamente perdida! Su rey es como una astilla sobre la superficie de las aguas.

8 Los lugares altos de Aven, el pecado de Israel, también serán destruidos; espinas y cardos invadirán sus altares. Ellos dirán entonces a las montañas: «Cúbrannos», y a las colinas: «¡Caigan sobres nosotros!».

9 ¡Desde los días de Guibeá, tú has pecado, Israel! ¡Allí se han quedado! ¿No los sorprenderá en Guibeá la guerra contra los injustos?

10 Yo los corregiré como me parezca: los pueblos se reunirán contra ellos, cuando sean corregidos por su doble crimen.

11 Efraím era una ternera bien adiestrada, le gustaba trillar. Pero yo hice pasar el yugo sobre su hermosa cerviz: yo unciré a Efraím, Judá tendrá que arar, Jacob pasará el rastrillo.

12 Siembren semillas de justicia, cosechen el fruto de la fidelidad, roturen un campo nuevo: es tiempo de buscar al Señor, hasta que él venga y haga llover para ustedes la justicia.

13 Ustedes han arado la maldad, han cosechado la injusticia, han comido el fruto de la mentira. Porque has confiado en tu poderío, en la multitud de tus guerreros,

14 habrá un tumulto en medio de tu pueblo; todas tus fortalezas serán devastadas, como Salmán devastó a Bet Arbel en el día del combate, cuando fue aplastada la madre con sus hijos.

15 Esto es lo que les hizo Betel, por la enorme maldad de ustedes: al despuntar el alba, el rey de Israel estará completamente perdido.

Oseas, Capítulo 11 

1 Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo.

2 Pero cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí; ofrecían sacrificios a los Baales y quemaban incienso a los ídolos.

3 ¡Y yo había enseñado a caminar a Efraím, lo tomaba por los brazos! Pero ellos no reconocieron que yo los cuidaba.

4 Yo los atraía con lazos humanos, con ataduras de amor; era para ellos como los que alzan a una criatura contra sus mejillas, me inclinaba hacia él y le daba de comer.

5 Efraím volverá a Egipto y Asiria será su rey, porque rehusaron volver a mí.

6 La espada hará estragos en sus ciudades, destrozará los barrotes de sus puertas y los devorará a causa de sus intrigas.

7 Mi pueblo está aferrado a su apostasía: se los llama hacia lo alto, pero ni uno solo se levanta.

8 ¿Cómo voy a abandonarte, Efraím? ¿Cómo voy a entregarte, Israel? ¿Cómo voy a tratarte como a Admá o a dejarte igual que Seboím? Mi corazón se subleva contra mí y se enciende toda mi ternura:

9 no daré libre curso al ardor de mi ira, no destruiré otra vez a Efraím. Porque yo soy Dios, no un hombre: soy el Santo en medio de ti, y no vendré con furor.

10 Ellos irán detrás del Señor ; él rugirá como un león, y cuando se ponga a rugir, sus hijos vendrán temblando del Occidente.

11 Vendrán temblando desde Egipto como un pájaro, y como una paloma, desde el país de Asiria; y yo los haré habitar en sus casas –oráculo del Señor–.

Oseas, Capítulo 12 

1 Efraím me ha rodeado de mentira y la casa de Israel, de falsedad. –Pero Judá está todavía cerca de Dios y se mantiene fiel al muy Santo–.

2 Efraím se apacienta de viento y corre todo el día tras el viento del este; multiplica el fraude y la devastación; hacen una alianza con Asiria y llevan aceite a Egipto.

3 El Señor tiene un pleito con Israel, pedirá a Jacob de su conducta, le retribuirá según sus acciones.

4 En el seno materno suplantó a su hermano y cuando fue adulto luchó con Dios.

5 Luchó con el Angel y venció, lloró y le imploró. En Betel lo encontró, y allí Dios habló con él.

6 –¡El Señor es el Dios de los ejércitos: «el Señor» es su nombre!–.

7 Tú volverás con la ayuda de tu Dios: observa la fidelidad y la rectitud, y espera siempre en tu Dios.

8 Canaán tiene en su mano balanzas falsas, le gusta defraudar.

9 Efraím dijo: «Sí, yo me enriquecí, he amasado una fortuna; pero en todas mis ganancias, no encontrarán en mí ningún delito que sea pecado».

10 Yo soy el Señor, tu Dios, desde el país de Egipto: te haré habitar de nuevo en carpas, como en los días del Encuentro.

11 Yo hablaré a los profetas y multiplicaré las visiones, y por medio de los profetas, hablaré en parábolas.

12 Galaad es pura falsedad, ellos se han convertido en nada; en Guilgal sacrifican toros: así sus altares serán como un montón de piedras sobre los surcos del campo.

13 Jacob huyó a los campos de Aram. Israel sirvió por una mujer y por una mujer, cuidó los rebaños.

14 Pero, por un profeta, el Señor hizo subir a Israel de Egipto, y por un profeta él fue protegido.

15 Efraím apenó a Dios amargamente: su Señor arrojará sobre él la sangre vertida, y le devolverá sus agravios.

Oseas, Capítulo 13 

1 Cuando hablaba Efraím cundía el terror, él se había encumbrado en Israel, pero se hizo culpable a causa de Baal y murió.

2 Ahora siguen pecando: se fabrican estatuas de metal fundido, hacen con su plata ídolos de su invención. ¡Obra de artesanos es todo eso! Luego dicen: «Ofrézcanles sacrificios». ¡Hombres besan a terneros!

3 Por eso serán como nube de la mañana, como rocío que pronto se disipa, como paja aventada lejos de la era, como humo que sale por la ventana.

4 Pero yo soy el Señor, tu Dios, desde el país de Egipto: no conoces a otro Dios más que a mí, y fuera de mí no hay salvador.

5 Yo te conocí en el desierto, en la tierra de la aridez.

6 Al llegar a sus campos de pastoreo, ellos se saciaron; y una vez saciados, se enorgulleció su corazón;: por eso se olvidaron de mí.

7 Yo seré para ellos como un león, como un leopardo estaré al acecho junto al camino;

8 los atacaré como una osa privada de su cría, desgarraré las fibras de su corazón, los devoraré allí mismo como una leona, y las fieras los destrozarán.

9 ¡Ahí estás maltrecho, Israel! ¿Quién podrá socorrerte?

10 ¿Dónde está tu rey, para salvarte, y tus jueces, para defenderte, aquellos de los que decías: «Dame un rey y príncipes»?

11 En mi ira, yo te di un rey y en mi furor, te lo quitaré.

12 La iniquidad de Efraím está guardada bajo sello, su pecado, escondido en lugar seguro.

13 Llegan los dolores del parto para que él nazca, pero es un hijo que no se da maña: ¡llegada la hora, no atina a salir del seno materno!

14 ¿Y yo voy a rescatarlos del poder del Abismo? ¿Voy a redimirlos de la muerte? ¿Dónde está, Muerte, tu pestilencia? ¿Dónde están tus plagas, Abismo? La compasión se oculta a mis ojos.

15 Por más que Efraím prosperes entre sus hermanos, llegará el viento del este, el soplo del Señor, que sube del desierto, y se agotará su fuente, se secará su manantial. El despojará el tesoro de todos los objeto preciosos.

 

Introducción

Oseas, Capítulo 14 

1 Samaría tendrá que expiar, porque se ha rebelado contra su Dios. Ellos caerán bajo la espada, su recién nacidos serán estrellados y abrirán el vientre de las embarazadas.

2 Vuelve, Israel, al Señor de tu Dios, porque tu falta te ha hecho caer.

3 Preparen lo que van decir y vuelvan al Señor. Díganle: «Borra todas las faltas, acepta lo que hay de bueno, y te ofreceremos el fruto de nuestros labios.

4 Asiria no nos salvará, ya no montaremos a caballo, ni diremos más «¡Dios nuestro!» a la obra de nuestras manos, porque sólo en ti el huérfano encuentra compasión».

5 Yo los curaré de su apostasía, los amaré generosamente, porque mi ira se ha apartado de ellos.

6 Seré como rocío para Israel: él florecerá como el lirio, hundirá sus raíces como el bosque del Líbano;

7 sus retoños se extenderán, su esplendor será como el del olivo y su fragancia como la del Líbano.

8 Volverán a sentarse a mi sombre, harán revivir el trigo, florecerán como la viña, y su renombre será como el del vino del Líbano.

9 Efraím, ¿qué tengo aún que ver con los ídolos? Yo le respondo y velo por él. Soy como un ciprés siempre verde, y de mí procede tu fruto.

10 ¡Que el sabio comprenda estas cosas! ¡Que el hombre inteligente las entienda! Los caminos del Señor son rectos: por ellos caminarán los justos, pero los rebeldes tropezarán en ellos.

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